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¿Qué es la edad prospectiva y por qué nos ofrece otra visión sobre la mortalidad asociada al calor?

06.5.2024
Víctor Parreño Vidiella Ajtm Barcelona
Foto: Víctor Parreño Vidiella / Ayuntamiento de Barcelona

Hasta ahora se creía que el riesgo de morir por calor en España había disminuido entre las personas mayores pero, ¿y si tenemos en cuenta el aumento de la longevidad? ¿Ha disminuido tanto como sugerían los estudios? En este caso resulta útil utilizar el concepto de edad prospectiva, es decir, los años que hipotéticamente nos quedan por vivir, en lugar de los vividos.

 

Se prevé que el envejecimiento de la población provoque un aumento significativo de los riesgos climáticos ya que la vulnerabilidad aumenta considerablemente a lo largo de los últimos años de vida. Pero, ¿qué ocurre si tenemos en cuenta el aumento de la longevidad? ¿Cambia esto nuestra comprensión de cómo influye el envejecimiento en el riesgo? Para responder a esta pregunta, es útil considerar el concepto de edad prospectiva, es decir, los años que hipotéticamente nos quedan por vivir, en lugar de los años que ya hemos vivido, que es la edad cronológica.

La edad cronológica y la prospectiva son lentes diferentes para ver el mundo y comprender las implicaciones del envejecimiento.

¿Para qué sirve la edad prospectiva y cómo se calcula?

Investigadores de varias instituciones acabamos de publicar dos artículos que utilizan la edad prospectiva para reevaluar la influencia del envejecimiento de la población en el riesgo climático. Uno, en la revista npj Climate and Atmospheric Science, se centra en el aumento previsto del tamaño de las poblaciones de mayor edad en todo el planeta hasta 2100; el otro, en Environmental Research, analiza el envejecimiento y los cambios en la mortalidad relacionada con la temperatura en España en los últimos 40 años.

En estos artículos explicamos que, a la hora de evaluar las implicaciones del envejecimiento, parece natural clasificar a las personas por su "edad cronológica"; es decir, el número de años que han vivido. De hecho, esta es (que sepamos) la conceptualización adoptada en todos los estudios anteriores sobre los riesgos para la salud que plantea el cambio climático. De acuerdo con este enfoque, el "envejecimiento de la población" se entiende esencialmente como el aumento de la proporción de personas mayores de, por ejemplo, 65 u 85 años.

Sin embargo, una conceptualización alternativa del envejecimiento, pionera en demografía y propuesta por Warren Sanderson y Sergei Scherbov, sugiere que utilizar únicamente la edad cronológica puede ser engañoso, ya que no tiene en cuenta la dinámica de la longevidad en evolución ni los patrones cambiantes de salud. En su lugar, nosotros recomendamos adoptar una perspectiva alternativa que considere la edad y el envejecimiento en términos de capacidad funcional. Esta última puede medirse como "edad prospectiva": el número medio de años que las personas de una determinada edad cronológica aún pueden esperar vivir (es decir, la esperanza de vida condicional o restante).

A medida que las personas envejecen, su salud, sus discapacidades y su cognición tienden a estar más correlacionadas con su edad prospectiva que con su edad cronológica. Estos mismos factores tienden a asociarse con los riesgos que plantea el cambio climático, incluida la mortalidad relacionada con el calor.

 

Foto: Laura Guerrero / Ayuntamiento de Barcelona.

¿Qué nos dice la edad prospectiva sobre el envejecimiento futuro y el riesgo climático en todo el mundo?

En el primer análisis, evaluamos el crecimiento previsto de la población de edad avanzada en todo el mundo en países agrupados por nivel de renta. Cuanto mayor es el crecimiento, mayor es la proporción de personas de edad avanzada vulnerables y mayores los riesgos climáticos.

Utilizando las proyecciones de población de las Naciones Unidas, demostramos que, en comparación con una perspectiva de edad cronológica, el aumento previsto del tamaño de la población de edad avanzada era considerablemente menor cuando se contemplaba desde una perspectiva de edad prospectiva. Por ejemplo, en los países de renta baja, el crecimiento de la población de "edad avanzada" (es decir, personas con una edad cronológica de 85 años o más, o con una esperanza de vida prospectiva de ≤5 años restantes) para 2100 se multiplicaba por 32 desde una perspectiva cronológica, pero sólo por 10 desde una perspectiva prospectiva. En general, las diferencias entre ambas perspectivas aumentaban con la edad y disminuían con el nivel de renta del país. Esto sugiere que, si bien es cierto que el envejecimiento plantea retos, puede que no sean tan grandes como podríamos haber pensado, sobre todo para las personas muy mayores y en los países con menos recursos.

También realizamos una evaluación utilizando escenarios sociales desarrollados para las evaluaciones del impacto climático que suponen que damos más o menos prioridad al desarrollo sostenible (las llamadas trayectorias socioeconómicas compartidas). En este caso, una evaluación basada en la edad cronológica sugiere que existen grandes compensaciones entre el tamaño de la población mayor vulnerable y los retos climáticos a los que se enfrentan. Es decir, un futuro sostenible podría afrontar un menor cambio climático, pero la población de edad avanzada de alto riesgo podría ser muy numerosa. 

En cambio, la evaluación prospectiva de la edad muestra que las compensaciones son en realidad considerablemente menores. Así pues, en los futuros más sostenibles, aunque sin duda se necesitan políticas específicas para prepararse ante el rápido aumento de la población de "edad avanzada", es probable que el tamaño de esta población —tanto en términos absolutos como en relación con los futuros menos sostenibles— sea mucho menor de lo que se pensaba. 

¿Qué nos dice la edad prospectiva sobre el riesgo de mortalidad por calor en España en los últimos 40 años?

En nuestro segundo estudio, utilizamos la edad prospectiva para evaluar los cambios históricos en el riesgo de mortalidad relacionada con el calor en un contexto de cambio climático y envejecimiento de la población. Si cada vez hace más calor, la población envejece y sabemos que las personas mayores son más vulnerables a la temperatura, ¿cuáles son las consecuencias para este riesgo? Estudios anteriores basados en la edad cronológica sugieren que la susceptibilidad al calor ha disminuido entre las personas mayores en las últimas décadas, lo que algunos consideran una prueba de adaptación satisfactoria. Pero, ¿qué ocurre si tenemos en cuenta el aumento de la longevidad? ¿Ha disminuido el riesgo tanto como pensamos? Eso es lo que queríamos averiguar. Y para ello analizamos los datos de mortalidad y temperatura en España entre 1980 y 2018.

¿Cuánto ha aumentado la temperatura en España?

En las últimas cuatro décadas la temperatura ha aumentado en España a razón de 0,33 ºC por década. En el periodo 1980-1994 la mediana de la temperatura diaria fue de 14,3 ºC, mientras que entre 2004 y 2018 fue de 15,5 ºC, es decir, 1,2 ºC superior.

¿Cuánto se ha incrementado la esperanza de vida en España?

La esperanza de vida al nacer, en el caso de los hombres, ha pasado de los 72,4 años en 1980 a los 80,5 en 2018. En lo que respecta a las mujeres, se ha incrementado en 7,4 años durante el mismo periodo, pasando de los 78,4 a los 85,8 años.

¿Cómo ha cambiado la edad prospectiva en España?

Si la esperanza de vida crece, también lo hace la edad prospectiva, sea cual sea la edad cronológica. Las personas de una edad cronológica determinada tienen más años por delante en 2024 que en 1980. Por lo tanto, en cierto modo se podría decir que a la misma edad cronológica son más jóvenes o, al menos, tienen más vida por delante que sus predecesores. Por ejemplo, en el periodo y en las regiones estudiadas la edad prospectiva de los hombres de 65 años se incrementó entre 3,5 y 5,2 años y en las mujeres de 85 años se alargó entre 1,8 y 2,9 años.

 

Foto: Banc d'Imatges Infermeres.

Si la temperatura sube y la población envejece, ¿nos enfrentamos a más riesgos por el calor?

Para tener en cuenta la influencia de la longevidad creciente, nuestro análisis utiliza la edad prospectiva en lugar de la edad cronológica. Esto permite seguir los cambios en el riesgo en grupos que son más comparables entre sí, en el sentido de que tienen niveles similares de funcionamiento de su cuerpo y de años de vida restantes. Al adoptar este enfoque, eliminamos las contribuciones del progreso social general a la reducción del riesgo. De este modo, obtenemos una mejor indicación de los cambios en el riesgo que pueden deberse a la adaptación, que son medidas adoptadas específicamente (consciente o inconscientemente) en respuesta al cambio climático. Es decir, obtenemos una imagen más clara de hasta qué punto nos hemos adaptado con éxito al cambio climático hasta ahora.

Aunque estamos de acuerdo en que se ha producido un descenso del riesgo de mortalidad a temperaturas extremas, nuestros resultados muestran que no ha sido tan pronunciado como se pensaba. No solo eso, sino que también observamos un aumento significativo del riesgo a temperaturas moderadamente cálidas, lo que podemos atribuir en parte al hecho de que la gente es cada vez más consciente de los peligros de las temperaturas extremas y toma precauciones en esos días, mientras que los días de calor moderado no suelen percibirse como especialmente calurosos o peligrosos.

¿Cuánto ha aumentado o disminuido el riesgo de morir por calor?

El estudio ofrece datos que van en direcciones opuestas: Si se agrupa a la población por la edad cronológica, el riesgo absoluto de mortalidad por calor extremo se redujo en un 54% en mujeres y en un 48% en hombres. Pero si se usa la edad prospectiva se ve que el riesgo descendió solo en un 15% para mujeres y en un 25% para los hombres.

En cuanto al calor moderado, el análisis basado en edad cronológica muestra que el riesgo absoluto de mortalidad se redujo en un 23% en mujeres y en un 16% en hombres. En cambio, usando la edad prospectiva los resultados son absolutamente opuestos y muestran un aumento del riesgo absoluto del 46% en mujeres y del 20% en hombres. Es decir, que las personas mayores no se han adaptado al cambio climático tanto como se pensaba.

 

Foto: Edu Bayer / Ayuntamiento de Barcelona.

Envejecemos, pero más tarde

La percepción general, que coincide con la perspectiva de la edad cronológica, es que cada vez habrá más personas de edades más avanzadas, lo cual, en el caso del calor, conllevaría grandes aumentos del riesgo poblacional. Pero, en realidad, lo que la perspectiva de la edad prospectiva nos muestra es que se está posponiendo el envejecimiento, es decir, que la gente se hace mayor más tarde. Así pues, aunque habrá más personas mayores a largo plazo, no tendremos de repente una población extremadamente vieja y frágil.

Más calor y más edad, aunque hay razones para el optimismo

Así pues, vivimos más que nuestros padres y madres y somos “más jóvenes” a la misma edad cronológica. En un contexto de envejecimiento de la población, el riesgo que supone el aumento de las temperaturas puede combatirse de dos formas generales: especialmente en el caso de las temperaturas extremas, debemos redoblar los esfuerzos de adaptación al calor, por ejemplo a través de sistemas de alerta precoz que atiendan mejor las necesidades de las personas mayores, programas educativos, residencias con aire acondicionado, programas comunitarios para mitigar el aislamiento social, etc.

Pero, para reducir las muertes asociadas a temperaturas más moderadas (así como a las extremas), necesitamos acciones más generales, como un mayor desarrollo de los programas de envejecimiento saludable a largo plazo, que incluyan la reducción de las enfermedades no transmisibles y la prevención de la pérdida prematura del funcionamiento físico y mental.

En resumen, para formar poblaciones preparadas para el cambio climático, debemos protegernos de unas condiciones medioambientales cada vez más duras, pero también debemos impulsar un progreso social rápido que garantice una buena salud para todos.