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Ruido y ocio nocturno: ¿un conflicto de intereses o un problema de salud pública?

29.4.2024
Goroka  Ajtm Bcn
Foto: Goroka / Ayuntamiento de Barcelona - Las plazas del distrito de Gracia de Barcelona han sido identificadas por la Fundación BIT HÁBITAT (Ayuntamiento de Barcelona) como espacios donde los problemas vinculadas al ruido son recurrentes.

El “conflicto de intereses” entre el ocio y el descanso nocturno puede convertirse en un problema de salud pública en ciudades como Barcelona.

 

[Este post lo han escrito conjuntamente Carlota Sáenz de Tejada, investigadora postdoctoral en la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, y Celia Santos, técnica de divulgación científica de ISGlobal.]

 

Al menos uno de cada cinco europeos está expuesto regularmente a niveles de ruido durante la noche que podrían perjudicar significativamente su salud. En muchas ciudades turísticas y vibrantes, como Barcelona, el ocio nocturno se ha convertido en la segunda fuente de ruido más importante después del tráfico rodado. Y en algunos barrios concretos, los niveles de ruido durante la noche pueden ser insoportables.

Tanto para quien participa voluntariamente en estas actividades, como (especialmente) para los vecinos a los que perturba el sueño de forma recurrente, este “conflicto de intereses” entre el ocio y el descanso puede convertirse en un problema de salud pública.

 

Los vecinos piden silencio por la noche en una calle de Mataró. Foto: Carlota Sáenz de Tejada.

Impactos sobre la salud del ocio nocturno: qué sabemos (y qué no)

La exposición a ruido excesivo (principalmente al proveniente del tráfico motorizado) se ha vinculado a un amplio abanico de efectos sobre la salud, tanto auditivos como no auditivos. Los no auditivos resultan a menudo graves y están ampliamente extendidos entre la población. En Barcelona, por ejemplo, un estudio estimó que el ruido en la ciudad causa tanta enfermedad o incluso más que la contaminación atmosférica.

Las últimas Directrices sobre ruido ambiental para la región europea de la Organización Mundial de la Salud (2018) introdujeron por primera vez los efectos sobre la salud del ocio. Sin embargo, estas se refieren exclusivamente a la exposición al ruido de la persona que participa voluntariamente en actividades de ocio o que se expone a ciertos aparatos auditivos, mientras que no hacen referencia a la exposición por parte de quienes viven en zonas donde actividades y locales de ocio se acumulan.

 

Resumen de los vínculos entre el ruido (principalmente proveniente del tráfico) y la salud. Basado en la OMS (2018) y la EEA (2020).

 

En lo que se refiere al ocio nocturno, aquellas personas que se exponen voluntariamente a altos niveles de ruido por esta actividad se arriesgan a padecer efectos auditivos (como pérdida auditiva o acúfenos) por lesión directa del sistema auditivo, con un posible efecto acumulativo a lo largo de los años.

En el caso de las personas que viven cerca de bares, terrazas y discotecas, el principal problema suele surgir en relación con la perturbación del sueño; ya sea por la dificultad o el retraso en el inicio del sueño, o por provocar interrupciones o alteraciones durante su transcurso. Y es que el ser humano percibe, evalúa y reacciona a sonidos ambientales mientras duerme. Distintos estudios demuestran que incluso a niveles tan bajos como 33 dB pueden darse efectos como taquicardia, movimientos del cuerpo o despertares. Estas reacciones al ruido durante el sueño dependerán no solo de la naturaleza y las características del ruido en sí, sino también, en gran medida, de la fase del sueño en la que se encuentre el individuo y de su susceptibilidad al ruido.

No obstante, de forma general, la perturbación del sueño puede tener efectos como somnolencia y fatiga al día siguiente; afectación de nuestros niveles de alerta, rendimiento en el trabajo y consolidación de la memoria; o provocar cambios en nuestro metabolismo de la glucosa y en la regulación del apetito. De hecho, varios estudios han relacionado vivir en áreas expuestas a ruido nocturno (de nuevo, principalmente ruido del tráfico) con un mayor uso de sedantes y otros medicamentos para dormir. Si el sueño se ve alterado durante un periodo prolongado de tiempo, también puede desembocar en enfermedades cardiovasculares.

Un estudio cualitativo realizado en 2017 por la Agencia de Salud Pública de Barcelona en el distrito barcelonés de Ciutat Vella (zona especialmente afectada por el ruido del ocio nocturno) revelaba los sentimientos de irritabilidad, nerviosismo, estrés y sensación de desesperación entre los vecinos afectados, así como un aumento de la agresividad, la ira, el mal humor y los comportamientos violentos hacia las personas que hacen ruido. Este estudio indicaba, además, que cuando el ruido proviene de actos violentos como peleas o discusiones, podría generar efectos adversos a nivel psicológico y emocional. Estos aspectos y reacciones vinculadas al ruido nocturno también se han identificado durante el desarrollo de otros proyectos liderados por ISGlobal como TÀNIA (projecte de participAció, tecNologia i convIvèncIA per reduir el soroll a les terrasses de Barcelona) o HABITAS-GRAN (Habitatge i salut per a la gent gran).

 

Una calle animada de París. Foto: Yannis Papanastasopoulos / Unsplash.

A pesar de la ya ampliamente establecida importancia del sueño para la salud, se necesitan más investigaciones científicas de calidad que permitan describir cuál es la relación dosis-respuesta entre el ruido proveniente del ocio nocturno y los posibles efectos en salud. Solo así podrán establecerse umbrales de referencia claros que, basados en la mejor la evidencia científica disponible, ayuden a definir políticas públicas y normativas de obligado cumplimiento. Y es que, a diferencia del ruido proveniente del tráfico, el ruido del ocio nocturno se caracteriza por ser mucho más discontinuo y concentrarse en las noches del fin de semana, pudiendo alcanzar niveles muy elevados durante algunas horas. Como revelan los datos de los sonómetros instalados en las zonas de mayor actividad del ocio nocturno de Barcelona, esta exposición puntual de elevada intensidad puede quedar enmascarada en los indicadores de exposición de medias anuales durante todos los días de la semana (como Lden y Lnight) que utiliza la Directiva ambiental europea de ruido y la OMS, lo que llevaría a subestimar el problema.

Desigualdad y diseño urbano: algunas claves del problema

A diferencia del ruido proveniente del tráfico, el ruido del ocio nocturno se acumula en picos muy altos durante las noches, sobre todo durante el fin de semana. Informes recientes apuntan al turismo, la acumulación de personas en el espacio público y su comportamiento, el uso de monopatines o skates, o las brigadas de limpieza nocturna, como algunas de las principales fuentes de ruido en zonas céntricas urbanas (como en el caso del distrito de Ciutat Vella, en Barcelona). A la acumulación de actividades ruidosas nocturnas pueden sumarse factores del diseño urbano que agravan el problema, como calles estrechas y plazas que actúan como “cajas acústicas”, la falta de barreras acústicas como arbolado y vegetación en general, o una baja calidad constructiva de las viviendas que no permiten un aislamiento acústico adecuado y suficiente.

 

Barcelona. Foto: Goroka / Ayuntamiento de Barcelona.

 

En este sentido, no es sorprendente descubrir que las personas con más recursos tienen menos probabilidades de sufrir impactos en la salud relacionados con el ruido, incluso cuando viven en áreas más ruidosas (como ocurre en zonas céntricas de algunas ciudades). Esto se debe, en parte, a su mayor capacidad para acceder a viviendas de calidad, protegerse con aislamiento acústico, así como disponer de sistemas de aire acondicionado que permitan disfrutar de unas condiciones de confort térmico en noches calurosas sin necesidad de abrir ventanas. Por el contrario, poblaciones vulnerables y con menos recursos podrán experimentar impactos más pronunciados en la salud ante exposiciones similares, en parte por su menor capacidad de adaptación y protección (entre otros factores). De hecho, en la mayoría de países europeos, la prevalencia más alta de molestias crónicas provocadas por ruido se da en hogares monoparentales con hijos dependientes.

En un contexto de emergencia climática y aumento en número e intensidad de olas de calor y noches tropicales, resulta fundamental que las personas puedan dormir con las ventanas abiertas para favorecer la ventilación natural y así reducir la temperatura interior, renovar el aire, y facilitar el descanso sin depender de sistemas de aire acondicionado (que a su vez contribuyen a la generación de calor en el exterior, al gasto energético y a la emisión de gases de efecto invernadero). En este sentido, se torna necesario identificar e implementar medidas eficaces para reducir la exposición al ruido del ocio nocturno en aquellas zonas más expuestas y tensionadas. Aunque pueda resultar complejo en determinados contextos y culturas, se trata de una intervención de salud pública.

 

Si quieres saber más