Por qué cantar “Cumpleaños feliz” dos veces puede salvar millones de vidas

Por qué cantar “Cumpleaños feliz” dos veces puede salvar millones de vidas

30.4.2019
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A mediados del siglo XIX, el Hospital General de Viena tenía dos clínicas de maternidad muy dispares en términos de mortalidad: en una moría el doble de mujeres por fiebre puerperal que en la otra (16% contra 7%). Ignaz Semmelweis, un joven médico húngaro, pronto se dio cuenta de que la única diferencia entre ambas clínicas era que, en la primera, las mujeres eran atendidas por estudiantes que también practicaban autopsias, mientras que en la segunda eran atendidas por comadronas.

Semmelweis intuyó que los médicos transportaban “partículas cadavéricas” de la sala de autopsias a la sala de partos (hay que recordar que Pasteur y su ‘teoría de los gérmenes’ llegaron algunos años después). Así que hizo que los estudiantes se lavaran las manos con jabón y las desinfectaran con una solución clorada después de dejar la sala de autopsias y antes de tocar a las pacientes. El resultado fue casi milagroso: la mortalidad materna en la primera clínica cayó a 3%.

Este experimento, realizado en 1847, proporcionó la primera evidencia de que lavarse las manos prevenía infecciones. Sin embargo, la innovación no fue popular entre los colegas del médico húngaro, que se sentían cuestionados en sus prácticas. Pronto dejaron de lavarse las manos y despidieron a Semmelweis, quien comenzó a escribir cartas enardecidas acusando a sus ex-colegas de asesinos. Esto hizo que en 1865 lo internaran en un asilo, donde irónicamente murió de septicemia pocos días después, resultado de una paliza que le dieron los guardias.

El jabón para el cuerpo existe desde la antigüedad, pero fue hace menos de doscientos años que se estableció la conexión entre la higiene de manos y la propagación de enfermedades

Pocos años después del experimento de Semmelweis, durante la guerra de Crimea (1853-1856), apareció otra campeona de la higiene de manos: Florence Nightingale. La enfermera británica llegó con un equipo de 38 voluntarias al hospital militar de Scutari (Estambul), donde morían muchos más soldados por enfermedades como el tifus o el cólera que por heridas de guerra. Las prácticas de higiene y lavado de manos implementados por Nightingale – además de su gran capacidad de trabajo y organización- lograron reducir notablemente el número de infecciones, por lo que recibió la Orden al Mérito en 1907.

Las prácticas de Semmelweiss y Nightingale comenzaron a ser más ampliamente aceptadas a partir del trabajo de Pasteur, quien demostró que los microorganismos son la causa de las enfermedades infecciosas, y de Lister (conocido como el padre de la cirugía moderna), quien introdujo la práctica de esterilizar instrumentos y limpiar heridas, además de lavar las manos, a la hora de practicar cirugías. 

El llamado reflejo de Semmelweis, en honor al médico húngaro, designa el reflejo humano de rechazar todo conocimiento nuevo por contradecir normas, creencias o paradigmas establecidos

Aun así, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX que por ejemplo el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades de EEUU (CDC) reconoció a la higiene de manos como una medida fundamental para prevenir la propagación de las infecciones. Las primeras directrices nacionales para la higiene de manos se publicaron a partir de 1980 en EEUU y otros países.  

En el marco del Día Mundial de la Higiene de Manos, cuyo lema este año es “Una atención limpia para todos – está en sus manos”, se vuelven a dar una serie de consejos para lavar bien las manos, dirigidos sobre todo- pero no solamente- a los profesionales de la salud. Lo ideal es realizar los movimientos descritos en el esquema durante unos 30 segundos, o bien, si uno prefiere cantar que contar, ¡el tiempo que se tarde en cantar el “Cumpleaños Feliz” dos veces

 

¿Cómo me lavo las manos correctamente?

Lavarse las manos correctamente toma aproximadamente el tiempo de cantar "Cumpleaños feliz" dos veces, usando las imágenes de arriba. Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS)

 

Actualmente, no cabe duda de que lavarse las manos con jabón y/o otras soluciones a base de alcohol es uno de los gestos más eficaces y costo-efectivos para mejorar la salud y prevenir infecciones, sobre todo en un contexto hospitalario. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la higiene de manos como un elemento esencial para lograr la cobertura universal en salud, por su gran impacto en la calidad del cuidado y seguridad del paciente a todos los niveles del sistema sanitario. La OMS estima que uno de cada 10 pacientes contrae una infección prevenible cuando recibe atención sanitaria.

Ahora que la efectividad de lavarse las manos ya no se pone en duda, el reto es lograr que la higiene de manos sea universal. En pleno siglo XXI, uno de cada cuatro centros de salud en el mundo carece de servicios básicos de agua y saneamiento, según un informe publicado por UNICEF y la OMS en abril de este año. Esto quiere decir que casi dos mil millones de personas acuden a centros sin servicios básicos de agua, y que 17 millones de partos son atendidos en dichas condiciones, lo cual supone un gran riesgo de infección para la mamá y el bebé. Se estima que un millón de muertes cada año se debe a partos “sucios”, y no por falta de voluntad por parte de los profesionales de salud, como en la época de Semmelweis, si no por falta de infraestructura y recursos básicos.

 

Foto: Pabo Tosco/Oxfam

 

El informe “Pasos prácticos” de la OMS y UNICEF identifica ocho acciones que los gobiernos pueden tomar para mejorar servicios de agua, saneamiento e higiene (WASH, por sus siglas en inglés) en los centros sanitarios. Estas acciones, muchas de ellas sencillas, pueden dar resultados notables en términos de mejorar la salud materna y neonatal, prevenir resistencias antimicrobianas, controlar brotes infecciosos, y mejorar la calidad de la atención sanitaria.

De nuestra parte, cada vez que nos lavemos las manos (cuantas más veces, mejor), pensemos en el triste destino de Semmelweiss, nacido hace 201 años y adelantado a su tiempo, mientras le cantamos “Cumpleaños Feliz” –dos veces.