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África se vacuna contra el cáncer cervical

26.7.2013

Durante mi estancia en Mozambique –donde trabajo en una investigación conjunta de UNICEF e ISGlobal- coincido con algunas de las asistentes a la Cumbre Africana contra el Cáncer Cervical, una enfermedad provocada por el llamado Virus del Papiloma Humano (VPH). Comandadas por la pintoresca Princesa Nikki, las primeras damas africanas impulsan el esfuerzo contra una epidemia que afecta cada año a 500.000 mujeres y mata a la mitad de ellas. El 80% de las muertes se producen en África y en mujeres de entre 40 y 50 años, lo que debilita una de las líneas de flotación de la sostenibilidad económica y social de las comunidades pobres de un continente en el que la mujer cría, alimenta, emprende y acoge.

La buena noticia es que existe una vacuna eficaz contra el VPH que previene el 70% de los casos de cáncer cervical en la edad adulta, y que además está lista para ser introducida de forma extensiva en los países africanos. La inmunización se ha convertido durante las últimas décadas en una verdadera piedra angular de las políticas de salud global, atajando de raíz algunas de las causas atávicas de la mortalidad y el sufrimiento de las poblaciones pobres, como el tétanos, la polio, la neumonía o algunas formas de diarrea. La relación entre el coste y los beneficios de estos esfuerzos justifica la esperanza que la comunidad internacional ha puesto en la extensión de las vacunas existentes y en la posibilidad de que pronto contemos con otras nuevas, como la de la malaria.

Cierto que en el caso del VPH existen algunas particularidades que dificultan la distribución masiva de la vacuna. A diferencia del paquete básico de inmunización, que se administra a recién nacidos o bebés, esta está dirigida a las niñas en el período inmediatamente anterior al comienzo de las relaciones sexuales, que en África está entre los 10 y los 14 años. Eso supone el reto de llegar a una población más dispersa y protegida por más recelos. La polémica generada en países islámicos a propósito de la vacuna contra la polio es un ejemplo reciente de las barreras culturales y sociales a las que deben frente las autoridades sanitarias africanas.

Pero es posible que la principal amenaza a la batalla global contra el cáncer cervical no provenga del desierto del Sahel, sino de las capitales de algunos de los países más desarrollados del planeta, cuyos presupuestos para la salud global están cayendo peligrosamente. Si en este momento estamos hablando de la vacuna contra el VPH en África es porque la Alianza Global por la Vacunación y la Inmunización (GAVI, en sus siglas en inglés) ha decidido volcar recursos económicos y políticos. Esta coalición público-privada –en la que participan donantes públicos, gobiernos de los países afectados y organizaciones privadas como la Fundación Gates o la Fundación La Caixa- ha impulsado la iniciativa global en este campo a una escala que no tiene precedentes. En el caso del VPH, su negociación con las compañías farmacéuticas podría reducir el precio de las vacunas a 5 dólares por dosis (en España cuesta entre 20 y 30 euros) y consolidar experiencias piloto en cinco países africanos entre los que se encuentra Mozambique.

España ha sido parte importante de este esfuerzo en los últimos años. Personalidades como la Infanta Cristina (que viajó para la conferencia) o las investigadoras Silvia de Sanjosé (Instituto Catalán de Oncología) y Clara Menéndez (ISGlobal) han mantenido vivo el compromiso de nuestro país, mientras que el Gobierno mantiene todavía su contribución a GAVI (otros, como el Fondo Global contra el SIDA, la Malaria y la Tuberculosis, han tenido menos suerte, como explicaremos la próxima semana). Es imprescindible destacar este esfuerzo y sostenerlo en el tiempo. Las mujeres africanas se juegan demasiado.

 

[Esta entrada ha sido publicada originalmente en el blog 3.500 millones, del diario El País.]