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Tratar cada brote como si lo tuviéramos a las puertas de casa

21.5.2026
WHO response to Ebola outbreak in the Democratic Republic of the Congo, 18 May 2026
Foto: © WHO - La OMS ha movilizado suministros de emergencia en respuesta al brote de ébola activo en la República Democrática del Congo (RDC).

Lo que revelan el caso del crucero MV Hondius y el brote de ébola de 2026 en la RDC sobre la equidad en salud global.

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[Este artículo ha sido escrito conjuntamente por Denise Naniche y Elizabeth Diago, respectivamente codirectora y coordinadora del Hub de Preparación y Respuesta del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).]

 

A fecha de hoy, 21 de mayo, se han registrado aproximadamente 600 casos sospechosos y 139 muertes sospechosas por el mortal virus del ébola Bundibugyo en la provincia nororiental de Ituri, en la República Democrática del Congo (RDC). El primer caso notificado fue el de un trabajador sanitario que falleció el 24 de abril; posteriormente, el 5 de mayo, se informó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de un brote de una enfermedad desconocida con una elevada mortalidad entre el personal sanitario, por lo que envió un equipo de respuesta rápida. La epidemia fue declarada emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés) el 15 de mayo. Desde entonces, la OMS y otras organizaciones internacionales han puesto en marcha actividades de control de emergencia.

Las semanas perdidas entre la primera muerte y la declaración de la PHEIC permitieron que el virus se propagara a una amplia red de contactos y atravesara fronteras. Aunque la RDC tiene experiencia en la gestión de brotes anteriores de ébola, la crisis actual plantea desafíos únicos. A diferencia del virus del ébola Zaire, más común, no existen pruebas diagnósticas de uso habitual, lo que retrasó significativamente la identificación de la enfermedad. Tampoco hay vacunas aprobadas ni tratamientos terapéuticos específicos para la cepa Bundibugyo. En consecuencia, la gestión se limita a medidas de salud pública: detección activa de casos basada en síntomas y vínculos epidemiológicos, aislamiento, rastreo de contactos y prácticas de entierro seguras.

La tormenta perfecta

Si retrocedemos un poco, podemos ver los elementos de una tormenta perfecta. En primer lugar, la capacidad para responder a un brote y contenerlo depende en gran medida de la infraestructura preexistente. La provincia de Ituri ha sufrido décadas de conflicto armado, lo que ha generado una prolongada crisis humanitaria que dificulta la prestación de servicios sanitarios.

En segundo lugar, este frágil sistema de salud se vio aún más tensionado en julio de 2025 por la eliminación, por parte de la administración estadounidense, de aproximadamente 9.000 millones de dólares en ayuda destinados a la RDC. Estos fondos eran esenciales para servicios sanitarios básicos, programas de VIH y vigilancia epidemiológica. Los sistemas sanitarios locales se vieron obligados a reducir operaciones básicas, lo que probablemente incluyó recortes en control de infecciones y redes de vigilancia: precisamente las herramientas necesarias para detectar los primeros casos en Ituri.

Finalmente, mientras los profesionales de salud pública intentaban contener la propagación del virus Bundibugyo en la RDC, otro evento sanitario ocurría en otra parte del mundo. El 2 de mayo, la OMS recibió informes de un brote de hantavirus Andes entre pasajeros del crucero MV Hondius. La respuesta internacional fue rápida: el 10 de mayo, las personas afectadas, principalmente de Europa y Norteamérica, fueron evacuadas y puestas en cuarentena en sus respectivos países de origen. A fecha de hoy, el brote de hantavirus ha causado 11 casos y 3 muertes, y la OMS clasificó el riesgo global para la población general como “bajo”.

Hantavirus y ébola: dos crisis, dos varas de medir

Mientras que los casos de hantavirus recibieron una atención mediática rápida y extensa en los medios de comunicación de todo el mundo, la cobertura del brote de ébola en la RDC ha sido menos visible y se ha retrasado hasta que la cifra de muertes ha alcanzado niveles dramáticos y la OMS ha declarado la emergencia internacional. Esto nos lleva al tema central de la equidad.

Mientras que los casos de hantavirus recibieron una atención mediática rápida y extensa en los medios de comunicación de todo el mundo, la cobertura del brote de ébola en la RDC ha sido menos visible y se ha retrasado hasta que la cifra de muertes ha alcanzado niveles dramáticos y la OMS ha declarado la emergencia internacional

La aparente diferencia en la atención mediática no es nueva. Las prioridades informativas a nivel mundial pueden verse influidas por la proximidad geográfica o por el origen de las poblaciones afectadas, más que por el nivel de riesgo para la salud pública. Cuando esta tendencia se reproduce en el acceso a recursos como las vacunas, los países de ingresos bajos y medios quedan directamente en desventaja, como vimos durante la pandemia de COVID-19. Debemos asegurarnos de que la tendencia en la cobertura mediática no se refleje en la voluntad política internacional y la movilización de recursos para el actual brote del virus del ébola Bundibugyo.

Poniendo a prueba la “Misión de los 100 días”

La declaración de una PHEIC el 15 de mayo activa marcos internacionales y, en concreto, la Misión de los 100 días, una iniciativa global impulsada por la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI) y respaldada por organizaciones internacionales, líderes políticos y el sector privado desde 2021. El objetivo de esta misión es desarrollar diagnósticos, tratamientos iniciales y vacunas candidatas en un plazo de 100 días desde la declaración de un brote.

Tenemos la responsabilidad de tratar cada brote como si estuviera ocurriendo en nuestro propio entorno

Este marco se utilizó por primera vez durante el brote de virus de Marburgo en Ruanda en 2024, lo que facilitó los ensayos clínicos de vacunas experimentales para una epidemia que permaneció localizada y fue contenida rápidamente. El actual brote en la RDC puede representar una prueba aún más exigente para la misión de los 100 días debido a la magnitud de su propagación y la ausencia de una prueba diagnóstica rápida específica. Mientras la Asamblea de la OMS se reúne este mes y debate cuestiones de equidad en el Acuerdo sobre Pandemias y el reparto de beneficios entre el norte y el sur global, tenemos la responsabilidad de tratar cada brote como si estuviera ocurriendo en nuestro patio trasero, porque en un mundo interconectado, de hecho es así.