Play as a Public Health Intervention in Cities

El juego como intervención de salud pública en las ciudades

16.4.2019
image alt

[Este artículo se ha publicado originalmente en catalán en el boletín "Espacio Salud" de la Diputación de Barcelona]

 

Cuando se pide a las personas adultas que reflexionen sobre un momento feliz de su infancia, a menudo recuerdan jugar en el exterior, generalmente sin la supervisión de los padres y madres. Sin embargo, durante los últimos 50 años, el juego en la calle ha disminuido drásticamente en los países de renta media y alta.

Especialmente en las ciudades, el juego está cada vez más restringido por la falta de movilidad independiente de los niños y las niñas, por la mayor supervisión de los padres y las madres y por la disponibilidad limitada de espacios públicos y verdes. Así, a pesar de que jugar es una actividad asociada a la infancia, los entornos urbanos actuales limitan las oportunidades de los niños y niñas más que nunca. En lugar de eso, es mucho más probable que los niños pasen su tiempo libre en el interior y que utilicen tecnología basada en pantallas.

Especialmente en las ciudades, el juego está cada vez más restringido por la falta de movilidad independiente de los niños y las niñas, por la mayor supervisión de los padres y las madres y por la disponibilidad limitada de espacios públicos y verdes

Los resultados para la salud se pueden observar en el aumento de la obesidad infantil, trastornos de atención y problemas de salud mental, tales como la ansiedad, la depresión o las conductas agresivas. Además, la falta de juego y la disminución de la actividad física que lleva asociadas implican que los niños y las niñas se vuelvan más débiles físicamente, hasta el punto de que aún cuando la masa corporal permanece igual, la fuerza muscular disminuye.

En el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, las Naciones Unidas reconocen el derecho a jugar como el "derecho humano específico de niños y adolescentes". En la literatura sobre desarrollo psicológico e infantil se reconoce ampliamente que el juego es fundamental para el desarrollo físico y emocional. Sin embargo, a menudo, las políticas públicas de apoyo al juego en los espacios públicos son escasas, mientras que se prioriza los vehículos motorizados y las actividades comerciales en estos mismos espacios.

En algunas ciudades de Cataluña, la prohibición de practicar deportes con pelotas en las plazas públicas es un claro ejemplo. En el Reino Unido y los Estados Unidos, también hay numerosos casos en que juegos infantiles en espacios públicos urbanos, como escalar árboles o dibujar con tiza, han sido prohibidos o, incluso, criminalizados.

 

 

¿De qué manera beneficia el juego a la salud?

Jugar es la forma principal de aprendizaje en la infancia. A medida que los niños y las niñas se van haciendo mayores, el juego sigue siendo crítico de muchas maneras para su salud y su bienestar. Tal y como explica P. Gray, "el juego promueve la salud mental, ya que es la manera principal en que los y las niños desarrollan intereses y competencias intrínsecos; también les ayuda a aprender a decidir, a resolver problemas, a seguir normas y regular sus emociones. Jugar es útil para hacer amistades, para aprender a relacionarse con los demás como iguales y para experimentar la alegría". También contribuye a desarrollar la motricidad fina y gruesa, la coordinación, las habilidades sensoriales, la agilidad y la fuerza.

Jugar es la forma principal de aprendizaje en la infancia. A medida que los niños y las niñas se van haciendo mayores, el juego sigue siendo crítico de muchas maneras para su salud y su bienestar

El juego puede promover la creatividad, aliviar el estrés y contribuir al bienestar general. El juego al aire libre en espacios naturales o verdes y el juego con otros niños y niñas sin supervisión son especialmente importantes para el desarrollo saludable y puede mejorar la autoconciencia, la capacidad de razonamiento, la percepción y el sentido de la independencia.

A menudo, se menciona el riesgo de lesiones como barrera o factor limitante. Curiosamente, aunque la mayoría de las estadísticas indican que la seguridad infantil se ha mantenido estable o ha mejorado en muchas ciudades, nuestra tolerancia colectiva ante las posibles lesiones relacionadas con el juego ha disminuido.

Una revisión sistemática de la relación entre el juego de riesgo al aire libre y la salud de los niños reveló efectos generales positivos del juego arriesgado al aire libre en una variedad de indicadores de salud, entre los cuales el más frecuente era la actividad física, además de efectos positivos sobre la salud social y el comportamiento social, las lesiones y las conductas agresivas. Tim Gill, experto en temas de infancia y de juego, ofrece una discusión detallada de las evidencias y controversias y defiende la necesidad de jugar de manera autónoma y de exponerse a través del juego a niveles de riesgo adecuados a cada edad.

 

¿Qué podemos hacer?

Jugar al aire libre, poder desplazarse por la ciudad sin necesidad de hacerlo de la mano de una persona adulta y tener contacto con la naturaleza son indicadores muy útiles sobre la calidad de vida en una ciudad, tanto para niños y niñas como para todas las generaciones.

Con el fin de recuperar el juego como parte fundamental de la infancia, debemos proporcionar entornos adecuados para las diferentes etapas del desarrollo. Esto incluye la creación de infraestructuras físicas, tales como zonas verdes seguras, atractivas y accesibles para niñas y niños sin que necesariamente tengan que ir acompañados de personas adultas. Las infraestructuras no deberían definirse solo como parques infantiles con equipamientos de juego, sino que deberían incluir elementos naturales como tierra, arena y árboles, superficies irregulares y zonas para escalar. Las oportunidades para jugar se pueden dispersar por toda la ciudad a escalas más pequeñas, al tiempo que se crean espacios más amplios para el deporte y la exploración.

Se requieren políticas que reconozcan y protejan los derechos de los niños y las niñas para utilizar y disfrutar los espacios públicos. También requiere una acción intersectorial dentro de las administraciones la mejorar de la movilidad en las ciudades para que los niños puedan desplazarse de manera segura con transporte activo o público.

Se requieren políticas que reconozcan y protejan los derechos de los niños y las niñas para utilizar y disfrutar los espacios públicos

Las ciudades amigables para el juego están ganando fuerza a nivel internacional, no solo para crear mejores opciones de juego activo, sino también para incluir niños y niñas en los procesos de diseño urbano, implicando activamente y empoderándose los. Ciudades como Boulder Colorado han creado programas específicos para conseguirlo, y plataformas como Child in the City ofrecen recursos para replantearse la forma en que se aborda el juego en la planificación y la gestión de las ciudades.

Los patios de las escuelas ofrecen un área clave de intervención. Los patios tradicionales con suelos de cemento, donde las canchas de fútbol o baloncesto ocupan la mayor parte del espacio, ofrecen pocos tipos de juego. Eliminar el hormigón y poner troncos, túneles y vegetación pueden ser formas de bajo coste para facilitar el juego.

Los patios también pueden servir como áreas de aprendizaje, para proporcionar nuevas sinergias entre la adquisición de conocimientos y el juego. Por ejemplo, la ciudad de Gante creó el programa GRAS -Green Adventurous Schools- para la reforma de los patios en las escuelas de primaria y secundaria. Los directores de los centros escolares observaron que las lesiones y el acoso disminuyeron, mientras que la atención y la concentración aumentaron con los diseños de patio que fomentaban el juego más activo y los elementos verdes.

Los patios de las escuelas ofrecen un área clave de intervención (...). Eliminar el hormigón y poner troncos, túneles y vegetación pueden ser formas de bajo coste para facilitar el juego

Copenhague ha utilizado la filosofía de "jugar a lo largo del camino" para llevar actividades lúdicas a todas las zonas de la ciudad, como las intersecciones, los patios de la escuela y el paseo marítimo. En lugar de solo parques infantiles designados, se ofrece una diversidad de lugares para practicar deportes, ir en bicicleta, saltar y columpiarse mientras se realizan actividades cotidianas.

En clave local, en febrero de 2019 el Ayuntamiento de Barcelona y el Instituto Infancia y Adolescencia presentaron el primer Plan del juego en el espacio público, una iniciativa que sitúa el juego y la actividad física al aire libre como herramientas clave para conseguir una ciudad más habitable. El plan pone en valor los beneficios amplios del juego, tanto para el desarrollo y bienestar de la infancia y la adolescencia como para la salud y la vida comunitaria y la convivencia de toda la ciudadanía. Entre otras cosas, define siete criterios para el diseño de una ciudad "jugable".

El Ayuntamiento de Barcelona y el Instituto Infancia y Adolescencia presentaron el primer Plan del juego en el espacio público, una iniciativa que sitúa el juego y la actividad física al aire libre como herramientas clave para conseguir una ciudad más habitable

La ciudad de Pontevedra, que ha sido reconocida internacionalmente por sus políticas de recuperación de espacio público, señala que uno de sus principales indicadores de éxito es el aumento del número de niños y familias que juegan en las calles. Por lo tanto, jugar es mucho más que tiempo libre y diversión. El juego es un derecho, pero también un medio potente para promover ciudades más saludables, más felices y más inclusivas.