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Beate Kampmann: “Mi reto es transmitir una actitud de "sí se puede" en el ámbito de la salud global”

27.9.2023
Beate Kampmann
Foto: Aleix Cabrera / ISGlobal

Entrevista a Beate Kampmann, directora científica del Centro Charité de Salud Global y experta en tuberculosis infantil e inmunización en el embarazo.

 

Es su único día en Barcelona y ha empezado a llover a cántaros. Desde la sede de ISGlobal vemos cómo una cortina de agua borra el edificio de la Facultad de Medicina donde hace escasas horas ha pronunciado la lección inaugural de los posgrados de salud global coordinados por ISGlobal y la Universidad de Barcelona (UB). Esa lluvia, tan celebrada en la ciudad, no es lo que esperaría para un viernes por la tarde alguien que ha llegado de Berlín, pero ella sonríe: “De todos modos, ya contaba con que sería un día de trabajo”. Su agenda todavía no le ha dado un respiro.

Beate Kampmann es desde enero la directora científica del recién creado Centro Charité de Salud Global. Renombrada experta en salud infantil internacional, ha enseñado e investigado en el Imperial College de Londres y, durante los últimos años, en la London School of Hygiene and Tropical Medicine (LSHTM), como Catedrática de Infección e Inmunidad Pediátricas. También ha dirigido el Centro de Vacunas de la LSHTM, que desarrolla nuevas vacunas y evalúa su seguridad y eficacia, y ha liderado asimismo la investigación sobre vacunas en la Unidad MRC de Gambia, donde sigue llevando a cabo proyectos de investigación y supervisa a estudiantes de doctorado. Además, como experta en vacunación, ha creado la plataforma IMPRINT (IMmunising PRegnant women and INfants network), de la que forma parte ISGlobal, para administrar vacunas seguras y eficaces a mujeres embarazadas con el objetivo de reducir la morbilidad y mortalidad neonatales.

 

-Hoy se ha dirigido a estudiantes. ¿Ha recordado cuando usted también lo era?

-Cuando en los años ochenta estudiaba Medicina en Alemania no se hablaba aún de salud global, pero me involucré mucho en el cuidado de pacientes con VIH en el momento en el que el sida irrumpía en escena. Para mí estaba claro que se trataba de una enfermedad infecciosa global, de consecuencias internacionales. Eso despertó mi interés. Además, siempre he participado en movimientos políticos internacionales, como Médicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Nuclear, y me gusta la geopolítica. El impacto global de lo que hacemos en nuestros países siempre ha sido muy, muy obvio para mí. Tal vez eso se deba también a que crecí en Alemania en una época en la que el país tenía mucha historia propia sobre la que reflexionar.

 

Zimbabue, una profunda impresión

-¿Tenía un vínculo especial con África?

-La primera vez que estuve allí ya tenía veintitantos años. Trabajé en un campo de refugiados en Zimbabue y aquello me causó una profunda impresión: la forma en que había que gestionarlo todo con muy pocos recursos, y entender que, más allá del personal médico, se necesitaba a todo un equipo de personas para afrontar los retos diarios. Luego, cuando estaba haciendo mi doctorado sobre tuberculosis infantil, fue obvio que necesitaba pasar más tiempo en África porque allí era donde estaba la carga de la enfermedad.

Una actitud de "sí se puede”

-¿África le ha cambiado?

-Por supuesto. Me impresionó la capacidad de colaboración y de supervivencia que había en África. He visto trabajar en circunstancias muy, muy limitadas, pero con un entusiasmo increíble y una filosofía de querer hacer las cosas un poco mejor hoy, sin preocuparse tanto por los próximos meses. Probablemente esa energía tan positiva se me ha pegado un poco. Hoy lo que más me estimula profesionalmente es el reto de transmitir esa actitud de "sí se puede" a quienes piensan que todo es muy difícil. Y el de ofrecer una perspectiva a personas que han sentido que tenían que luchar por todo a título individual, en el Charité de Berlín y en Alemania. Como grupo podemos tener más poder y más influencia para abordar algunos problemas.

 

Sentar a la mesa a nuevos socios

-¿Ha hablado de este tema con ISGlobal?

-Hemos reflexionado sobre cómo están creadas nuestras instituciones para abordar los problemas que vemos. Están cambiando muchas dinámicas y hay que sentar a la mesa a socios que antes no estaban presentes, sobre todo de países de ingresos bajos y medios. No podemos resolver los problemas de salud global “por” otros, sino que hemos de resolverlos “con” otros.

-¿Y las mujeres? ¿Cuál es su papel en la salud global?

-Creo que las mujeres tienen una visión algo diferente de los retos y que pueden estar un poco más preparadas para pensar en el bien común y no solo en sí mismas, su institución o su país. Porque si nosotras no podemos alimentar a nuestras familias, ¡nadie más lo hará! Y el mundo puede verse como nuestra familia global. Participo en la iniciativa Women in Global Health (WGH). De hecho, el Charité alberga la secretaría de la división alemana de WGH. Aún faltan mujeres en el liderazgo de la salud global y eso significa que tenemos que pensar a quién invitamos a las reuniones que organizamos. Como dijo Ruth Bader-Ginsburg, si se ha de tomar una decisión tiene que haber una mujer en la mesa.

 

Una persona proactiva

-¿Ha sido difícil ser mujer en el mundo de la investigación?

-No siento que me haya supuesto una desventaja, pero en el campo de la pediatría hay bastantes mujeres y quizá también yo soy una persona proactiva que no acepta fácilmente un no por respuesta. Me planteo las cosas asumiendo que puedo hacerlas y no pienso en si ser mujer es un problema. Sé que muchas compañeras han sentido el techo de cristal. Yo siempre he tenido el apoyo de mi pequeña familia.

Consenso y línea de acción

-¿Es ese un rasgo importante de su personalidad, pensar que puede hacer las cosas?

-Siempre me he sentido segura de mí misma. ¡Espero que no demasiado! Creo que no me cuesta admitir cuándo no sé algo, y en ese caso busco información u opinión. No me gusta tomar las decisiones sola, prefiero el consenso, pero también me gusta acabar con una línea de acción para emitir mensajes claros, que sirvan para llevar a la práctica lo decidido.

 

No llevar la voz cantante

-Esta accesibilidad, ¿le ha facilitado su trabajo en África?

-Probablemente. He involucrado a la población local en la toma de decisiones para que no sintieran que yo llevaba la voz cantante, sino que buscábamos las soluciones juntos. Y por eso he tenido experiencias maravillosas con mis colegas en África. Ahora que estoy en Berlín y viajo poco a Gambia, los echo mucho de menos. Por otro lado, es cierto que a la hora de negociar con altos funcionarios en África, si eres mujer y blanca puede que todavía no te vean con tanta autoridad.

-¿La descolonización y el feminismo tienen que ver con tener en cuenta al otro?

-Creo que sí, porque a las personas les gusta trabajar con quien les hace sentirse respetadas. Tener en cuenta al otro es del todo necesario: siempre hay alguien que tiene algo que aportar. En pediatría, además, trabajamos así, en grupo, nunca solo con el paciente, sino con el paciente en el contexto de su familia y su situación social. Quizá eso es algo que yo también he aportado a mi investigación.

 

Trabajar en vacunas, muy satisfactorio

-¿Se siente satisfecha de su legado?

-Mira, el trabajo en salud nunca se acaba. Con los años, me convenzo de que no se trata de identificar un problema, resolverlo e irse. El mundo es demasiado complejo hoy. Hay que construir una base para que luego otros continúen. Es un poco como cuidar de la familia o de un jardín: plantas unas semillas, nunca sabes muy bien qué va a pasar con cada una de ellas, pero las has cuidado lo que has podido y puede que un día se conviertan en flores o bosques maravillosos.

-También se puede ver así la ciencia.

-Sí. Los problemas científicos pueden ser muy complejos. Pero trabajar en vacunas es muy satisfactorio. Antes veíamos morir a miles de niños y niñas por la enfermedad meningocócica y ahora, gracias a la vacuna contra esta enfermedad, ya no. Eso te da esperanza.