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Con el ébola, la teoría de que la ayuda al desarrollo es prescindible, especialmente si hay que recortar gastos, ha saltado por los aires A pesar de tener una mortalidad muy elevada, el virus del Ébola causaba hasta ahora pocas víctimas. Tan pocas y tan poco importantes para la comunidad internacional que eran abandonadas a su suerte o a la capacidad de ONGs como Médicos Sin Fronteras. En la actual crisis, sin mecanismos centrales de toma de decisiones para hacer frente a las grandes catástrofes mundiales, la respuesta ha llegado tarde.

La inacción, el potencial de contagio y la capacidad para traspasar fronteras han convertido esta enfermedad en una de las principales amenazas a la estabilidad mundial. Tanto que ha vuelto a poner de manifiesto lo absurdo queSolo el temor a un virus desconocido, a su capacidad de propagarse a la velocidad de un avión y de empezar a provocar las primeras víctimas mortales en el corazón de Occidente ha convertido a ojos políticos esta epidemia en una cuestión global es pensar que vivimos en países estancos que pueden abstraerse de lo que ocurre en regiones más alejadas. Con el ébola, la teoría de que la ayuda al desarrollo es prescindible, especialmente si hay que recortar gastos, ha saltado por los aires. La primera lectura que deja esta epidemia, además de miles de víctimas mortales, es que en un mundo interconectado, las economías que quieran liderarlo tienen que asumir una responsabilidad global para evitar que los desastres naturales, los conflictos, la desigualdad, el hambre y la salud acaben convirtiéndose en el principal factor de inseguridad global.

Miedo. Esa es la principal razón por la que una enfermedad ha pasado del olvido a la amenaza. Solo el temor a un virus desconocido, a su capacidad de propagarse a la velocidad de un avión y de empezar a provocar las primeras víctimas mortales en el corazón de Occidente, ha convertido a ojos políticos esta epidemia en una cuestión global. Porque el virus ya existía. En Sudán, en los 70, superó las 600 víctimas mortales sin que nos inquietara lo mas mínimo. Y ya con el siglo actual iniciado, otro brote de similares proporciones afectó a Uganda, Congo y el propio Sudán sin que apenas supiéramos de él. Sencillamente, nadie pensó que estábamos frente a una amenaza.

La capacidad de limitar las muertes a zonas rurales y la posibilidad de aislar las pequeñas aldeas donde se producían los casos, convirtió al ébola en una de las llamadas enfermedades olvidadas La capacidad de limitar las muertes a zonas rurales y la posibilidad de aislar las pequeñas aldeas donde se producían los casos, convirtió al ébola en una de las llamadas enfermedades olvidadas. Sus víctimas no formaban parte de un mercado y, por lo tanto, el desarrollo de tratamientos o vacunas estaba fuera de toda consideración. Así es como el virus ha sobrevivido, generando en la actualidad la crisis de salud global en la que nos encontramos.

Es cierto que si esta epidemia es más grave se debe, en parte, al pasado reciente de los tres países en donde se han producido la mayoría de casos: Guinea, Liberia y Sierra Leona. Tras años de conflictos violentos, sus sistemas nacionales de salud están destrozados y su vigilancia epidemiológica es pura ilusión. Pero si el virus se ha convertido hoy en una amenaza se debe, también, a la falta de mecanismos adecuados de la comunidad internacional para hacer frente a los retos globales.

Tampoco ha funcionado un sistema de innovación incapaz de sacar de sus estanterías una vacuna que hace más de una década se mostró 100% eficaz en monosHasta que aparece el temor en Occidente y reacciona la sociedad, la pasividad política es la norma . Pero más allá de esta inacción política, tampoco ha funcionado un sistema de innovación incapaz de sacar de sus estanterías una vacuna que hace más de una década se mostró 100% eficaz en monos. En su día, los investigadores que desarrollaron esta vacuna anunciaron en Nature, una de las publicaciones científicas más prestigiosas, que para el 2010 el producto podría estar ya en la calle. Pero nadie ha pagado su desarrollo: ni los gobiernos, que salvo raras excepciones están en franca retirada de fondos para la ayuda al desarrollo, ni las farmacéuticas, cuyos incentivos para desarrollar nuevos medicamentos no son las necesidades de salud pública sino el beneficio inmediato que puedan generar.

Los ejércitos son los únicos que pueden desplegar una cadena logística, de transporte y los que tienen capacidad de mando y organización en un contexto extremadamente peligrosoEl resultado es que el virus ha conseguido atemorizar a Occidente. A pesar de que la mayoría de las víctimas se siguen produciendo en esa parte del mundo en donde pocos reparan, el temor a un contagio incontrolado finalmente ha despertado una respuesta que podemos analizar en tres grandes decisiones a nivel global.

La primera, en agosto, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró que la epidemia constituía una emergencia internacional de salud pública. La segunda, un mes más tarde, cuando por primera vez en su historia el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas convocaba una reunión de urgencia para hacer frente a una crisis de salud pública invocando a su responsabilidad para mantener la paz y la seguridad mundial. La tercera, el pasado 16 de septiembre, al declarar EE.UU. la guerra al ébola y lanzar una intervención militar para frenar la epidemia que contempla un despliegue de 4.000 soldados, un coste de más de 700 millones de dólares y una duración previsible de un año.

Es preciso una apuesta por desarrollar estos países, por pensar en soluciones más allá de la emergenciaAun llegando tarde, estas tres decisiones muestran hasta qué punto el miedo al virus está forzando una actuación sin precedentes ¿Servirá para parar la epidemia? Después de un periodo donde se han barajado todo tipo de previsiones apocalípticas, la decisión de enviar tropas tal vez sea, en esta fase aguda de la emergencia, acertada.

A pesar de que el envío de ejércitos en crisis humanitarias no está exento de polémica, los ejércitos son los únicos que pueden desplegar una cadena logística, de transporte y los que tienen capacidad de mando y organización en un contexto extremadamente peligroso. Además, la amenaza del ébola a gran escala es también una amenaza geoestratégica. La desestabilización de estos países, con frentes muy violentos abiertos entre sus vecinos del Sahel, inquieta y amenaza a la estabilidad mundial. Por ello, sorprende que solo EE.UU. y el Reino Unido hayan entendido esta amenaza y hayan enviado tropas.

Mientras todos estos efectivos prometidos a bombo y platillo llegan, el error sería pensar que una vez frenada la epidemia el trabajo se acabó. Es preciso una apuesta por desarrollar estos países, por pensar en soluciones más allá de la emergencia, desde la vacuna a la reconstrucción de los sistemas de salud. Sino, no tardaremos en comprobar cómo estamos condenados a repetir la historia, incluso con más víctimas.

Participé en una intervención de Médicos Sin Fronteras (MSF) que asistió al Ministerio de Salud nigeriano en el manejo de casos en dos ciudades en las que había pacientes con la enfermedadCuando me pidieron escribir un artículo para este blog sobre mi experiencia en Nigeria con una respuesta al ébola, no pude sino sentirme un poco extraviado. No puedo relatar la desazón ni la impotencia de mis colegas en Sierra leona o Liberia. Tampoco puedo relatar el profundo impacto a esos frágiles estados y de por si precarios sistemas de salud, ni siquiera puedo darles una mirada clínica que el volumen de haber visto a muchos pacientes podría aportar. Lo mío entonces está en disonancia con lo que pasa en estos escenarios de epidemia fuera de control. Tuve la suerte de poder participar en una intervención de Médicos Sin Fronteras (MSF) durante el mes de agosto y septiembre que asistió al Ministerio de Salud Nigeriano en particular en el manejo de casos en dos ciudades en las que había pacientes con la enfermedad.

Nigeria es un país de ingreso medio, dependiente de la exportación de recursos naturales y con problemas propios de países de este estrato: alta desigualdad social y regional, algún grado de inestabilidad política y corrupción. Tiene una población de más de 170 millones de habitantes, con ciudades de hasta 20 millones como Lagos. A mediados de julio llegó a Lagos un caso importado desde Liberia. Su diagnóstico fue tardío e infectó a 13 personas, mayoritariamente sanitarios. Los equipos de seguimiento perdieron el rastro de una de las personas que había tenido contacto con el paciente y que se trasladó a Port Hartcourt, en el estado de Rivers, en donde, a su vez, infectó a un médico que a su vez contagió a otras tres personas.

Tuvimos que evaluar a un primer sospechoso (luego confirmado) a menos de 24 horas de haber llegadoLa respuesta ofrecida por MSF en la que me tocó participar fue en el cuidado de casos en Port Hartcourt. A esta ciudad llegamos cinco expatriados cuando se alertó de una de las infecciones secundarias del caso importado desde Lagos y tuvimos que evaluar a un primer sospechoso (luego confirmado) a menos de 24 horas de haber llegado. Nos fue asignado un hospital en las afueras de la ciudad que sirvió para establecer el centro de tratamiento para pacientes con sospecha de Ébola. Se trataba de un hospital que funcionaba principalmente como maternidad y que fue necesario vaciar y reacondicionar antes de ocupar todas sus instalaciones. El Ministerio de Salud había reclutado a un grupo de médicos, enfermeros e higienistas que conformaron el grueso del personal. Nuestras primeras tareas fueron, en paralelo, la atención sanitaria de los primeros casos y el entrenamiento del personal nacional antes de poder considerarlos autónomos para seguir los abundantes protocolos de protección que implica la atención del Ébola. La respuesta que desde MSF aportábamos en el centro de tratamiento se complementaba con la coordinación, epidemiología, desinfección comunitaria, la búsqueda de contactos, la movilización social y apoyo psicológico. Fueron todos estos componentes los que permitieron un control efectivo de la epidemia en este estado incipiente. Nigeria declaró el fin de la epidemia el 19 de octubre.

Es válido cuestionarse si, en un país tan fragmentado y desigual, el control hubiera sido tan exitoso con otra puerta de entrada o con otra clase social afectadaSi la situación en el epicentro de la epidemia no mejora, Nigeria seguirá en riesgo de moderado a alto de recibir nuevos casos importados. La respuesta en este brote es una lección de que un país de nivel medio con un sistema de salud funcional puede responder de manera coordinada a un brote importado, incluso en zonas urbanas. Me pregunto, sin embargo si este éxito también pudo reflejar el punto de entrada. El paciente índice fue un diplomático que llegó en avión, infectó miembros de una clínica privada y casi ningún paciente pertenecía a otras clases sociales más que la alta. Creo que es válido cuestionarse si, en un país tan fragmentado y desigual, el control hubiera sido tan exitoso con otra puerta de entrada o con otra clase social afectada. Ahora es imposible saberlo y, en el caso de Nigeria, preferiría mantenerme en la ignorancia.

Seminario: Lucha contra el brote de ébola en primera línea

Víctor Illanes es miembro del Departamento de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Actualmente cursa un Máster en Competencias médicas avanzadas en la Universidad de Barcelona. En 2014 completó el Diploma en Salud Global ISglobal-UB.

El viernes, 31 de octubre de 2014 contará su experiencia en el seminario gratuito "Lucha contra el brote del ébola en primera línea". El acto tendrá lugar en el seminario 8 de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona a partir de las 9:00 de la mañana. 

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