En lugar de esperar a que surjan nuevos virus, deberíamos estar buscándolos

En lugar de esperar a que surjan nuevos virus, deberíamos estar buscándolos

17.2.2021
GeoffBrooksUnsplash
Foto: Geoff Brooks / Unsplash - Kew Boulevard Yarra River, Melbourne (Australia).

Una mañana, un niño de dos años de un pequeño pueblo de Guinea, país en el que se ha destruido gran parte de la selva tropical por las actividades de tala forestal y minería, se sentó a jugar a los pies de un árbol muerto lleno de murciélagos durmiendo. Un par de semanas después, él y su familia enfermaron y murieron. Así es como se cree que comenzó el peor brote de ébola de la historia reciente (30.000 casos y 11.000 muertes).

¿Qué tienen en común el ébola, el sida, el virus del Nilo Occidental y el nuevo SARS-CoV-2 que ha causado la peor pandemia de los últimos cien años? Se trata en todos los casos de virus que han saltado (una vez o más de una) de animales a humanos. De hecho, el 60% de las enfermedades infecciosas en humanos las causan bacterias, virus u otros patógenos que provienen de otros animales, razón por la que se conocen como enfermedades zoonóticas.

¿Qué tienen en común el ébola, el sida, el virus del Nilo Occidental y el nuevo SARS-CoV-2 que ha causado la peor pandemia de los últimos cien años? Se trata en todos los casos de virus que han saltado (una vez o más de una) de animales a humanos

Aunque algunas zoonosis como la peste bubónica o la rabia son bastante antiguas, el número de enfermedades zoonóticas y la frecuencia de sus brotes ha aumentado en las últimas décadas. Esto es el resultado directo de las actividades humanas, como la deforestación y el tráfico de especies exóticas, que incrementan la probabilidad de entrar en contacto con nuevos virus, así como de factores que favorecen su propagación, como la progresiva urbanización y los viajes internacionales. Tres de cada cuatro nuevas enfermedades recientemente descritas en humanos tienen un origen zoonótico.

La COVID-19 es la última de una serie de enfermedades zoonóticas que han surgido en las últimas décadas. Toda la evidencia hasta la fecha indica que el virus surgió de una familia de coronavirus SARS que infecta a los murciélagos, aunque la información precisa de cómo, dónde y cuándo ocurrió este salto de los animales a los humanos todavía no se conoce (una misión liderada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China está actualmente tratando de investigarlo).

En algún momento hacia finales de 2019, un coronavirus relacionado con los murciélagos adquirió la capacidad de infectar a los humanos y de contagiarse de persona a persona. Si fue necesario o no el paso a través de un huésped animal intermediario todavía es tema de debate

En cualquier caso, en algún momento hacia finales de 2019, un coronavirus relacionado con los murciélagos adquirió la capacidad de infectar a los humanos y de contagiarse de persona a persona. Si fue necesario o no el paso a través de un huésped animal intermediario todavía es tema de debate, pero los pangolines podrían estar implicados, dada la alta homología entre un coronavirus de pangolín y el dominio del SARS-CoV-2 que se une al receptor humano ACE2, así como por el comercio habitual de pangolines en los mercados flotantes de China.

Entender cómo empezó la pandemia de COVID-19 sin duda ayudará a evitar en el futuro brotes causados por otros coronavirus (pongamos por caso, una COVID-25 o una COVID-40). Sin embargo, al margen de si conseguimos obtener esta información y de cuándo la conseguimos, sí sabemos que hay ciertas cosas que deberíamos hacer para reducir el riesgo de otra pandemia de esta magnitud.

 

FOTO: Pangolín en Namibia. Alex Strachan / Pixabay.

Busca, no esperes

Existen 320.000 virus desconocidos solo en los mamíferos, según estima un estudio, o 40.000 según otro estudio (que todavía es mucho, considerando que solo conocemos 1.200 patógenos humanos, incluyendo bacterias, virus y hongos). Durante años, los científicos han estado alertando del potencial pandémico de los patógenos zoonóticos, ya sean conocidos o desconocidos. La OMS incluso le dio un nombre (la enfermedad X), reconociendo la probabilidad de que la próxima pandemia fuera causada por un patógeno desconocido. Tenían razón.

En lugar de esperar a que surjan nuevos virus, deberíamos estar buscándolos. El proyecto PREDICT, financiado por USAID, se lanzó en 2009 en respuesta al susto de la gripe aviar H5N1 2005 y se convirtió en la mayor iniciativa del mundo dedicada a encontrar nuevos patógenos. En colaboración con laboratorios de diferentes países, incluido uno en Wuhan (China), los científicos visitaron hospitales para identificar a personas con enfermedades de origen desconocido y tomaron muestras animales en granjas y mercados, así como a personas en contacto directo con estos animales. Esto es lo que se denomina enfoque Una Salud (One Health).

Descubrir los virus zoonóticos potencialmente peligrosos del planeta costaría entre 1,5 y 6 mil millones de dólares, lo que no es nada comparado con el coste estimado de la pandemia actual: 16 billones de dólares

Los científicos del proyecto detectaron 1.200 virus con capacidad de infectar a humanos, 160 de los cuales eran coronavirus. Irónicamente, la financiación de PREDICT se acabó justo cuando empezaba la pandemia de COVID-19. Aunque el proyecto no predijo ni evitó la pandemia actual, sí ayudó a crear las capacidades necesarias para combatirla en muchos de los países participantes. También sentó las bases para el Proyecto Viroma Global (Global Virome Project), una iniciativa colaborativa de 10 años lanzada en 2018 y cuyo objetivo es desarrollar un atlas global de los virus zoonóticos potencialmente peligrosos del planeta. Esta vigilancia podría recibir el apoyo del Observatorio Inmunológico Global (Global Immunological Observatory), que recogería y analizaría muestras de sangre en puntos calientes zoonóticos.

Descubrir estos virus costaría entre 1,5 y 6 mil millones de dólares, lo que no es nada comparado con el coste estimado de la pandemia actual: 16 billones de dólares.

 

Foto: Deforestación en la provincia de Nan (Tailandia). Boudewijn Huysmans / Unsplash.

Prepararse, prepararse y prepararse

En algún momento esto volverá a suceder. Y podría ser peor. La próxima vez podría tratarse de un virus más mortal o aún más transmisible. Debemos prepararnos. Desde el punto de vista científico, esto significa desarrollar herramientas de diagnóstico de amplio espectro, medicamentos antivirales y plataformas de vacunación fáciles de diseñar (las vacunas ARNm, utilizadas con éxito por primera vez en esta pandemia, resultan muy prometedoras para responder rápidamente a futuros patógenos). Esto es algo a lo que ha contribuido enormemente CEPI (la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante las Epidemias, fundada en 2017).

Los países, y, como ha revelado esta pandemia, en especial los países occidentales, también necesitan reforzar las bases de la salud pública, como las pruebas diagnósticas, el rastreo de contactos, el asilamiento y la comunicación clara y oportuna con el público. Prepararse también implica establecer los marcos necesarios a nivel político y de gobernanza global para facilitar la cooperación científica internacional, asegurar la voluntad política de compartir datos y resolver los problemas éticos que puedan surgir. Prepararse no es glorioso: requiere tiempo y trabajo duro, y raramente se aprecia hasta que las cosas van mal. Pero esperemos que esta pandemia haya ayudado a convencer a los políticos de la necesidad de prepararse en tiempos de paz y de invertir los recursos necesarios (financieros y humanos) pensando a largo plazo.

En algún momento esto volverá a suceder. Y podría ser peor. La próxima vez podría tratarse de un virus más mortal o aún más transmisible. Debemos prepararnos mejor

Eliminar las zoonosis es imposible: vivimos estrechamente conectados con otros seres vivos, incluidos los microorganismos. No podemos evitar que los virus muten y salten de una especie a otra. Y esa es la razón por la que debemos vigilar más y prepararnos mejor. Pero también podemos, en primer lugar, reducir considerablemente el riesgo de que virus peligrosos salten a los humanos. Prohibir el tráfico de especies exóticas sería una magnífica manera de empezar.

Lectura recomendada

How Humanity Unleashed a Flood of New DiseasesNew York Times. Junio de 2020.