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El dilema de América Latina y el Caribe ante la reestructuración del sistema de salud global

Un análisis de cómo la exclusión financiera y la dependencia externa impulsan a América Latina a exigir una gobernanza sanitaria global descentralizada y soberana.

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Transferència i Impacte

Virginia Rodríguez Bartolomé

Coordinadora de Incidencia Política en ISGlobal

Laura Agúndez Rodríguez

Técnica de Análisis e Incidencia Política ISGlobal

Julio de 2026

La gobernanza internacional de la salud atraviesa una fase de reestructuración profunda. Los debates sobre la reforma de los tratados pandémicos, el financiamiento de la preparación ante emergencias y los mecanismos globales de propiedad intelectual avanzan a un ritmo acelerado. Sin embargo, este rediseño arrastra una asimetría evidente de visibilidad: mientras las grandes potencias, los centros de investigación del Norte Global y los donantes filantrópicos trazan las prioridades del mañana, América Latina y el Caribe corre el riesgo de quedar relegada a un plano secundario, atrapada en un punto ciego geopolítico de las reformas institucionales.

La paradoja regional es notable. El continente posee el tejido multilateral especializado más antiguo del mundo, articulado en torno a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y cuenta con herramientas colectivas de alto rendimiento (como los Fondos Rotatorios para la compra de vacunas y medicamentos esenciales) que son referencia internacional de poder de negociación y gestión de las adquisiciones. Pese a ello, sus prioridades sanitarias suelen quedar desplazadas en los foros globales. Distintas instituciones continentales, desde la OPS, la Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL) hasta la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Conferencia Iberoamericana, buscan hoy consolidar una postura coordinada en el ámbito de la salud global que sitúe las necesidades de la región en el centro de la nueva arquitectura internacional.

1. El laberinto de la renta media y la heterogeneidad del Sur Global

Las dificultades de inserción de América Latina y el Caribe (ALC) en los debates actuales radican en la distribución de prioridades dentro del "Sur Global". Esta categoría agrupa realidades muy diversas que buscan canalizar atención y recursos en los foros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en los fondos de financiamiento.

África subsahariana recibe, de manera legítima, una atención prioritaria debido a su alta carga de enfermedades transmisibles y su dependencia del financiamiento concesional. Por ello, los organismos multilaterales suelen diseñar sus programas de ayuda vertical tomando como referencia principal a esta región, donde se concentran la mayoría de los países de bajos ingresos.

Por el contrario, América Latina y el Caribe queda atrapada en la "trampa de la renta media". Sus indicadores macroeconómicos promedio (como el PIB per cápita y la esperanza de vida) hacen que la burocracia multilateral clasifique a casi todos sus países como de ingresos medios o altos, excluyéndolos de la asistencia oficial al desarrollo, préstamos concesionales y transferencias tecnológicas.

Esta etiqueta estadística invisibiliza que los promedios ocultan la desigualdad más profunda del planeta, donde sistemas públicos desfinanciados conviven con medicina privada de alta complejidad. Además, penaliza financieramente a una región con una doble carga epidemiológica (infecciones desatendidas junto a un auge de enfermedades crónicas y de salud mental) que no encaja en los programas rígidos diseñados en el Norte Global, desdibujando su voz y sus prioridades en la reforma de la salud internacional.

2. El trauma de la COVID-19 y la urgencia de la autonomía estratégica

La pandemia de COVID-19 no fue un episodio coyuntural para América Latina y el Caribe (ALC), sino un trauma sistémico: con solo el 8,4% de la población mundial, concentró el 27,8% de las muertes globales acumuladas, registrando el mayor exceso de mortalidad del planeta. Este impacto respondió a determinantes sociales crónicos (como la informalidad laboral, el hacinamiento y el descuido de la atención primaria), provocando una recesión histórica que revirtió avances en pobreza y colapsó los sistemas sanitarios.

Según el informe de la CEPAL Sistemas de salud universales, integrales, sostenibles y resilientes: un requisito para el desarrollo social inclusivo, el desarrollo sostenible es inviable sin la salud como pilar de la protección social y el crecimiento económico. No obstante, el documento identifica tres debilidades estructurales críticas en la región:

  • Subfinanciamiento crónico: El gasto público promedio en salud es del 4,8% del PIB, lejos del 6% recomendado por la OMS.
  • Fragmentación: Existe una severa falta de coordinación entre los niveles de asistencia médica.
  • Segmentación: Coexisten múltiples subsistemas que profundizan las desigualdades de acceso.

Para superar esta realidad, la CEPAL propone reformas basadas en cuatro pilares: universalidad, enfoque integral con continuidad del cuidado, sostenibilidad financiera y resiliencia.

En paralelo, la equidad frente al cambio climático es también un eje prioritario. ALC sufre una alta vulnerabilidad social ante fenómenos meteorológicos extremos. Para enfrentarlo, la "Política para Fortalecer Acciones del Sector de Salud Orientadas a la Equidad en Cambio Climático y Salud" de la OPS busca proteger a las poblaciones más desatendidas (comunidades empobrecidas, pueblos indígenas y migrantes). Esta estrategia promueve la resiliencia y descarbonización de las infraestructuras de salud, la participación comunitaria y la mitigación intersectorial para evitar que la crisis climática ensanche las brechas sanitarias existentes.

Pero, sobre todo, la pandemia evidenció una peligrosa dependencia externa en contramedidas médicas. El acaparamiento de insumos y el "nacionalismo de vacunas" por parte de los países del Norte Global relegaron a la región al final de la fila, exponiendo las limitaciones del multilateralismo tradicional.

Esta dura lección impulsó un giro hacia la autosuficiencia regional. En 2021, a solicitud de la CELAC, la CEPAL diseñó el Plan de Autosuficiencia Sanitaria, cuyo objetivo no es el aislamiento, sino la creación de un complejo industrial de la salud a escala continental estructurado en tres líneas de acción vigentes:

  1. Armonización regulatoria: Lograr que agencias líderes como ANVISA (Brasil), COFEPRIS (México) o ANMAT (Argentina) reconozcan mutuamente sus registros para agilizar el comercio de medicamentos regionales.
  2. Redes de ensayos clínicos: Aprovechar las capacidades científicas locales para realizar estudios adaptados a los perfiles epidemiológicos de la región.
  3. Consorcios biotecnológicos: Fomentar la transferencia tecnológica para fabricar localmente vacunas de última generación (como plataformas de ARNm) y garantizar una manufactura soberana ante futuras emergencias.

Implementación del Plan de Autosuficiencia: El acuerdo de seguridad sanitaria OPS-HERA 

Como una concreción directa de este Plan de Autosuficiencia Sanitaria y un ejemplo clave de la cooperación birregional, la IV Cumbre CELAC-UE (noviembre de 2025) sirvió de marco para traducir las declaraciones de intenciones en compromisos técnicos y comerciales. La expresión más tangible de este esfuerzo es el acuerdo administrativo firmado entre la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Autoridad de Preparación y Respuesta ante Emergencias Sanitarias (HERA) de la Comisión Europea.

Este instrumento establece un marco operativo de colaboración en contramedidas médicas críticas bajo los siguientes compromisos clave:

  • Respuesta coordinada ante emergencias: Cooperación estratégica para el control de brotes de influenza, coronavirus y otros patógenos respiratorios emergentes, apoyada en el intercambio de información en tiempo real para sincronizar las respuestas sanitarias.
  • Transferencia acelerada de tecnología: Facilitación del acceso a tecnologías avanzadas de diagnóstico clínico en la región, priorizando herramientas esenciales como las pruebas rápidas y la secuenciación genómica.
  • Impulso a la producción local: Transferencia activa de know-how y capacidades técnicas a laboratorios de América Latina y el Caribe para la fabricación regional de antivirales y medicamentos críticos.
  • Vigilancia y agilización regulatoria: Creación de canales rápidos de comunicación entre los sistemas de vigilancia epidemiológica de Europa y las Américas, junto con el diseño de rutas de aprobación regulatoria acelerada para insumos médicos de emergencia.

(1) Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025: cómo salir de la trampa de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social. Naciones Unidas. Noviembre de 2025. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Bajo presión: Recalibrando el futuro del desarrollo en América Latina y el Caribe. Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2025. Junio de 2025.

(2) Datos sobre mortalidad acumulada a febrero de 2022. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Los impactos sociodemográficos de la pandemia de COVID-19 en América Latina y el Caribe. 2022.

(3) Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Sistemas de salud universales, integrales, sostenibles y resilientes: un requisito para el desarrollo social inclusivo, Mayo 2026

(4) Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe, 2025.

(5) Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Lineamientos y propuestas para un plan de autosuficiencia sanitaria para América Latina y el Caribe. Documento elaborado a solicitud de la Presidencia pro tempore de la CELAC. Septiembre 2021.

3. Propuestas de la región: una arquitectura de la salud global descentralizada y evolución de la reflexión técnica a las plataformas operativas

Frente a la parálisis habitual de las grandes asambleas multilaterales, la discusión ha encontrado canales alternativos de alta incidencia. Uno de los más significativos es el Diálogo de América Latina y el Caribe sobre Reformas al Sistema de Salud Global, un proceso impulsado por un consorcio académico (Tecnológico de Monterrey, Universidad Mayor de Chile, el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS, Argentina) y la Universidad de las Indias Occidentales (UWI, Jamaica)) con el respaldo de Wellcome Trust dentro de su iniciativa de diálogos regionales. El proceso congregó a más de un centenar de actores (ministerios de salud, academia, sociedad civil y bancos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)) para construir una postura técnica común frente a la gobernanza diseñada tradicionalmente desde el Norte Global.

El diagnóstico del Diálogo Latinoamericano y Caribeño sobre Salud Global apunta a una reforma profunda de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se propone transitar hacia un modelo descentralizado donde las instancias centrales se enfoquen en la rectoría política global, la generación de directrices basadas en evidencia y la coordinación de emergencias, devolviendo la cooperación técnica directa y la ejecución a los mecanismos regionales, que poseen un conocimiento más cercano y legítimo de las realidades locales.

Para materializar esta visión y blindar la soberanía sanitaria de la región, se plantea la consolidación de tres plataformas estratégicas concebidas como bienes públicos regionales:

  • Plataforma de Coordinación del Financiamiento: Un espacio de gobernanza que alinee las agendas de los bancos multilaterales de desarrollo (como el BID y el Banco Mundial) con los planes nacionales de salud. Su objetivo es evitar la dispersión de recursos, esquivar la duplicidad de esfuerzos y asegurar que el financiamiento responda a las verdaderas prioridades sanitarias de la región.
  • Mecanismo Regional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETESA): Una plataforma para estandarizar los análisis de costo-efectividad de nuevos tratamientos y tecnologías. Al generar evidencia científica compartida, dota a los ministerios de salud de una posición técnica sólida y coordinada para negociar precios frente a la industria farmacéutica global.
  • Consorcio Latinoamericano y Caribeño para la Innovación y Fabricación de Vacunas y Medicamentos: Una red orientada a consolidar las capacidades de manufactura biotecnológica existentes en la región mediante cadenas de valor público-privadas, reduciendo la dependencia de insumos externos ante futuras crisis.

El Diálogo advierte que la viabilidad de estas propuestas no depende únicamente de la voluntad política (sensible a los cambios de gobierno), sino de la superación de barreras estructurales y territoriales crónicas: la violencia armada y el crimen transnacional que fragmentan la gestión territorial, la restricción de derechos fundamentales en contextos específicos, y la severa desigualdad económica que limita el espacio fiscal de los Estados. Frente a estas barreras, las comunidades técnicas y de salud colectiva de la región emergen como los actores clave capaces de sostener consensos técnicos estables a largo plazo.


(6) Tecnológico de Monterrey, Universidad Mayor, The University of the West Indies, Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria, Welcome Trust. Latin America & the Caribbean Dialogue on Reforming the Global Health Architecture. Dialogue Outcomes Document. Noviembre 2025.  Este diálogo se enmarca en la iniciativa global del Wellcome Trust: Rethinking the Future of Global Health.

4. Diplomacia de salud birregional: Conferencia Iberoamericana y el foro UE-CELAC

La traducción de las prioridades técnicas de América Latina y el Caribe en compromisos políticos de alto nivel se articula hoy a través de dos espacios de concertación estratégica: el espacio iberoamericano y la alianza UE-CELAC. Ambos marcos de diplomacia científica y política actúan de manera complementaria para consolidar la soberanía sanitaria regional y redefinir su posicionamiento en el tablero global.

Por un lado, la Conferencia Iberoamericana ha consolidado el consenso político interno de la región. Su hito más reciente tuvo lugar en la XVII Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Salud, celebrada en Madrid el 14 de mayo de 2026, como antesala de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. El encuentro culminó con la adopción de la Declaración de Madrid , un documento que compromete a los países de la comunidad a exigir de manera conjunta una reforma de la arquitectura de salud global para hacerla más transparente, democrática y equitativa.

Este mandato no sólo consagra el acceso a medicamentos y la producción local como derechos fundamentales para el desarrollo social inclusivo, sino que fija compromisos en tres áreas críticas:

  • Seguridad sanitaria frente a emergencias: Creación de mecanismos coordinados de respuesta rápida ante amenazas transfronterizas.
  • Bienestar social e institucional: El reconocimiento de la salud mental como un derecho y el diseño de políticas frente a la crisis de recursos humanos sanitarios, abordando tanto la precarización laboral como la migración de profesionales hacia países de altos ingresos.
  • Gobernanza multilateral: El impulso para concluir de forma exitosa el Tratado de Pandemias de la OMS, respaldando firmemente el Sistema de Acceso a Patógenos y Beneficios (PABS).

Por otro lado, el espacio de diálogo birregional entre la Unión Europea (UE) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) representa un cambio de paradigma en la diplomacia de la salud. A diferencia de las plataformas multilaterales tradicionales, este foro no se concibe bajo el antiguo esquema de asistencia al desarrollo o de "donante y receptor", sino como una alianza estratégica de coinversión, transferencia tecnológica y codesarrollo industrial.

Este espacio encuentra su principal motor operativo en la iniciativa Global Gateway de la Unión Europea, la cual ha priorizado la resiliencia sanitaria como uno de sus pilares de inversión económica. La agenda de este foro se diferencia por un enfoque netamente práctico y productivo, estructurado en tres dimensiones clave:

  • Coproducción y transferencia de tecnología: El foro busca conectar directamente el tejido científico y de innovación europeo con los laboratorios y plantas de manufactura de América Latina y el Caribe. Esto incluye la transferencia de plataformas biotecnológicas avanzadas (como la tecnología de ARN mensajero) para que la región desarrolle capacidades de fabricación propia de vacunas y terapias complejas.
  • Fortalecimiento del complejo industrial de la salud: Se promueve la inyección de capital público y privado para escalar las capacidades industriales regionales. El objetivo es que América Latina y el Caribe deje de depender de las importaciones críticas de principios activos y dispositivos médicos, mitigando la vulnerabilidad logística que quedó en evidencia durante la crisis del COVID-19.
  • Diversificación y seguridad de las cadenas globales de suministro: Para la Unión Europea, el foro representa la oportunidad de diversificar sus propios proveedores de insumos sanitarios, encontrando en América Latina un socio estratégico confiable, con capacidades técnicas sólidas y estándares regulatorios en proceso de convergencia.

Al estructurar la salud como un sector de desarrollo económico de alta tecnología, el espacio UE-CELAC no solo busca proteger a las poblaciones ante futuras emergencias sanitarias, sino también impulsar la cooperación entre ambas regiones que contribuya a la transición de la región de América Latina y Caribe hacia una economía del conocimiento, donde la soberanía sanitaria se convierte en un motor de crecimiento industrial sostenible.


(7) La Moncloa. Iberoamérica reafirma su compromiso por fortalecer la cooperación en materia de salud. 14 de mayo de 2026.

(8) XVII Conferencia Iberoamericana de Salud. Declaración de Madrid. Secretaría General Iberoamericana. Madrid;14 de mayo de 2026.

5. Tres demandas para el rediseño del financiamiento y la gobernanza de la salud global desde América Latina y el Caribe

Frente a la profunda reconfiguración de la arquitectura sanitaria internacional, América Latina y el Caribe (ALC) debe ostentar un rol que reconozca su trayectoria histórica y sus desafíos estructurales. La región no busca ser una mera receptora de directrices, sino una codiseñadora de un sistema global más equitativo. Sus demandas prioritarias se concentran en tres ejes fundamentales:

Superar la "trampa de la renta media" en el financiamiento multilateral

La región exige que los organismos financieros internacionales sustituyan los criterios de elegibilidad basados estrictamente en promedios macroeconómicos (como el PIB per cápita) por indicadores multidimensionales de vulnerabilidad y equidad. Actualmente, la clasificación como países de "renta media o alta" excluye a casi toda la región de la asistencia oficial al desarrollo, préstamos concesionales y transferencias tecnológicas no comerciales. Esta etiqueta invisibiliza que ALC arrastra la desigualdad más profunda del planeta, donde subsistemas públicos desfinanciados (con un gasto público promedio del 4,8% del PIB, lejos del 6% recomendado por la OMS) conviven con una doble carga epidemiológica de enfermedades infecciosas y crónicas que los programas rígidos del Norte Global no logran resolver.

Descentralizar la gobernanza global y potenciar los mecanismos regionales

ALC demanda una reforma estructural de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hacia un modelo descentralizado. En este esquema, las instancias centrales deben concentrarse en la rectoría política global y la emisión de directrices basadas en evidencia, mientras que la cooperación técnica directa y la ejecución de recursos deben devolverse a los organismos de nivel regional. La región cuenta con el tejido multilateral de salud más antiguo del mundo, articulado en la OPS, y dispone de herramientas colectivas de alto rendimiento, como los Fondos Rotatorios para vacunas y medicamentos, que son referentes de negociación colectiva. Fortalecer y delegar en estos mecanismos locales garantiza que las intervenciones respondan a las realidades territoriales y epidemiológicas de cada población de forma mucho más ágil y legítima.

Para dotar de mayor solidez a esta exigencia de descentralización, la región debe respaldar su demanda global con una coherente democratización de su gobernanza hacia dentro. La legitimidad de las instituciones regionales se fortalece cuando dejan de tratar a los pueblos indígenas y afrodescendientes como meras "poblaciones vulnerables" pasivas y los reconocen como actores políticos clave. Esto implica abrirles espacios formales de participación en las decisiones sanitarias (desde los órganos de la OPS hasta las plataformas del Plan de Autosuficiencia) e integrar sus saberes en el diseño de las políticas. La credibilidad de la región al exigir una gobernanza global más equitativa se multiplica si su propio modelo interno se construye activamente con la diversidad de sus poblaciones. 

Garantizar transferencia tecnológica real para la soberanía industrial

La dura lección de la pandemia evidenció que la dependencia de insumos y el "nacionalismo de vacunas" del Norte Global vulneran la seguridad regional. Por ello, la demanda es transitar de un modelo asistencialista de "donante-receptor" a uno horizontal de codesarrollo técnico y soberanía sanitaria. Esto implica operacionalizar el Plan de Autosuficiencia Sanitaria de la CEPAL y la CELAC mediante acuerdos vinculantes de transferencia de tecnología avanzada (como plataformas de ARNm y diagnóstico molecular), la armonización regulatoria entre agencias líderes (ANVISA, COFEPRIS, ANMAT) y la creación de consorcios biotecnológicos locales. Alianzas como el acuerdo OPS-HERA y el foro UE-CELAC deben servir de plataforma para posicionar a la región no solo como consumidora, sino como socia estratégica con capacidad para fabricar contramedidas médicas y diversificar con soberanía las cadenas globales de suministro.

Conclusión

El futuro de la seguridad sanitaria en América Latina y el Caribe depende de la capacidad de sus instituciones para sostener los canales de cooperación técnica por encima de las barreras estructurales y las inestabilidades territoriales del continente. La transformación de la región en un actor con voz propia en la gobernanza sanitaria internacional está ligada a la operativización de los acuerdos del Diálogo Regional impulsado por Wellcome Trust y a la defensa política de mandatos como la Declaración de Madrid y los acuerdos UE-CELAC. Demostrar la madurez de los fondos de compra conjunta y sostener una postura técnica unificada son los pasos indispensables para que la nueva arquitectura de la salud global evolucione hacia un modelo verdaderamente descentralizado, equitativo y democrático.