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Los bulos no tienen religión: las fake news más comunes sobre las vacunas de la COVID-19

17.11.2021
Verificat post fake news.jpg

Microchips, nanopartículas peligrosas, esterilidad… estos son algunos de los elementos que han servido para alimentar la desinformación y desconfianza hacia las vacunas contra la COVID-19. A lo largo de los últimos seis meses, desde ISGlobal hemos contribuido con nuestro granito de arena a la lucha contra los bulos que han circulado a lo largo y ancho del mundo a través de las redes sociales.

Desde ISGlobal hemos contribuido con nuestro granito de arena a la lucha contra los bulos que han circulado a lo largo y ancho del mundo a través de las redes sociales

Un proyecto singular

Esta contribución la hemos hecho gracias a un proyecto bastante singular para ISGlobal –singular no tanto por la actividad realizada, sino por la audiencia diana: la comunidad católica. El proyecto, fruto de una colaboración entre Aleteia (la red católica mundial de información), I.media (agencia de información del Vaticano) y Verificat (agencia catalana dedicada a la verificación de información), fue uno de los 11 proyectos seleccionados (entre 309 propuestas) para recibir financiación de la Google News Initiative, con el objetivo de combatir la desinformación en torno a las vacunas de la Covid, y con un foco especial en audiencias subrepresentadas. Desde ISGlobal, trabajamos de la mano con el equipo de Verificat para responder, con la mejor evidencia científica disponible, a las dudas, mitos o bulos que circulaban por las redes católicas (listadas en catholic-factchecking.com). Esta iniciativa obviamente se ve impulsada por el fuerte apoyo del Papa Francisco y la Santa Sede a la vacunación como “deber moral para respetar no solo la propia vida, sino también la de los demás”.

El proyecto, fruto de una colaboración entre Aleteia, I.media y Verificat, fue seleccionado por la Google News Initiative para combatir la desinformación en torno a las vacunas de la Covid

Desinformaciones nuevas y algunos bulos reciclados

Cuando empezamos el proyecto, me preparé mentalmente para hacer frente a un alud de informaciones falsas (generadas y propagadas con fines maliciosos) o erróneas sobre las vacunas, algunas de ellas exacerbadas por un catolicismo llevado al extremo. Al final de los seis meses que duró el proyecto, creo poder afirmar que no fue así. Gran parte del trabajo consistió, en realidad, a responder dudas –muchas de ellas perfectamente válidas– sobre el funcionamiento, la seguridad o la eficacia de las vacunas.

Espacio de verificat.cat, en el que colabora ISGlobal, dedicado a combatir la desinformación en torno a las vacunas de la Covid y otros aspectos relacionados con la salud.

 

No faltó la tesis conspiracionista, afirmando que la pandemia estaba planeada y que el hecho de que la PCR ya estuviera patentada, de que ya hubiera estudios sobre la proteína Spike, o de que todas las vacunas se hubieran aprobado al mismo tiempo (cosa que no es cierta) eran, supuestamente, pruebas de ello. Y ciertamente, tuvimos que desmontar un número no desdeñable de informaciones falsas en torno a las vacunas. Algunos de estos bulos eran viejos argumentos antivacunas reciclados, o eventualmente adaptados a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, se volvió a hacer referencia a supuestos “metales peligrosos” como las sales de aluminio (que algunas vacunas clásicas usan como adyuvante para aumentar la respuesta inmune) o el etilmercurio (que se usa en muy pocas vacunas como conservante), pero llegaron con fuerza los microchips, los cristales líquidos y las nanopartículas como supuestos ingredientes secretos o tóxicos de la vacuna (sin fundamento alguno), y falsas demostraciones de “magnetismo” como prueba de ello.

Me preparé mentalmente para hacer frente a un alud de informaciones falsas o erróneas sobre las vacunas. Creo poder afirmar que al final no fue así. Gran parte del trabajo consistió, en realidad, a responder dudas sobre el funcionamiento, la seguridad o la eficacia de las vacunas

Bulos basados en la falta de conocimiento

Los bulos suelen alimentarse de una falta de conocimiento científico por parte de la sociedad. Por ejemplo, hubo que responder varias veces a la desinformación en torno a la proteína Spike del coronavirus (cuya producción es inducida por las vacunas de ARNm o vector viral), y su —según algunas desinformaciones— supuesta capacidad de causar la COVID-19, llegar al cerebro para causar trombos o enfermedades neurodegenerativas, o transmitirse de una persona vacunada a otra. O bien, explicar varias veces por qué el ARN mensajero de la vacuna no se puede integrar en nuestro ADN, ni modificarlo. O por qué el té de agujas de pino no es un remedio contra los trombos. Otros bulos se generan a partir de la interpretación errónea de resultados científicos, y a veces incluso son propagadas por personas que proclaman venir del mundo académico. Por ejemplo, la afirmación de que las vacunas COVID pueden causar infertilidad porque la proteína Spike y la sincitina-1 (una proteína de la placenta) comparten una secuencia de aminoácidos (no hay ninguna base científica para esta afirmación).

Los bulos suelen alimentarse de una falta de conocimiento científico por parte de la sociedad

Dudas legítimas

Sin embargo, muchos de los temas que llegaban desde Verificat cada semana provenían de dudas —a menudo válidas— sobre la seguridad, eficacia e impacto de unas vacunas que causaban desconfianza por la velocidad sin precedentes a la que se habían desarrollado.

 

Por ejemplo, ¿cuál es el riesgo, a corto o largo plazo, de padecer efectos secundarios adversos tras la vacunación, como trombosis, síndrome de Guillain Barré, sangrados vaginales, o miocarditis? En cuanto a la eficacia, ¿por qué una persona que ya pasó la covid necesita una sola dosis a menos que sea mayor de 65 años? ¿Es comparable la inmunidad tras la infección a la inmunidad generada por la vacuna? ¿Las vacunas pueden ayudar a reducir la transmisión de virus respiratorios? Hubo también que explicar que, cuando la cobertura de vacunación en un país es muy elevada (y sobre todo en la población mayor, más vulnerable), es normal que el porcentaje de personas vacunadas que fallecen por covid aumente (por simple probabilidad, porque ya casi no quedan personas sin vacunar), pero que había que fijarse en el número total de muertes (mucho menor). Otra inquietud era la eficacia de las vacunas frente a las variantes (afortunadamente, sigue siendo elevada) y si las vacunas podían promover la aparición de nuevas variantes (de hecho, sucede lo contrario).

Muchos de los temas que llegaban desde Verificat cada semana provenían de dudas —a menudo válidas— sobre la seguridad, eficacia e impacto de unas vacunas que causaban desconfianza por la velocidad sin precedentes a la que se habían desarrollado

Como era de prever, algunas dudas o desinformaciones más específicas de la comunidad católica también salieron a flote. Por ejemplo, si la producción de las vacunas requería el uso de células provenientes de fetos abortados (no es el caso). Pero, ahora que nuestra participación en el proyecto llega a su fin, me parece que podemos afirmar que la desinformación no tiene religión —es un problema universal que debe combatirse con buena comunicación y mejor educación.

Más información

Verificat.cat. Las mentiras amenazan la salud