Cambio climático y hambre: el posible papel de la agricultura y ganadería campesinas

Cambio climático y hambre: el posible papel de la agricultura y ganadería campesinas

24.2.2021
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Foto: Mihail Macr / Unsplash

[Este artículo ha sido elaborado por Simon Lloyd, investigador postdoctoral en ISGlobal, y Zaid ChalabiHonorary Associate Professor del University College London.]

 

El cambio climático representa una grave amenaza para la salud futura. El hambre es un problema generalizado y duradero que ha demostrado ser bastante resistente a décadas de atención a nivel mundial (a pesar de los éxitos alcanzados en algunas zonas). Y se espera que el cambio climático dificulte aún más los esfuerzos para reducirla.

¿Qué sabemos sobre la forma en que el cambio climático puede afectar al hambre?

Hay muchos caminos que conducen desde el clima hasta el hambre, pero entre ellos sobresalen las reducciones en la cantidad y la calidad de los alimentos. Los esfuerzos de modelización a lo largo de los últimos 25 años se han centrado en estos aspectos, mostrando una y otra vez que es probable que las reducciones en calorías, nutrientes y alimentos “saludables” como frutas y verduras pongan en riesgo la nutrición futura.

 

Foto: Etiopía. Sally Vogel / Pixabay.

Colectivamente, el presente trabajo sugiere que, a causa del cambio climático, menos alimentos o de peor calidad implicará más hambre. Tiene sentido, desde un punto de vista intuitivo: a nivel individual, si el consumo de alimentos está en riesgo, es un hecho biológico universal que una persona estará desnutrida. Así pues, si el cambio climático reduce la producción de alimentos, es de esperar que aumenten el hambre y la desnutrición. 

Sin embargo… a día de hoy, a pesar de la gran cantidad de personas afectadas por una mala nutrición, hay comida más que suficiente para alimentarnos a todos; de hecho, hay comida como para que nos pongamos todos rollizos. Históricamente, hemos pasado de un mundo en el que había hambre en un entorno de auténtica escasez a un mundo en el que el hambre se da en medio de la abundancia.

A nivel poblacional, las causas principales del hambre tienden a cambiar a lo largo del tiempo, y en la actualidad no parece que una escasez global de comida sea el problema fundamental

Es decir, a nivel poblacional, las causas principales del hambre tienden a cambiar a lo largo del tiempo, y en la actualidad no parece que el problema fundamental sea una escasez global de comida.

¿Cuál es, entonces, la causa principal del hambre a nivel poblacional? No existe una respuesta simple a esta pregunta: el hambre es un problema complejo y evoluciona, y deben abordarse simultáneamente muchos procesos si quiere alcanzarse su erradicación.

En otras palabras, si queremos mejorar nuestra comprensión del tema, debemos escoger cómo enmarcar la relación clima-hambre. Una opción inexplorada consiste en preguntarse:

 

Foto: Jawa Barat (Indonesia). Ramadhani Rafid / Unsplash.

¿Cuál puede ser el impacto de las futuras trayectorias de desarrollo agrícola y ganadero en el hambre y la salud?

Usamos un modelo para explorar este camino inexplorado en el artículo Climate change, hunger and rural health through the lens of farming styles: An agent-based model to assess the potential role of peasant farming, publicado recientemente en la revista PLOS ONE.

¿Por qué creemos que esta perspectiva es importante? En primer lugar, hay cerca de dos mil millones de personas para las que las “pequeñas granjas o explotaciones agrícolas” son su hogar. A pesar de ser productoras de alimentos, representan la mitad de las personas desnutridas del mundo, y la mayoría de ellas vive en condiciones de pobreza absoluta. 

Hay cerca de dos mil millones de personas para las que las “pequeñas granjas o explotaciones agrícolas” son su hogar. A pesar de ser productoras de alimentos, representan la mitad de las personas desnutridas del mundo, y la mayoría de ellas vive en condiciones de pobreza absoluta

En segundo lugar, estos mismos “pequeños” ganaderos o agricultores podrían desempeñar un papel clave en la consecución de futuros saludables y sostenibles. Averiguar cuál es la mejor forma de lograrlo es un aspecto fundamental de los debates actuales sobre el futuro de las explotaciones agrícolas y ganaderas. Por ejemplo, el Panel de expertos de alto nivel en seguridad alimentaria y nutrición señala diferencias cruciales entre modelos de desarrollo que superficialmente pueden parecer similares. La “intensificación sostenible”, que incluye la “agricultura climáticamente inteligente”, trata fundamentalmente de aumentar la productividad por superficie de terreno. Por otro lado, la “agroecología” no se restringe únicamente a lo que pasa en una parcela de terreno: trata de reducir los inputs, fomentar la diversidad e intentar conseguir la transformación social y política.

Dadas estas diferencias, se esperaría que las distintas trayectorias de desarrollo tuvieran diferentes implicaciones en salud. Hemos usado nuestro modelo para hacer un primer análisis del tema.

La “agroecología” no se restringe únicamente a lo que pasa en una parcela de terreno: trata de reducir los inputs, fomentar la diversidad e intentar conseguir la transformación social y política

El modelo distingue dos “modelos agrícolas” –basados en el trabajo de van der Ploeg− que se corresponden a grandes rasgos con los estilos de desarrollo descritos anteriormente. El estilo “emprendedor” es análogo a la “intensificación sostenible”, y el estilo “campesino” es análogo a la “agroecología”.

Estos estilos difieren en múltiples aspectos, pero lo más importante es que las diferencias no radican únicamente en la forma en que se producen los alimentos sino también en el modo en que la explotación agrícola se conecta con el resto del mundo: los granjeros emprendedores dependen del mercado; los granjeros campesinos utilizan los mercados para dar salida a sus productos, pero evitan la dependencia del mercado

Esto implica que los estilos tienen objetivos diferentes: los emprendedores quieren expandir su granja o explotación agrícola y su cuota de mercado, mientras que los campesinos buscan aumentar su autonomía (lo que no significa que deseen el aislamiento).

Usamos un modelo para hacernos la siguiente pregunta: ¿De qué modo podrían las distintas trayectorias de desarrollo agrícola y ganadero –según la preferencia por un modelo agrícola y ganadero, el clima y las políticas− afectar al hambre y las condiciones de salud de las zonas rurales? El modelo se centra en una hipotética comunidad rural en la que los agricultores y ganaderos de subsistencia (es decir, aquellos que simplemente logran apañárselas para salir adelante) pueden desarrollarse adoptando o bien un modelo agrícola “emprendedor” o bien un modelo agrícola “campesino”.   

 

Foto: Lagos (Nigeria). Omotayo Tajudeen / Unsplash.

¿Qué resultados se obtuvieron?

En resumen, detectamos que –en ausencia de cambio climático o de políticas de apoyo a algún modelo agrícola en concreto− las estimaciones futuras de los emprendedores producían más alimentos y más baratos, pero las granjas y explotaciones agrícolas tendían a entrar en crisis. Es decir, se daba una compensación entre la producción de alimentos baratos y abundantes, y la viabilidad de los medios de subsistencia agrícolas. En resumen, detectamos que –en ausencia de cambio climático o de políticas de apoyo a algún modelo agrícola en concreto− las estimaciones futuras de los emprendedores producían más alimentos y más baratos, pero las granjas y explotaciones agrícolas tendían a entrar en crisis. Es decir, se daba una compensación entre la producción de alimentos baratos y abundantes, y la viabilidad de los medios de subsistencia agrícolas.

A continuación introdujimos el cambio climático y las políticas de apoyo tanto al modelo emprendedor como al campesino. En general, el modelo sugirió, en primer lugar, que bajo condiciones de fuerte cambio climático había más alimentos y más baratos en las estimaciones futuras de los campesinos.

En segundo lugar, en lugar de estar únicamente relacionados con la disponibilidad de alimentos para los consumidores, los patrones del hambre se asociaron a distintas facetas de las trayectorias de desarrollo agrícolas: bloqueos en el desarrollo, abandono de granjas y explotaciones, éxito en el desarrollo y producción total de alimentos. A nivel global, el hambre tendía a ser inferior en las estimaciones futuras de los campesinos, pero se obtuvieron resultados contradictorios en los que a algunos grupos les iba bien y otros sufrían (¡el hambre y sus complejidades!).

 

Foto: Sergio Cerrato / Pixabay.

En tercer lugar, las trayectorias de desarrollo agrícola y ganadero dieron forma simultáneamente a una serie de condiciones de apoyo a la salud: ingresos agrícolas y ganaderos, desigualdades en los ingresos, trabajo y empleo, y un uso sensato de las tierras desde un punto de vista ambiental. En todos estos casos las condiciones tendieron a ser mejores en las estimaciones futuras para los campesinos, en comparación con las de los emprendedores. Debemos pensar más allá de las necesidades individuales asociadas a la cantidad de alimentos, su calidad y las dietas individuales. El modelo de desarrollo agrícola –que abarca tanto diferentes formas de producción como diferentes maneras de conectarse con el resto del mundo− también es importante

¿Qué significa todo esto?

Dada la naturaleza hipotética de nuestro modelo y de sus distintas suposiciones, no debería interpretarse que los resultados demuestran que un futuro basado en el modelo campesino es la mejor forma de avanzar.

Lo que sí sugiere, sin embargo, es que cuando tenemos en cuenta el hambre en condiciones de cambio climático, debemos pensar más allá de las necesidades individuales asociadas a la cantidad de alimentos, su calidad y las dietas individuales. El modelo de desarrollo agrícola y ganadero –que abarca tanto diferentes formas de producción como diferentes maneras de conectarse con el resto del mundo− también es importante. Esto no solo determina cuántos alimentos se necesitan y de qué calidad, sino que también influye en una gran variedad de circunstancias de promoción de la salud que pueden sostener la viabilidad de las comunidades rurales y también pueden influenciar la equidad, la justicia y la democracia.

La agricultura y ganadería campesinas pueden contener las semillas necesarias para ejercer una influencia positiva sobre todo lo mencionado anteriormente. El trabajo futuro sobre la relación clima-hambre debería explorar con mayor profundidad este potencial.