¿Cómo impacta la planificación urbana a nuestra salud? Nuestra salud y la del planeta dependen del diseño de las ciudades

¿Cómo impacta la planificación urbana en la salud? Nuestra salud y la del planeta dependen del diseño de las ciudades

13.5.2021
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Foto: Maksym Diachenko / Unsplash - Parque de Yamaguchi (Pamplona)

[Este artículo ha sido elaborado por Mònica UbaldeCarolyn DaherMireia GasconIoar RivasJordi Sunyer y Mark Nieuwenhuijsen (ISGlobal), y ha sido publicado originalmente en castellano en Respira Madrid.]

 

En la mayoría de ciudades el modelo urbano prioriza la movilidad en vehículo privado motorizado, lo que reduce el desplazamiento a pie o bicicleta, especialmente de niñas y niños para los que hace pocas décadas suponía el medio de transporte habitual hacia la escuela.

Este uso del espacio urbano impacta directamente sobre la calidad del aire y la actividad física, y condiciona la salud de la población, especialmente de la más vulnerable, como la infantil y las personas mayores.

Ligado a la planificación y transporte urbano, las ciudades se enfrentan a uno de los mayores retos globales del siglo XXI: el cambio climático. El efecto “isla urbana de calor”, debido a la acumulación de calor por los materiales de las edificaciones que dominan las ciudades, se espera que aumente, y con ello sus efectos adversos sobre la salud como el desarrollo cognitivo o la mortalidad prematura.

La contaminación del aire es un grave problema de salud pública que causa más muertes que los accidentes de tráfico, y afecta especialmente al crecimiento, la función respiratoria y el desarrollo cognitivo de los niños y las niñas

La contaminación del aire y el cambio climático son fenómenos diferentes, pero estrechamente relacionados en sus orígenes, ya que muchos de los compuestos que provienen de la combustión de vehículos motorizados no solo empeoran la calidad del aire sino que contribuyen al cambio climático al agravar el efecto invernadero.

La contaminación del aire es un grave problema de salud pública que causa más muertes que los accidentes de tráfico, y afecta especialmente al crecimiento, la función respiratoria y el desarrollo cognitivo de los niños y las niñas.

Más de la mitad de los contaminantes diarios que respiran los niños y niñas procede del tráfico que hay en el camino hacia la escuela y alrededor del propio entorno escolar. Garantizar un aire limpio en los entornos escolares debería ser una prioridad para los responsables de la formulación de políticas, y debería realizarse un mayor seguimiento.

En consecuencia, es necesaria una planificación urbana que considere los caminos escolares, las escuelas y su entorno como espacios públicos saludables y adaptados al cambio climático -incrementando la vegetación, incorporando estructuras de agua y sombra, priorizando el transporte activo y limitando el tráfico- ya que ofrecen una buena oportunidad de mejorar la salud y el bienestar físico y mental de los jóvenes y de la comunidad, así como de promover la justicia ambiental y reducir desigualdades.

Mariona Gil / Ayuntamiento de Barcelona

¿Sabías que...

  • ... El entorno en que vivimos condiciona casi el 25% de nuestra salud?
  • ... En ciudades como Barcelona y Madrid la contaminación provoca hasta 800 muertes prematuras al año, y que en Barcelona el 50% de los entornos escolares superan los límites legales de contaminación fijados por la Unión Europea (UE)?
  • ... La mitad de los contaminantes diarios que respiran los niños y las niñas procede del tráfico que encuentran en el camino hacia la escuela y alrededor del propio entorno escolar?
  • ... Las partículas más pequeñas de la contaminación son capaces de atravesar los pulmones y llegar a través del torrente sanguíneo a todos los órganos del cuerpo, incluido el cerebro, lo que puede afectar el desarrollo cognitivo de los niños y niñas?
  • ... Se ha demostrado que, además de reducir el tráfico, tener espacios verdes con árboles a menos de 300 metros de tu casa es una buena herramienta para reducir la contaminación del aire, la temperatura y los niveles de ruido?
  • ... Jugar en espacios naturalizados con mucha biodiversidad mejora el sistema inmunitario de los niños y niñas?

Planificación urbana, movilidad y salud

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) nuestro estado de salud está condicionado en casi un 25% por el entorno en que vivimos. Las personas que viven y los niños que crecen en contextos urbanos están cada vez más expuestos a altos niveles de contaminación atmosférica y acústica, a una reducción de la actividad física y a un contacto restringido con la naturaleza. La urbanización continúa, y se espera que hasta un 70% de la población viva en áreas urbanas dentro de los próximos 15 a 20 años.

El empleo, la innovación y la creación de riqueza siguen siendo los motores del aumento de la población de las ciudades.

En torno al 85% del espacio viario de las ciudades españolas está reservado a la movilidad y el transporte (coches, autobuses, taxis, bicis y peatones), mientras que las áreas con prioridad para el peatón no superan el 15%. La ciudad de Madrid dedica el 80% del espacio público al vehículo privado, aunque este representa únicamente el 30% de los desplazamientos. Otras ciudades como Barcelona o Lugo dedican entre un 60-70% y un 46% de su espacio público al tráfico motorizado y espacios de aparcamiento, respectivamente. Este reparto es insostenible y no equitativo en términos ambientales y de salud. En la situación actual de pandemia se hace imprescindible su redistribución junto con la promoción de una movilidad sostenible, segura y justa.

El diseño y la gestión del espacio público pueden tener impactos significativos no solo en la salud y el bienestar sino también en el aprendizaje, y pueden influir en la cohesión social y los problemas de equidad en las comunidades. Los espacios públicos se pueden diseñar como espacios naturales y pacificados para proporcionar la restauración y reducción del estrés, promover la actividad física, el juego y fomentar la experimentación, la creatividad y las habilidades críticas de manera sostenible.

Marco conceptual de los vínculos entre la salud y el entorno urbano (Nieuwenhuijsen 2018).

Contaminación atmosférica

En las ciudades españolas, el tráfico rodado es la principal fuente de contaminación del aire, que causa algunas de nuestras enfermedades más comunes, como el cáncer de pulmón, el ictus y enfermedades respiratorias, entre otras. Pero, si el contacto con los contaminantes del aire se da en los pulmones, ¿cómo llegan los contaminantes al cerebro y otros órganos del cuerpo? Sabemos que las partículas de aire contaminado atraviesan la barrera de los pulmones y navegan por el torrente sanguíneo hacia otros órganos como los riñones, el corazón, el cerebro y los huesos, donde son detenidas por otros filtros o atacadas y almacenadas por nuestro sistema inmunitario. Este cúmulo de partículas extrañas genera una pequeña inflamación crónica perjudicial para nuestro organismo. Recientemente, se ha observado que estas partículas de aire contaminado también pueden llegar a la placenta y al feto, e incluso a nuestro cerebro.

Figura 2. Impacto de la contaminación del aire en nuestra salud (ISGlobal. Informe digital ciudadesquequeremos.isglobal.org).

Ruido

El tráfico rodado contribuye también de manera significativa a la contaminación acústica. En la UE, el ruido proveniente del tráfico es el factor ambiental más perjudicial para la salud después de la contaminación atmosférica. Las guías más recientes de la OMS (2018) establecen recomendaciones para niveles de exposición más bajos que en las guías anteriores, y las separa según las fuentes de emisión. Para el tráfico rodado la recomendación es de menos de 53 decibelios (dB) de media durante 24 horas y menos de 45 dB por la noche, para el ruido ferroviario es de menos de 54 dB y 44 dB, y para el ruido proveniente del tráfico aéreo es de menos de 45 dB y 40 dB, respectivamente. Es necesario separar las fuentes de ruido ya que tienen características diferentes, y por tanto pueden dar lugar a diferentes efectos en la salud. Los valores actuales de exposición al ruido recomendados por la EU, basadas en guías anteriores de la OMS, son más altos: menos de 55 dB para la media en 24 horas, y menos de 50 dB durante la noche. En la UE un 20% de la población (1 de cada 5 personas) está expuesto a niveles de ruido ambiental durante todo el día que superan las recomendaciones europeas.

Diversos estudios han demostrado que la exposición a ruido se relaciona con estrés/molestia, trastornos del sueño, problemas cardiovasculares, diabetes y obesidad, muertes prematuras y deterioro de la función cognitiva. Los mecanismos relacionados con estos problemas de salud tienen que ver con alteraciones hormonales y del sistema nervioso autónomo, que se derivan del estrés percibido (molestia) y no percibido (fisiológico) como resultado de la exposición crónica al ruido ambiental. Diversos estudios sugieren también el ruido como un factor de riesgo de problemas de atención y comportamiento.

En la UE, el ruido proveniente del tráfico es el factor ambiental más perjudicial para la salud después de la contaminación atmosférica

En la UE el número de personas al año que ven afectada su salud por exposiciones superiores a los 55 dB son: 22 millones por estrés psicológico (molestia severa), 6,5 millones por trastorno severo del sueño, 48.000 por enfermedades coronarias, 12.000 muertes prematuras, y 12.500 niños y niñas con afectación del desarrollo cognitivo por la exposición a ruido de tráfico aéreo mayor a 40 dB durante el día, que puede ser una de las causas prevenibles de sordera infantil según la OMS. A nivel más local, en la ciudad de Barcelona, por ejemplo, la exposición a ruido por encima de las recomendaciones se ha visto como uno de los principales factores relacionados con la cantidad de morbilidad (es decir, estado de enfermedad, mala salud o discapacidad) en la población, especialmente con trastornos del sueño e irritación.

El ruido ambiental es por tanto un problema mayor de salud pública. Son necesarias intervenciones y límites legales en la EU, así como más estudios epidemiológicos, ya que los efectos en la salud podrían ser mayores de lo investigado hasta el momento, y los actuales límites de exposición según la OMS son más bajos y específicos.

Islas de calor

En las áreas urbanas o metropolitanas, los edificios, carreteras y zonas de aparcamiento construidas con materiales que absorben y almacenan calor han reemplazado las áreas verdes o espacios naturales abiertos, haciéndolas significativamente más cálidas que las rurales. Este efecto se conoce como “isla urbana de calor”. Se agrava con la contaminación atmosférica provocada por vehículos y actividades industriales, y representa uno de los cambios más significativos sobre la superficie climática de la Tierra debido a la acción humana relacionada con las prácticas de planificación urbana y transporte. Este fenómeno se ha incrementado, y se incrementará, con el cambio climático.

Figura 3. Islas urbanas de calor y como afectan a la salud (ISGlobal).

La exposición a temperaturas elevadas está asociada a un aumento de la morbilidad y la mortalidad prematura, especialmente en niños y niñas, y en personas mayores. En la ciudad de Barcelona, por ejemplo, se ha estimado que cerca de 400 muertes prematuras anuales se deben a la exposición a temperaturas que superan las recomendaciones de las guías internacionales.

Cada vez más, en las ciudades europeas, los criterios de sostenibilidad orientan la planificación de la movilidad para lograr un equilibrio entre las necesidades de movilidad y la accesibilidad a los servicios básicos del entorno urbano. El objetivo es que los ciudadanos puedan disfrutar de su localidad, con desplazamientos seguros y que ahorren tiempo y energía, a la vez que se favorece la protección del medio ambiente, la cohesión social y el desarrollo económico. Un claro ejemplo es el modelo de “la ciudad de 15 minutos” o ciudades de proximidad, en el que ya se han fijado ciudades como París, Valencia o Bilbao, que apuesta por una ciudad descentralizada donde los servicios básicos - vivienda, trabajo, salud, educación, ocio y abastecimiento - se pueden alcanzar a 15 minutos caminando o en bicicleta. De esta manera se mejora sustancialmente la calidad de vida y la salud, ya que suponen la reducción de la principal fuente de contaminación urbana, que son los desplazamientos en vehículo privado. También aumenta los niveles de actividad física y promociona la interacción social y la integración del comercio de proximidad.

En este contexto, los cambios hacia unas ciudades más sostenibles y próximas tienen una dimensión global que se vincula con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, aprobada en el 2015, y que guía el desarrollo de la sociedad global en la próxima década. En concreto, estos cambios se alinean con el ODS11-Ciudades y Comunidades Sostenibles y todos aquellos hitos enfocados a mejorar la calidad de la vida en las ciudades, la proximidad y equidad de sus servicios, espacios y equipamientos públicos.

Mi Pham / Unsplash

Entornos urbanos naturales: los beneficios para la salud de los espacios verdes y azules

Nuestro sistema nervioso necesita el contacto con la vegetación y el agua, elementos importantes para la supervivencia. El contacto con la naturaleza es esencial para el desarrollo psicológico del ser humano. La estrecha relación de millones de años de la especie humana con su entorno ha generado una necesidad emocional profunda de estar cerca de otros seres vivos, ya sean plantas o animales. La evidencia científica relacionada con los beneficios para la salud y el bienestar de los espacios naturales, espacios verdes y azules, ha crecido en los últimos años impulsada por un interés emergente en el impacto que la biodiversidad y la función de los ecosistemas tienen en la vida en áreas urbanas.

El espacio verde urbano se define como todo espacio urbano (parques, jardines, bosques) cubierto por vegetación de cualquier tipo (árboles, césped, arbustos y flores), en terreno púbico y privados independientemente de su tamaño y función.

Los espacios azules se definen como superficies de agua visible naturales (lagos, ríos, arroyos, mar) o artificiales (fuentes, estanques de los parques). El contacto con el entorno natural, ya sea mediante espacios verdes o medios acuáticos, afecta positivamente a la salud física y mental tanto de adultos como la de los más pequeños.

Figura 4. Espacios verdes y azules y su beneficio para la salud (ISGlobal).


Se ha visto que, independientemente del grado de urbanización, el hecho de disponer de espacios verdes alrededor se relaciona con una mejor percepción del propio estado de salud general y una mejor salud mental, probablemente debido a la reducción del estrés que proporcionan. También se ha observado que vivir en zonas con mayor cantidad de espacios verdes reduce la mortalidad, principalmente por enfermedades cardiovasculares. Un aumento del 0,1 en el índice de vegetación próxima al lugar de residencia puede suponer una reducción del 4% en la mortalidad por todas las causas. Los espacios verdes se han asociado además con una mejora de la salud respiratoria, una reducción de la obesidad, una mejor salud mental y la apreciación de la naturaleza en la edad adulta. Se ha visto también que la exposición a espacios verdes tiene, a medio-largo plazo, un papel en la prevención del síndrome metabólico (obesidad, hipertensión y niveles altos de azúcar y grasa en sangre), especialmente en aquellos lugares con más árboles.

Todos estos beneficios para la salud están probablemente explicados por factores como la mejora de la calidad del aire, la reducción de la temperatura y el estrés térmico, el incremento de la actividad física, la sensación de recuperación y la interacción social.

En resumen, nuestra salud y la del planeta dependen del diseño de las ciudades. La vida urbana plantea desafíos que exigen repensar la forma en que planificamos los entornos urbanos. Las ciudades que queremos son ciudades hechas para las personas: lugares donde vivir bien y estar sanas.

Figura 5. Las cinco claves para unas ciudades saludables. #CiudadesQueQueremos (ISGlobal).

Las ciudades naturalizadas secuestran CO2, mitigan el calor, la contaminación del aire y los niveles de ruido, y promueven la cohesión social

Las ciudades reconocen que se enfrentan al impacto del cambio climático en su desarrollo, y la práctica de programas de planificación urbana dirigida a diseñar entornos más naturalizados es cada vez más general. Sin embargo, un aspecto importante que tener en cuenta a la hora de planificar espacios más naturalizados en las ciudades es a quiénes benefician.

Los espacios verdes son una parte importante de los espacios públicos abiertos y servicios comunes proporcionados por una ciudad, y deben servir como un entorno de promoción de la salud para todos los grupos de comunidad y estar distribuidos equitativamente dentro de la ciudad. Por lo tanto, es necesario garantizar que los espacios verdes públicos sean de fácil acceso para toda la población. Muy a menudo, los contextos de reurbanización y naturalización de las ciudades están ligados al desplazamiento de los residentes socialmente más vulnerables, en favor de aquellos con mejor nivel educativo, ingresos y estado de salud. Este proceso de “gentrificación verde” genera patrones de distribución desigual de espacios y recursos naturales con gran valor social. La investigación relacionada con espacios verdes considera múltiples componentes, como los aspectos sociales y ecológicos, debido a la complejidad de cómo se integran. Esto resulta particularmente relevante en las ciudades, donde los componentes sociales y ecológicos, incluidos los espacios verdes, se encuentran bajo presiones asociadas con la urbanización.

Centro de Cultura Asiática (Gwangju, Corea del Sur) / Unsplash

En los últimos años, para dar respuesta a los nuevos retos sociales se ha dado forma al concepto Soluciones de Salud Basadas en la Naturaleza (Nature-Based Solution-NBS), definidas como soluciones sostenibles enfocadas a implicar a las personas en experiencias basadas en la naturaleza con el objetivo específico de conseguir mejorar la salud y el bienestar físico, psíquico y social. Un estudio que identificó una amplia gama de NBS concluye con un llamamiento a la investigación para identificar los factores que influyen en la efectividad de las NBS para mejorar la salud y el bienestar.

Las soluciones basadas en la naturaleza pueden servir como herramientas de mitigación y adaptación al cambio climático puesto que generan beneficios adicionales para el bienestar de la sociedad y, en consecuencia, constituyen una buena opción de inversión para una planificación urbana sostenible, adaptable a espacios públicos como las escuelas, que acogen a parte de la población más vulnerable. Una planificación urbana efectiva y basada en evidencia científica para reducir el efecto isla urbana de calor, y por tanto la temperatura, tiene que proporcionar estrategias de mitigación diversas con agua y vegetación, puesto que los elementos de agua tienen un papel importante en las dinámicas de la temperatura de la superficie. Por ejemplo, plantar árboles alrededor de las masas de agua ayuda a obtener el máximo beneficio de las masas de agua puesto que aumenta su potencial de refrigeración del aire. Esta visión supone un cambio en el planteamiento de la naturaleza, desde el papel de la salud pública en el tratamiento y prevención de problemas de salud, y no solo como un factor de riesgo.

El verde urbano ayuda también a reducir los niveles de contaminación atmosférica, en concreto los niveles de partículas en suspensión (PM, en inglés) mediante la deposición seca en la superficie de las hojas. La capacidad de ciertas especies de árboles para retener contaminantes del aire podría explicar, en parte, la mejora de la salud mental y cognitiva observada en algunos estudios. En Estados Unidos llevan años investigando al respecto; por ejemplo, un estudio realizado en 55 ciudades estimó el total de contaminación del aire (ozono, PM, NO2, dióxido de azufre y monóxido de carbono) eliminada por los árboles urbanos en 711.000 de toneladas al año, y una reducción de 850 muertes al año y más de 670.000 casos de episodios respiratorios agudos. Más recientemente, el Ayuntamiento de Madrid cuantificó, por primera vez en el 2018, que la contaminación absorbida por los 5,7 millones de árboles del municipio (pino piñonero, plátano de sombra y encina) evita más de 3.600 casos de asma y 4.000 síntomas respiratorios agudos, lo que genera un ahorro de 25,7 millones de euros al año.

Son muchas las ciudades que se están naturalizando, aumentando su espacio verde mediante el desarrollo de corredores verdes, la creación de nuevos parques y la “verdificación” de paredes, muros, cubiertas de edificios y escuelas, para adaptarse al cambio climático, mejorar la habitabilidad, aumentar el atractivo de los vecindarios y mejorar la salud

La proximidad de los espacios verdes a las personas es un factor que influye en la efectividad de la planificación del verde urbano para reducir las concentraciones de partículas y la temperatura. La mayor mitigación se da cuando los árboles están a menos de 300 metros de las personas (o de zonas residenciales, escolares, etc.). Tener acceso a espacios verdes y públicos abiertos se asocia con el aumento en la actividad física, mayor calidad de vida, satisfacción con la vida, cohesión social, reducción del estrés, restauración y mejor salud física y mental. Los espacios verdes y públicos abiertos favorecen que las personas se detengan, se queden y reúnan en un terreno neutral para actividades y encuentros sociales y culturales planificados y no planificados, lo que puede ayudar a estimular un sentido de comunidad y pertenencia, contribuyendo así a la cohesión social.

La implementación de espacios verdes es también una estrategia efectiva para mitigar la contaminación por ruido. Por un lado, reducen el espacio público dedicado a los vehículos motorizaros y, por tanto, reducen la principal fuente de emisión de ruido, que es el tráfico rodado. Por otro lado, funcionan como pantalla natural que amortigua el ruido, especialmente si se combinan arbustos con árboles de hoja perenne, lo que mantiene las hojas durante todo el ciclo anual y logra la mitigación de ruido en todas las estaciones, junto con los muros verdes. Substituir carreteras urbanas y zonas de aparcamiento por soluciones basadas en la naturaleza es el enfoque que ha de guiar una planificación urbana encaminada a cambiar un entorno perjudicial para la salud por uno beneficioso. Son muchas las ciudades que se están naturalizando, aumentando su espacio verde mediante el desarrollo de corredores verdes, la creación de nuevos parques y la “verdificación” de paredes, muros, cubiertas de edificios y escuelas, para adaptarse al cambio climático, mejorar la habitabilidad, aumentar el atractivo de los vecindarios y mejorar la salud.

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Para conseguir que las ciudades sean más cómodas y funcionales, el papel de los árboles es vital en un mundo en calentamiento continuo. El enfriamiento del aire debido a la cubierta vegetal de los árboles en la ciudad ayuda a hacer el verano más soportable. Los beneficios de los árboles se pueden medir no únicamente como una mejora en la salud y en la calidad del aire, sino también como una mejora de la economía. En Londres, por ejemplo, se ha estimado que la presencia de árboles contribuyó a ahorrar unos 6,5 millones de euros en 2018, ya que los árboles con sombra significan menos aire acondicionado y una mayor productividad en el ámbito laboral en los meses de verano. Otro ejemplo de la adaptación y contribución a la planificación urbana de las soluciones basadas en la naturaleza es la instalación de techos verdes instalados en la ciudad de Utrecht en más de 300 paradas de autobús, que capturan partículas finas de la contaminación del aire, almacenan agua de lluvia y proporcionan enfriamiento durante los meses de verano.

Los muros o fachadas verdes, también conocidos como jardines verticales o paredes vivas, son otro de los elementos verdes efectivos para mitigar los efectos del calor y mejorar el confort térmico. Se definen como un sistema de plantación vertical que incluye un sustrato integrado, plantas vivas y, en algunos casos, un sistema de riego automatizado. Las paredes o fachadas verdes aportan un beneficio más grande para el confort térmico de las personas que los techos verdes, puesto que actúan como capa aislante de los edificios y otras superficies, lo que reduce la absorción y el almacenamiento de calor. Estas temperaturas superficiales más bajas hacen que se genere menos energía que irradia de la pared y, por lo tanto, se produzca una ventaja de confort térmico reduciendo las temperaturas radiantes medianas.

Para conseguir que las ciudades sean más cómodas y funcionales el papel de los árboles es vital en un mundo en calentamiento continuo

Con respecto a los espacios azules, el interés para investigar su relación entre los posibles beneficios para la salud se ha ido incrementando en los últimos años, aunque la evidencia científica es todavía limitada y poco concluyente. Por tanto, hacen falta más estudios que evalúen los beneficios en salud, así como los mecanismos que ayuden a entender la relación entre los espacios azules y los beneficios en salud. Algunos estudios han encontrado una relación entre una mejor salud general y salud mental, mejor sensación de recuperación (sentirse tranquilo, relajado, revitalizado y refrescado) y vivir cerca de la costa. También se ha encontrado que las caminatas cortas de 20-30 minutos en ambientes donde hay agua pueden beneficiar tanto el bienestar como el estado de ánimo. Se ha visto también que la actividad física al aire libre, y especialmente andar, explica solo una parte de los beneficios para la salud y el bienestar asociados con vivir cerca de la costa. Por tanto, es necesaria más investigación para encontrar qué otros mecanismos los pueden explicar. Se ha demostrado también una correlación clara entre la proximidad a estructuras de agua y mejores indicadores de salud física y psicológica. Pasar tiempo cerca del agua favorece la actividad física, lo que reduce la incidencia de diabetes y otras enfermedades asociadas a la obesidad.

Ante la escalada imparable de las temperaturas durante las, cada vez más avanzadas e intensas, olas de calor, las ciudades han implementado diferentes estrategias con estructuras de agua para refrescar los espacios urbanos, como lagos artificiales, y han incrementado las fuentes para beber, han habilitado fuentes para el baño o que pulverizan agua, y han instalado áreas de entretenimiento o de juego acuático sin profundidad (splashpads). Estas últimas han mostrado que contribuyen a generar un cambio en los hábitos de juego de los niños y la comunidad, y que generan un ambiente fresco, inclusivo, estimulante y seguro al alcance de todo el mundo donde refrescarse durante las épocas más calurosas. Las fuentes pueden reducir la temperatura del aire circundante en 3 °C y se puede notar su efecto de enfriamiento hasta 35 metros. Los elementos de agua tienen la habilidad de ajustar el microclima de su alrededor, enfriando por evaporación y reduciendo así el efecto calentador “isla urbana de calor”. A diferencia de las grandes masas urbanas, donde la absorción de calor es muy considerable, las fuentes son una estrategia efectiva para generar microclimas en zonas relativamente más pequeñas como los patios escolares.

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Para que se produzca el enfriamiento, el elemento de agua tiene que estar activo, mezclando agua y aire para favorecer la evaporación y un efecto de enfriamiento. Una fuente que rocía agua al aire se enfría de manera más eficaz. Este enfriamiento genera un ambiente fresco, de calma, estéticamente agradable que puede contribuir a mejorar el bienestar físico y mental, potenciar la creatividad, la actividad física y mejor la calidad del sueño. Una de las ventajas de las fuentes de agua es el sonido con el que fluye el agua, que puede proporcionar relajación y aliviar el estrés, así como su estética, que genera un entorno agradable. El agua que se mueve enfría el aire, reduce el ruido, gusta y atrae. Se ha demostrado que el sonido del agua corriente es eficaz en la reducción de las hormonas de estrés epinefrina y cortisol, que se asocian a muchas enfermedades para la salud cuando los niveles son altos.

Asimismo, el agua que fluye libera iones negativos que purifican el aire y pueden tener efectos positivos. Los aparatos de aire acondicionado y otros elementos electrónicos agotan iones negativos del aire, pero las fuentes y las cascadas los vuelven a introducir. Estos iones negativos se cree que aumentan los niveles de neurotransmisores, como la serotonina, que promueve un buen estado de ánimo, la sensación de tranquilidad, y aumenta la energía, la alerta y la concentración. Las fuentes también tienen efectos sociales: los niños y las niñas juegan en las fuentes y la gente disfruta de fuentes en los parques y plazas, de manera que sirven de lugares de encuentro. Se ha demostrado que aumentar la exposición del tiempo escolar a los espacios azules, ya sea a través de la recreación o simplemente teniendo en cuenta los espacios azules próximos, puede ser un escenario importante para la promoción equitativa de la salud y beneficia la interacción social.

Conclusiones

A la vista de la evolución de las ciudades en las últimas décadas, y los riesgos que supone para la salud el entorno generado, es necesario replantear el modelo urbano hacia la renaturalización y la sostenibilidad.

A la vista de la evolución de las ciudades en las últimas décadas, y los riesgos que supone para la salud el entorno generado, es necesario replantear el modelo urbano hacia la renaturalización y la sostenibilidad

Recuperar los espacios públicos para las personas, más verdes, con menos tráfico, más transporte activo, menos ruidosos y con bajos niveles de polución debe ser una prioridad para promover ciudades diseñadas para proporcionar la salud y el bienestar a través de una mejor calidad del aire, la restauración y reducción del estrés, el aumento de los niveles de actividad física, el fomento del juego en los niños y niñas y la interacción social. Es necesario exigir cambios en los patrones de movilidad actuales basado en un uso extensivo de vehículos motorizados privados con el fin de proteger la salud de la ciudadanía, en especial, la de los más vulnerables como los niños y las niñas.