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Actualidad

[Este texto ha sido escrito conjuntamente por Jose Muñoz, especialista en Medicina Tropical en el Hospital Clínic de Barcelona e investigador de ISGlobal, y Pau Rubio responsable de Comunicación Online de ISGlobal]

Antes de dejarse caer por Gandía, este virus viajero ya había extendido su presencia a más de 60 países La crisis del ébola y el primer caso de transmisión en España hicieron que la sociedad comprendiese la evidencia de golpe. Ahora, un año después,  otro virus de nombre exótico lo reitera: las enfermedades ignoran en qué lugares del mapa hemos tenido a bien colocar nuestras fronteras. La globalización y el consiguiente aumento de la movilidad les dan pasaporte y la capacidad de saltar océanos. El chikunguña es un buen ejemplo de ello.

Aedes aegypti mosquito. Illustration by Julia Sketekee / ISGlobal.
El mosquito Aedes aegypti, de la misma familia que el mosquito tigre, es transmisor del dengue y del chikunguña en las Américas. Ilustración: Julia Sketekee.

El primer caso de chikunguña autóctono en España se dio en Gandía en el mes de julio. Sin embargo, no ha ocupado portadas y minutos de televisión hasta que el pasado lunes el Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) publicó un informe de evaluación de riesgos que, entre otros detalles, observa que lo sucedido estaba dentro de lo previsible. Era una de las posibles consecuencias de la presencia creciente en la región mediterránea del mosquito tigre, un sospechoso habitual con capacidad para transmitir no solo el chikunguña, sino también el dengue o la fiebre amarilla.

 

A estas alturas, el chikunguña ha dado sobradas muestras de su afición a viajar: descrito por primera vez en Tanzania en 1952, en los últimos diez años ha provocado al menos 1,9 millones de casos en la India, en el sudeste asiático y en las islas del Océano Índico. En 2007, además, dio lugar a lo que hasta entonces era algo insólito: un brote en Italia que se saldó con 197 casos. Pero fue en 2013 cuando dio  el gran salto transoceánico: a lomos del mosquito transmisor del dengue, primo hermano del mosquito tigre, el virus desembarcó en el Caribe y desde allí se lanzó vertiginosamente a la conquista de América, donde ya ha causado la friolera de más de millón y medio de casos sospechosos.

De manera que antes de dejarse caer por Gandía, este virus viajero ya había extendido su presencia a más de 60 países, haciendo diabluras en lugares tan recónditos como las Islas Cook, las Islas Marshall o la Polinesia francesa y provocando dos pequeños brotes en Francia en 2013 y 2014.

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Casos en el Hospital Clínic de Barcelona

Hasta el mes de mayo de 2014, en la consulta de Medicina Tropical del Hospital Clínic de Barcelona se diagnosticaban casos de chikunguña de forma esporádica. Desde ese momento y en paralelo a la expansión del brote en América Latina, el goteo de pacientes diagnosticados iría en progresión, hasta convertirse en una de las tres enfermedades vectoriales más frecuentemente diagnosticadas, por detrás de la malaria y junto con el dengue.

El chikunguña se ha convertido en una de las tres enfermedades vectoriales más frecuentemente diagnosticadas, por detrás de la malaria y junto con el dengueAun así, el número de casos —más de treinta en lo que va de año, todos ellos importados— es más representativo de lo que está ocurriendo en América Latina que preocupante a nivel local. Los pacientes que son visitados por chikunguña suelen ser viajeros españoles o los llamados VFR (Visiting Friends and Relatives), es decir, una persona originaria de Latinoamérica, pero afincada en Cataluña desde hace años y que aprovecha las vacaciones para ir de visita a su país. Puesto que conocen el terreno, el nivel de confianza de estos viajeros acostumbra a ser mayor que el de los turistas y eso hace que a menudo tomen menos precauciones. Se da la circunstancia de que por su situación laboral muchas de estas personas no pueden permitirse una baja prolongada, por lo que la superación de la enfermedad puede suponer un esfuerzo todavía mayor. 

Al tratarse de casos importados, algunos de los que llegan a la consulta ya han superado el cuadro de fiebre y el período de 5-6 días en los que el virus mantiene la presencia en sangre y existe riesgo de contagio. Eso hace que, en definitiva, el riesgo de transmisión en España sea relativamente bajo.   

Interrogantes para la investigación

Hasta la fecha no existe tratamiento específico para el virus, y la enfermedad se maneja con tratamiento antiinflamatorio. Curiosamente, se ha observado que algunos pacientes responden de manera excelente a los antiinflamatorios, mientras que en otros casos es necesario recurrir a la administración de medicamentos más potentes, como la cortisona, para tratar de mitigar los dolores articulares. El motivo de respuestas tan dispares es una de las numerosas preguntas alrededor de este patógeno que, por ahora, permanecen sin respuesta. Sabemos que las personas que superan la enfermedad desarrollan inmunidad contra ella y también que hay casos en los que, pese a haber contraído el virus, el paciente no llega a desarrollar los síntomas. Por desgracia, siguen siendo más los interrogantes que las evidencias y seguimos sin disponer de tratamiento, vacuna o profilaxis para hacerle frente.

De la misma manera que ocurrió en su día con el ébola, el salto a los titulares ha servido para poner en relieve la necesidad de investigación en torno a esta enfermedad olvidada y para muchos desconocida hasta esta semana. Esperemos que, como también ocurrió con el ébola, la atención mediática sirva para poner en marcha mecanismos que hagan posible una respuesta científica adecuada.

 

Más información

7 cosas que deberías saber sobre el chikunguña

Muchos de los principios éticos que hoy en día son tan defendidos no existían hace un par de décadas y continúan siendo desafiados – como está sucediendo ahora con el uso del placebo o los grupos de controlCada vez que hablo de la Participación Comunitaria (PC), me gusta hacer hincapié en que la ética es un campo heterogéneo que evoluciona de diferentes maneras y en diferentes momentos. Muchos de los principios éticos que hoy en día son tan defendidos no existían hace un par de décadas y continúan siendo desafiados – como está sucediendo ahora con el uso del placebo o los grupos de control. A veces incluso nos enfrentamos a un retroceso en el camino y tenemos que esforzarnos mucho para defenderlos, como por ejemplo el consentimiento informado.

La participación comunitaria verdadera ocurre cuando las personas entienden, comparten y pueden aportar una retroalimentación significativa acerca de los ensayos que se están llevando a cabo en sus comunidadesCuando hablamos de la PC nos encontramos ante una situación parecida. A pesar de poder ser considerado un alto estándar ético, la PC no se implementa extensamente y ni siquiera es muy conocida. Por ello, la forma en la que las comunidades participan en los ensayos clínicos varía dependiendo de los centros, de los financiadores o de los investigadores principales. Sin embargo al hablar con las comunidades, surge un denominador común: la participación comunitaria verdadera ocurre cuando las personas entienden, comparten y pueden aportar una retroalimentación significativa acerca de los ensayos que se están llevando a cabo en sus comunidades.

¿Cómo vamos a implementar una estrategia de PC con éxito si no sabemos cómo relacionarnos con las comunidades?Obviamente, esto se puede hacer de muchas maneras. No hay una única forma. ¿Por qué? Pues porque si la PC es real, entonces la relación se construye en colaboración con todos los actores implicados. Y como ya sabemos, cuando hablamos de personas, cada relación es diferente. Aun así, hay algunos principios universales que deben ser considerados: respeto mutuo, justicia, integridad, autonomía, transparencia y rendición de cuentas. Tal diversidad de estructuras, mecanismos y situaciones puede asustar: ¿cómo vamos a implementar una estrategia de PC con éxito si no sabemos cómo relacionarnos con las comunidades?

La PC ayuda a las comunidades a sentirse involucradas en los ensayos y fomenta el apoyo a la cienciaHay tantas respuestas como comunidades y ensayos. Hay herramientas y guías como la Good Participatory Practice Guidelines for Biomedical HIV Prevention Trials o la Good Participatory Practice Guidelines for TB Drugs Trials que pueden ayudar a los ejecutores a la hora de diseñar su propia estrategia de participación comunitaria. Puede ser que aparezcan guías para otro tipo de investigación biomédica. No obstante, aun teniendo un enfoque en enfermedades, estos dos documentos ayudan a los ejecutores a entender los pasos que hay que seguir para diseñar una estrategia de PC eficaz, evaluarla y mejorarla continuamente para responder a las necesidades de las comunidades con las que trabajan – independientemente incluso del tema de salud en cuestión.

¿Los ensayos clínicos se benefician de la PC? ¡Sí! La PC ayuda a las comunidades a sentirse involucradas en los ensayos y fomenta el apoyo a la ciencia; la PC ayuda a incrementar la captación y retención de personal; la PC mejora los resultados de los ensayos clínicos. ¿Pero es esto lo más importante de la PC? No. Ya que no nos cuestionamos los beneficios de otros principios éticos, tampoco deberíamos enfocarnos en los beneficios de la PC para defenderla. ¿Qué opinas?

La participación comunitaria es algo todavía bastante nuevo. La podemos encontrar en la investigación sobre el VIH/Sida, el cáncer y más recientemente en la investigación sobre la tuberculosis. En otras áreas de salud hay menos ejemplos y experiencias. Con suerte, habrá cada vez más comunidades participando de verdad en el diseño e implementación de ensayos clínicos y en la diseminación de resultados, porque la PC es ética en acción.

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