Los enfermos de hepatitis C, víctimas de las patentes

Los enfermos de hepatitis C, víctimas de las patentes

22.7.2014

Esta entrada se publica conjuntamente con el blog 3500 Millones y ha sido escrita por  David Hammerstein (@DaHammerstein), miembro del Transatlantic Consumer Dialogue y activista por los derechos de los consumidores y pacientes. Una versihttp://blogs.elpais.com/3500-millones/2014/07/los-enfermos-de-hepatitis-estan-por-encima-de-las-patentes.html#moreón anterior de este texto fue publicada en su blog.

 Activistas indios demandan el acceso a tratamiento contra hepatitis C. Foto: ITPC

Las patentes privadas son la causa de los desorbitados precios de muchos medicamentos, como ocurre con el tratamiento farmacológico Sofosbuvir para la Hepatitis C.

Las patentes sobre un producto otorgan el privilegio un determinado periodo de exclusividad en el mercado (de 15 a 20 años) y una amplia libertad en el establecimiento de precios, supuestamente para incentivar la “innovación”. Los altos precios no guardan relación alguna con el dinero invertido en su investigación y desarrollo, ni mucho menos con sus marginales costes de producción, sino con el negocio de las grandes empresas farmacéuticas. La producción de una pastilla de Sofosbuvir cuesta 2,5 euros y se vende por 650 euros. Un tratamiento de 3 meses cuesta 55.000 euros.

Entre 130 y 150 millones personas están afectadas por esta situación. El  99% de esta población (incluida la española) queda sin acceso al tratamiento, así que es chocante que no haya una respuesta fulminante por parte de las instituciones políticas, responsables de proteger la salud pública frente a la posición abusiva de una empresa estadounidense. A pesar de que la salud es un bien común universal, resulta que el precio de un medicamento que salva vidas responde simplemente a la oportunidad de negocio que presenta el mercado en un momento dado.

Hay que primar el derecho a la salud frente los monopolios farmacéuticos y los precios desorbitados. Centenares de miles de afectados españoles y decenas de millones de enfermos en el mundo merecen el mejor tratamiento posible contra la hepatitis C. La propia sanidad pública española ya ha dicho que no compraría el medicamento a este precio que, gracias al monopolio de una patente, la farmacéutica estadounidense Giliad puede establecer al nivel que quiera. Es verdad que pagar 55.000 euros por un tratamiento de 3 meses podría vaciar la caja de cualquier sistema público de salud, pero un gobierno que se precie, como defensor del interés común, no tiene por qué aceptar tales abusos.

Si realmente quiere defender la salud pública, un estado tiene distintas herramientas para debilitar la posición dominante de la empresa farmacéutica y reducir significativamente el precio del fármaco:

1. Una licencia obligatoria. Cualquier gobierno puede iniciar los trámites para la emisión de una 'licencia obligatoria' que le permite fabricar Sofosbuvir como un producto genérico. El Acuerdo de Doha sobre Propiedad Intelectual y Salud Pública (de la Organización Mundial del Comercio) autoriza a limitar los derechos de propiedad intelectual en caso de necesidad de salud pública. Mediante estas flexibilidades en el derecho internacional, un gobierno puede promover la producción de Sofosbuvir por una empresa de productos genéricos a un precio mucho más bajo o importarlo de otro país en una versión genérica. Concretamente, el artículo 31 del acuerdo ADPIC de la OMC afirma que cualquier país puede emitir licencias obligatorias para permitir la producción de un producto patentado por otros o utilizar el proceso patentado sin el consentimiento del titular de la patente.

2. Oposición a la patente. Al igual que está haciendo el de India, cualquier gobierno puede desafiar en los tribunales la legalidad de la patente sobreSofosbuvir para demostrar la ausencia de una innovación que justifique la patente. En este caso, la misma molécula fue patentada previamente como un medicamento contra el cáncer.

3. Unirse a otros países para realizar compras públicas coaligadas. Es posible hacer compras conjuntas con otros estados europeos para mejorar la capacidad de negociación. Lo que hemos visto hasta ahora es justo lo contrario: incluso el establecimiento de un precio europeo máximo para Sofosbuvir -propuesto por Francia- ha sido rechazado tanto por la Comisión Europea como por el Gobierno español, en una muestra de extrema pasividad ante el poder de las farmacéuticas.

4. Negociar conjuntamente con otros países la compra (buy-out ) o pagar la cesión de la patente a un fabricante de genéricos. De esta manera se podría fabricar y vender el fármaco como genérico. De hecho, Egipto ha llegado a un acuerdo para importar de India Sofosbuvir como genérico a un precio 100 veces menor que el precio exigido por Giliad en Europa.

5. Desligar (de-link ) la innovación biomédica de la producción y márketing de los productos. Existe un amplio movimiento social y científico a favor de nuevos modelos de innovación guiados por las necesidades sanitarias reales, en lugar de por las meras demandas del mercado. Se trata de incentivar con fondos públicos la investigación médica más urgente sobre enfermedades como la hepatitis C, el cáncer o el HIV/SIDA, a cambio del control público sobre la propiedad intelectual. Esto permitiría la producción de medicamentos genéricos asequibles de acceso universal.

Los enfermos de hepatitis C también son víctimas de las patentes. Y existen remedios para ello.

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