El ruido en las ciudades: cómo y por qué atajarlo

El ruido en las ciudades: cómo y por qué atajarlo

01.3.2023
Contaminacion acustica
Foto: Yolanda García / Pixabay

La contaminación acústica es el segundo riesgo medioambiental más importante para la salud en Europa occidental, solo por detrás de la contaminación atmosférica. Afecta al sueño, el estado de ánimo, la productividad y la salud.

 

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés), en la mayoría de los países europeos, más de la mitad de las personas que viven en zonas urbanas están expuestas a niveles nocivos de ruido originado por el tráfico rodado. Además, por la noche, uno de cada cinco europeos está expuesto regularmente a niveles de ruido que podrían afectar significativamente a su salud. La sociedad paga un alto precio por ello: según las últimas estimaciones, cada año se pierden en Europa occidental al menos un millón de años de vida sana debido al ruido ambiental relacionado con el tráfico. Sin embargo, a menudo se subestima este impacto del ruido en la salud y sigue faltando concienciación sobre este problema de salud pública.

Ruido y salud: ¿qué sabemos hasta el momento?

El ruido puede afectar a la salud de muchas maneras. Los efectos auditivos, como la pérdida de audición y los acúfenos, se producen cuando estamos expuestos a niveles elevados de ruido. En cambio, los efectos no auditivos pueden producirse a niveles relativamente bajos pero constantes de ruido ambiental, incluso cuando pensamos que nos hemos adaptado a él. Esto se debe a que nuestro cuerpo reacciona a la exposición diaria y constante al ruido (por ejemplo, desencadenando respuestas hormonales), aunque no seamos conscientes de ello.

 

 

Entre los efectos no auditivos cabe citar las molestias crónicas y las alteraciones del sueño, el deterioro cognitivo y los trastornos cardiovasculares y metabólicos. Sin embargo, existen otros efectos no auditivos del ruido sobre la salud que se están investigando en la actualidad y que requieren más estudios. Entre ellos figuran los problemas de salud mental (como la depresión y la ansiedad), los trastornos metabólicos (como la obesidad y la diabetes) y los resultados adversos en el parto (como el mayor riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer). Hay cada vez más pruebas de que la exposición al ruido de los aviones y del tráfico rodado en la escuela puede afectar al desarrollo cognitivo de los niños y niñas. Y, por último, se ha sugerido que el estrés por ruido puede agravar las enfermedades respiratorias, o que la exposición al ruido del tráfico puede estar implicada en el desarrollo de algunos tipos de cáncer de mama.

Los trastornos del sueño, las molestias crónicas causadas por el ruido y las cardiopatías son las tres consecuencias para la salud de las que existen más pruebas hasta el momento

Además de estos efectos sobre la salud, también debemos tener en cuenta los posibles efectos indirectos de vivir en zonas ruidosas. Por ejemplo, el ruido del tráfico puede provocar inactividad física por alteración del sueño o reticencia a caminar en entornos ruidosos, mientras que algunos estudios han informado de asociaciones entre el ruido del tráfico y factores del estilo de vida como el tabaquismo, el consumo de alcohol o el uso de medicamentos. Así pues, aún se están estudiando todas las formas en que el ruido afecta a nuestra salud y bienestar, y los efectos pueden ser mayores de lo que estimamos actualmente. Pero por ahora, los trastornos del sueño, las molestias crónicas causadas por el ruido y las cardiopatías son las tres consecuencias para la salud de las que existen más pruebas, según el último documento de orientación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Directrices sobre ruido ambiental para la región europea.

 

Figura: Resumen de los vínculos entre el ruido y la salud. Basado en la OMS (2018) y la EEA (2020)

 

¿Cuánto ruido es demasiado?

Una vez establecido que el ruido puede afectar a la salud de diversas maneras, ¿cómo sabemos qué niveles de ruido son perjudiciales para nuestra salud? La OMS define umbrales de exposición a partir de los cuales (según las pruebas más recientes) empiezan a acumularse efectos adversos para la salud. Estos umbrales varían en función de la fuente de ruido y de si estamos expuestos a él durante el día o durante la noche. Por ejemplo, por la noche toleramos peor el ruido de los aviones que el del tráfico rodado.

 

 

La actual Directiva de la Unión Europea (UE) sobre el ruido ambiental (END, por sus siglas en inglés) no establece valores límite, sino niveles a partir de los cuales se han de notificar. Para cumplir con la directiva, los mapas estratégicos de ruido deben mostrar las zonas en las que el nivel de ruido diurno, vespertino y nocturno (Lden, por sus siglas en inglés) es superior a 55 decibelios (dB) y el nivel de ruido nocturno (o Lnight) es superior a 50 dB. Esto significa que actualmente faltan datos sobre el número de personas expuestas por debajo de 55 dB Lden y 50 dB Lnight, ya que la notificación de estos niveles por parte de los países es voluntaria. Además, los umbrales actuales de la UE son demasiado elevados y deberían actualizarse de acuerdo con las últimas directrices de la OMS. Los efectos sobre la salud se producen a niveles inferiores a estos umbrales, por lo que es probable que se estén subestimando los efectos del ruido sobre la salud. Debería estudiarse la posibilidad de convertir estos umbrales en valores límite vinculantes, como ocurre con la contaminación atmosférica.

 

 

Los efectos del ruido sobre la salud también pueden variar según los grupos de población. Se consideran especialmente vulnerables al ruido: la población infantil, las personas ancianas, el personal que trabaja por turnos, las mujeres embarazadas, las personas "sensibles al ruido" y las que tienen enfermedades preexistentes. Sin embargo, como suele ocurrir con la exposición a riesgos para la salud, es probable que las personas más desfavorecidos sufran los efectos del ruido de forma más acusada. Los hogares con ingresos más bajos a menudo no pueden permitirse vivir en zonas residenciales tranquilas o tener casas aisladas acústicamente. También pueden presentar un mayor riesgo de sufrir enfermedades preexistentes y disponer de menos opciones para hacer frente al ruido. El ruido nocturno que interfiere en el sueño puede aumentar las visitas al médico y el gasto en somníferos, lo que repercute en el presupuesto familiar. Por tanto, es probable que la brecha entre ricos y pobres aumente a menos que atajemos la contaminación acústica, especialmente en las zonas urbanas. El ruido no es solo un problema de salud, sino también de equidad.

 

¿Qué se puede hacer para reducir el ruido urbano?

En las ciudades europeas se utilizan hoy en día muchos tipos de medidas de reducción del ruido, desde asfalto y tipos de pavimento poco ruidosos hasta barreras acústicas innovadoras (por ejemplo, fabricadas con neumáticos de caucho reciclados o turbinas eólicas recicladas). También refugios contra el ruido respetuosos con el medio ambiente. París, una de las ciudades más ruidosas de Europa (según el Ranking ISGlobal de Ciudades), utiliza la última tecnología en "radares de ruido" para identificar y multar a los vehículos más ruidosos.

Pero la forma más eficaz de atajar la contaminación acústica es mediante estrategias de gestión y diseño urbano que cambien lo que hacemos y cómo nos movemos por la ciudad: por ejemplo, rediseñando las calles para dar más espacio a ciclistas y peatones, o creando zonas de bajas emisiones acústicas. En particular, las medidas que pueden reducir significativamente el tráfico motorizado, aunque siguen siendo impopulares en muchos países, pueden ser soluciones beneficiosas para todos en términos de contaminación acústica, contaminación atmosférica, transitabilidad y creación de un entorno más saludable en general. De hecho, el 50% de los desplazamientos en coche en las ciudades europeas son inferiores a 5 kilómetros, una distancia que puede cubrirse fácilmente con medios de transporte menos contaminantes. Cada viaje que no hacemos en coche tiene un efecto positivo en términos de menos ruido y menos contaminación atmosférica. Y probablemente lleva a realizar más actividad física. Todo ello se traduce en un mejor entorno urbano y una mejor salud.

Cada viaje que no hacemos en coche tiene un efecto positivo en términos de menos ruido y menos contaminación atmosférica. Y probablemente más actividad física. Todo ello se traduce en un mejor entorno urbano y una mejor salud

La Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal ha diseñado un curso gratuito en línea con la EIT Urban Mobility Academy, titulado Afrontar la contaminación acústica en las ciudades (Tackling noise pollution in cities). Con la participación de Maria Foraster, Mark Nieuwenhuijsen y Carlota Sáenz de Tejada de ISGlobal, el objetivo de este curso es que la gente aprenda sobre un riesgo tan importante para la salud ambiental y conozca las mejores estrategias para reducir el ruido en las ciudades. ¡Animamos a inscribiros y formar parte del cambio silencioso!