El equilibrio entre 'el palo y la zanahoria' en la ayuda global en salud

El equilibrio entre 'el palo y la zanahoria' en la ayuda global en salud

16.2.2016
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¿Debería destinarse ayuda internacional en salud a los países de renta media? Los fondos internacionales para la salud suelen responder a esta pregunta con una negativa basada en la responsabilidad de los estados y su capacidad de pago y se centran únicamente en los países de renta baja. Las siguientes líneas tratan de analizar esta política desde una perspectiva de salud global y derechos humanos.

La carga de enfermedad en los países de renta media suele ser enorme y su impacto en salud, transfronterizo

La clasificación de un país dentro del grupo de renta media se basa en su Producto Interior Bruto (PIB). Sin embargo, este umbral no refleja ni la distribución de la riqueza en el país ni su capacidad de abordar los retos de salud a los que se enfrenta teniendo en cuenta su carga de enfermedad. Por lo tanto, que la decisión de financiar o no el sistema sanitario de un país esté condicionada únicamente por este argumento resulta inapropiado. La carga de enfermedad en los países de renta media suele ser enorme y su impacto en salud, transfronterizo. Dado que la mayoría de personas por debajo del umbral de la pobreza vive en países de renta media, el objetivo de abordar adecuadamente el problema de la pobreza y su efecto en la salud debería centrarse en la gente pobre en lugar de en los países pobres. 

Asumir que un país dispone realmente de los medios para proporcionar cobertura sanitaria universal si distribuye sus recursos razonablemente convierte la pregunta de si la ayuda al desarrollo internacional está justificada en una cuestión muy compleja. La financiación del sistema sanitario de un país ha mostrado ciertos efectos negativos en la distribución de los fondos del gobierno, ya que este ha reducido los gastos en salud de su población. Obviamente, no se debería recompensar a los gobiernos por no asumir su responsabilidad. Pero si lo analizamos a una escala más reducida, la pregunta de qué es correcto y qué es incorrecto en lo referente a la ayuda ya no resulta tan complicada:

El abordar adecuadamente el problema de la pobreza y su efecto en la salud debería centrarse en la gente pobre en lugar de los países pobres

¿Nos negaríamos a cuidar a un niño abandonado por el simple hecho de que, en realidad, es responsabilidad de sus padres? ¿Cambiaríamos de parecer si los padres tuvieran dinero para hacerse cargo de él pero, aun así, continuaran negándose a cuidarlo? Es cierto que las razones del comportamiento de los padres influyen en nuestras demandas y en cómo afrontarlas. Pero no deberían cambiar nuestra decisión de ayudar al niño mientras nadie más lo haga.

Se espera que los médicos juren atender a todos los pacientes independientemente de su procedencia. Este compromiso incondicional con la salud puede y debería aplicarse a escala global. Las decisiones que afectan directamente a las personas con necesidades deberían separarse de aquellas relacionadas con las responsabilidades.

Los derechos humanos permiten que las personas conserven la dignidad en situaciones de necesidad, reclamando su derecho a ella en lugar de suplicar clemencia. Sí, el deber de un país es respetar, proteger y cumplir con el derecho a la salud de los individuos bajo su jurisdicción; y también es el deber de la comunidad internacional defender a dichos individuos en caso de que el país no cumpla con sus responsabilidades. Sin embargo, hacer uso de la salud de las personas debilita el concepto de protección de los derechos humanos: no se debería utilizar a las personas con necesidades para proteger los derechos humanos, sino los derechos humanos para proteger a las personas.

Generalmente, una pequeña élite con una cantidad desproporcionada de poder es la que eleva el PIB a un nivel considerado como renta media

Además, existen otras formas de presión que, aunque menos agradables, los países occidentales deberían empezar a utilizar para promover los derechos humanos. La gran brecha entre ricos y pobres es un rasgo distintivo de los países de renta media. Generalmente, una pequeña élite con una cantidad desproporcionada de poder es la que eleva el PIB a un nivel considerado como renta media. El gobierno responsable de crear las bases legales para redistribuir los ingresos del país con el fin de satisfacer las necesidades de la población suele estar más influenciado por esta élite que por una sociedad civil débil y, por lo tanto, se podría decir que financia sus intereses económicos.

Pero nosotros hacemos lo mismo: al consumir productos y servicios de grandes empresas privilegiadas sin tener en cuenta su situación respecto a los derechos humanos, debilitamos la posición de la sociedad civil y prolongamos la iniquidad. Además de luchar para que los gobiernos de los países de renta media prioricen más la salud, podríamos predicar con el ejemplo y utilizar la poderosa ventaja del comercio, renunciando a la oportunidad del beneficio para defender y proteger la salud global.


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