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Laura Agúndez, Consuelo Bautista, Lalama Jabby y Virginia Rodríguez *
Información sobre los autores
Laura Agúndez es técnica de Análisis e Incidencia Política en ISGlobal, Consuelo Bautista es médica residente en Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Universitario Ramón y Cajal, Lalama Jabby es asistente del área de Análisis de Políticas, Desarrollo e Incidencia Política de ISGlobal y Virginia Rodríguez es Coordinadora de Incidencia Política de ISGlobal.
Marzo de 2026
Las brechas de género en salud reflejan desigualdades estructurales arraigadas en la ciencia, las políticas y los sistemas sanitarios. Este documento examina sus determinantes y explora cómo España puede contribuir a reducirlas desde un enfoque feminista e interseccional.
Introducción
1. Contexto actual internacional, metas y recortes
2. Precisiones conceptuales e interseccionalidad
Para tratar este tema en profundidad es necesario hacer unos apuntes sobre el sentido histórico del género y su relación con el colonialismo y el efecto que ha tenido en la salud de todas las personas, además de hablar de los conceptos de sexo y género para entender cómo se están utilizando en este papel. Es necesario también tener presente el concepto de interseccionalidad, para entender que son muchos los factores que interaccionan entre sí para dar lugar a las desigualdades.
Colonialismo, jerarquías clásicas de género y evolución histórica de la salud sexual y reproductiva
El informe del Secretario General de Naciones Unidas (19) publicado en julio de 2023 subraya que la brecha de género en salud no debe entenderse como un fenómeno contemporáneo, sino como el resultado de un devenir histórico en el que el colonialismo ha desempeñado un papel esencial. Los sistemas coloniales, sustentados en marcos patriarcales, binarios y jerárquicos, impusieron estructuras legales, religiosas y científicas que institucionalizaron desigualdades de género, sexo y raza. Estas asimetrías perduran en los contextos poscoloniales.
Las potencias coloniales reforzaron un binarismo de género a través de leyes y prácticas ancladas en un modelo androcentrista dominado por el género masculino. Este enfoque tuvo varios efectos, por una parte intensificó la violencia y discriminación hacia las personas de género e identidades no hegemónicas para las potencias coloniales. Por otra impuso sistemas médicos coloniales, desplazando a parteras tradicionales y matronas, favoreciendo la formalización de sistemas de atención controlados mayoritariamente por hombres (20). Asimismo, el colonialismo constituye una de las principales raíces históricas de la legislación restrictiva sobre el aborto, que a finales del siglo XIX estaba vigente en la mayoría de los países (21).
Ignorar el legado colonial en el análisis de la brecha de género en salud limita la comprensión de sus determinantes estructurales y reduce la capacidad de diseñar desde la efectividad las políticas de salud global.
Diferenciación conceptual: sexo versus género
El sexo y el género interactúan de manera compleja y estrecha en la configuración de los resultados en salud y no son conceptos intercambiables.
De acuerdo con un informe de la Comisión Lancet sobre el género y la salud global (2025), el sexo hace referencia principalmente a las características biológicas vinculadas con la reproducción sexual, incluyendo genética cromosómica, los perfiles hormonales y los atributos sexuales secundarios, como el sistema reproductor. Estas características se han agrupado tradicionalmente en dos sexos, pero existen combinaciones de estas características que no se corresponde a la atribución binaria en dos categorías, así que estas resultan excluyentes. En investigación cuantitativa, el sexo suele clasificarse de forma dicotómica en masculino y femenino, una simplificación que, aunque operativa en determinados contextos analíticos, presenta limitaciones para capturar la diversidad biológica existente.
El género debe entenderse como una estructura social imbricada en relaciones de poder que determinan la distribución de recursos, roles, oportunidades y reconocimiento social. El género constituye una forma de organizar la sociedad que parte de asignar mandatos sociales a cuerpos y que se naturaliza basándose en cuestiones como la religión o la biología (22). Existe un simbolismo de lo masculino y lo femenino que se aplica más allá de las características biológicas individuales de hombres, mujeres y personas transgénero y no binarias, y muta según su contexto político y social. Este sistema normativo establece jerarquías de legitimidad de cuerpos, identidades y comportamientos, privilegiando aquellas categorías que se ajustan a la norma binaria y heteronormativa, mientras que quienes no encajan en estos estándares enfrentan exclusión y deslegitimación social. Dentro de esta jerarquía, las categorías que cumplen con el binarismo heteronormativo no son homogéneas en términos de poder: aunque las mujeres son legibles y normativas, se subordinan a la masculinidad debido a la estructuración histórica y social del poder, que la posiciona como categoría dominante (23).
Los mandatos de género también tienen un efecto en la salud de los hombres, promoviendo en ellos los comportamientos de riesgo, haciendo que tengan mayor consumo de alcohol y tabaco o que sean víctimas con más frecuencia de accidentes, responsables en gran parte de su mortalidad prematura. Según un análisis de Global Health 50/50 (2022) sólo el 3% de las organizaciones de salud global reconoce de forma explícita a los hombres y los niños como beneficiarios del trabajo de igualdad de género.
Interseccionalidad o cómo se amplifican las brechas por raza, clase, orientación sexual y discapacidad
Aunque el género constituye un eje central de desigualdad, la justicia de género en salud exige analizar su interacción con otros determinantes sociales, políticos, económicos y legales que influyen de manera conjunta en la salud y el bienestar de las poblaciones. La Comisión de Lancet sobre Género y Salud Global subraya la necesidad de examinar cómo las "múltiples exclusiones y opresiones se cruzan e interactúan" para producir resultados desiguales en salud.
Las oportunidades y obstáculos profesionales no afectan de manera homogénea a todos los grupos de mujeres, factores como raza, etnia, orientación sexual y situación socioeconómica condicionan de forma significativa el acceso al empleo, la progresión profesional y la participación en la toma de decisiones (24). Por ejemplo, en Sudáfrica se ha observado como la intersección entre raza y género limita de forma sustantiva el avance profesional de las mujeres negras en posiciones directivas, y en contextos de renta baja, la falta de acceso a la educación restringe la incorporación y ascenso de mujeres al sector sanitario (25).
Cuadro 2: Según el informe Estado de la Población Mundial 2024...
- El acceso a servicios básicos de salud sexual y reproductiva está profundamente condicionado por desigualdades estructurales relacionadas con el género, la situación socioeconómica, la etnia, la orientación sexual y la discapacidad.
- Las mujeres afrodescendientes presentan una mayor vulnerabilidad a la violencia obstétrica y peores resultados en salud materna.
- Las mujeres indígenas enfrentan, además, la falta de atención materna y la criminalización de prácticas tradicionales de parto, lo que incrementa significativamente el riesgo de muerte materna.
- Las mujeres y niñas con discapacidad tienen hasta diez veces más probabilidades de sufrir violencia de género y, simultáneamente, encuentran más barreras para acceder a servicios e información en salud sexual y reproductiva.
- El estigma y la discriminación que afectan a las personas LGBTQIA+ no constituyen únicamente una vulneración de derechos, sino que actúan como determinantes directos de profundas desigualdades en salud.
3. Sesgos y vulnerabilidades
4. Conclusiones: el liderazgo transformador de España ante el camino por recorrer
Como se ha detallado a lo largo de este informe, las brechas de género en salud global no son meras disparidades estadísticas sino el resultado de mecanismos estructurales y sesgos históricos que atraviesan la ciencia, la recopilación de datos y la gobernanza. En un momento histórico marcado por una ofensiva reaccionaria que amenaza con revertir derechos consolidados, la respuesta no puede ser solo técnica, sino profundamente política. En este escenario, España se posiciona como un referente internacional capaz de liderar la respuesta a las preguntas fundamentales que marcarán la agenda futura.
La Estrategia de Cooperación Feminista de España y su Estrategia de Salud Global 2025-2030 ofrecen un marco sólido para encabezar la transformación necesaria en los siguientes ámbitos:
- Desafío a las estructuras patriarcales en la ciencia y la técnica: Ante la pregunta de cómo superar las concepciones androcéntricas en la investigación, España puede liderar a través de su diplomacia científica e innovación. Promoviendo el abandono del cuerpo masculino como norma universal, garantizando que el conocimiento generado sea representativo de la diversidad humana.
- Gobernanza de la IA y soberanía de datos: Ante el riesgo de que la Inteligencia Artificial actúe como una "cámara de eco" de sesgos misóginos, España tiene la oportunidad de impulsar marcos regulatorios internacionales que exijan algoritmos transparentes y datos desagregados por sexo y género.
- De la representación a la transformación del poder: El modelo español, basado en la redistribución del poder y los recursos, responde a la necesidad de que el aumento de mujeres en puestos de decisión no sea meramente cuantitativo. España puede abogar por una transformación de los espacios de salud global, actualmente "intrínsecamente masculinos", hacia modelos de gobernanza feminista que reconozcan y remuneren adecuadamente la labor de las mujeres, que constituyen la columna vertebral del sistema.
- Interseccionalidad práctica y defensa de derechos: El compromiso español con un enfoque interseccional y decolonial es clave para atajar las desigualdades de forma integral. El liderazgo de España debe centrarse en que las políticas de salud reconozcan cómo la raza, la clase y la discapacidad amplifican las barreras de acceso.
- Protección de los Derechos Sexuales y Reproductivos (DDSSRR): Ante el retroceso de derechos impulsado por coaliciones ultraconservadoras, España debe actuar como un escudo internacional. Mediante una cooperación que prioriza los DDSSRR como un pilar de la salud pública universal, el papel de España es fundamental para blindar la financiación y la voluntad política necesarias para proteger la autonomía de las mujeres en foros como la OMS.
En conclusión, la determinación de España en la defensa de la igualdad de las mujeres constituye un valor diferencial en la arquitectura de la salud global actual. La firmeza española frente a la deriva reaccionaria y su apuesta por una gobernanza feminista sitúan al país como un actor clave para garantizar que la salud sea un espacio de empoderamiento real y de pleno ejercicio de los derechos humanos para todas las mujeres y niñas del mundo.

