Investigación

La exposición a largo plazo a espacios verdes no se asocia con una progresión más lenta de la rigidez arterial

Un nuevo estudio analiza la relación entre el espacio verde que rodea el lugar de residencia y cómo evoluciona la rigidez arterial asociada a la edad

La exposición a largo plazo a espacios verdes no se asocia con una progresión más lenta de la rigidez arterial
Foto: Iulia Topan /Unsplash

Vivir en entornos residenciales rodeados de espacios verdes no se asocia con una progresión más lenta de la rigidez arterial, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por Fundación ”la Caixa”. Publicado recientemente en la revista Environmental Health Perspectives, el estudio analizó el caso de 5.316 funcionarios y exfuncionarios británicos de entre 55 y 79 años de los que se disponía de dos mediciones de su rigidez arterial tomadas con 4 años de diferencia.

Muchos estudios se habían centrado hasta ahora en analizar cómo se puede frenar el proceso natural por el que las paredes vasculares pierden elasticidad con la edad, dado que la población mundial envejece y la rigidez arterial es uno de los principales indicadores de la salud cardiovascular. Los estudios habían puesto la lupa en el ejercicio físico, el peso saludable o la exposición a la contaminación atmosférica y el ruido,como factores que pueden influenciar la progresión de la rigidez arterial. Pero faltaba estudiar otro factor potencialmente protector, el de los espacios verdes (parques, bosques y jardines comunitarios).

El estudio Long-Term Greenspace Exposure and Progression of Arterial Stiffness: The Whitehall II Cohort Study se propuso, en concreto, investigar si el hecho de vivir en un lugar de residencia rodeado de espacios verdes y de estar, por lo tanto, expuesto a largo plazo a ellos, puede hacer que la rigidez arterial propia del envejecimiento progrese de un modo más lento.

El estudio se basó en los datos de 5.316 funcionarios y exfuncionarios británicos que desde 1985 participan en el estudio Whitehall II del Reino Unido. Desde ese año se someten periódicamente a exámenes clínicos y encuestas. Para este estudio se tomaron los datos de rigidez arterial (la velocidad de onda del pulso carótido-femoral o VOP c-f ) obtenidos en dos exámenes médicos realizados entre 2007-2009 y 2012-2013, respectivamente.

Por otro lado, para calcular el espacio verde que rodeaba los lugares de residencia de estas personas se usaron 3 índices de vegetación a partir de mediciones con satélites, en un área de 500 y 1.000 m alrededor de los hogares de los participantes.

Se analizó la asociación entre los indicadores de espacios verdes, la VOP c-f de base y su progresión a lo largo de 4 años, teniendo en cuenta también factores demográficos, de estilo de vida o socioeconómicos, entre otros.

Los resultados mostraron que la VOP c-f de los participantes no cambió de manera significativa durante el estudio a pesar de su exposición a los espacios verdes: de una media de 8,1 m/s en 2007-2009 se pasó a una media de 8,7 m/s en 2012-2013.

Aunque una mayor exposición al espacio verde circundante residencial se asoció con una menor rigidez arterial al inicio del estudio, la asociación no llegó a ser significativa desde el punto de vista estadístico y no se observó ninguna asociación consistente entre vivir rodeado de espacios verdes y la progresión de la rigidez arterial.

Aun así, se necesitan más estudios al respecto puesto que este contaba con ciertas limitaciones. Por un lado, aun siendo muy amplia, la población estudiada no era suficientemente representativa, al incluir a menos mujeres que hombres y no tener en cuenta a las minorías étnicas. Además, "solo se disponía de los datos de VOP c-f, que está considerado el marcador clínico de rigidez arterial más relevante y un gran predictor de accidentes vasculares, pero que no es el único", explica la primera autora del estudio, Carmen de Keijzer, investigadora de ISGlobal, de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y del CIBER Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) de Madrid.

Por otro lado, a pesar del enfoque longitudinal del estudio, podrían haber influido también "el corto período de seguimiento, con solo dos evaluaciones de la rigidez arterial separadas por unos 4 años de diferencia, y el hecho de que no tenía en cuenta la exposición anterior acumulada", añade la segunda autora del estudio, Maria Foraster, también investigadora de ISGlobal, la UPF y el CIBERESP. Otra limitación del estudio fue "la evaluación estandarizada de los espacios verdes mediante imágenes de satélite, que no consideran el tipo de vegetación, su calidad o su uso real", destaca Payam Dadvand, último autor del estudio e investigador igualmente de ISGlobal, UPF y CIBERESP. 

"Aunque en nuestro estudio no observamos ninguna asociación significativa entre la exposición a largo plazo al espacio verde que rodea el lugar de residencia y la rigidez arterial, consideramos que ha de estudiarse más a fondo, en otros entornos y climas, y a lo largo de más tiempo, puesto que parece plausible", añade Foraster. El hecho de que los vecinos dispongan de esos espacios verdes favorece la práctica de ejercicio físico, promueve la cohesión social, reduce el estrés, mejora la salud mental e implica exponerse menos al aire contaminado y al ruido, todo lo cual redundaría en una menor rigidez arterial. Sin embargo, faltan más estudios que clarifiquen estas asociaciones.

Referencia

Carmen de Keijzer, Maria Foraster, Xavier Basagaña, Cathryn Tonne, Lucia Alonso Garcia, Antònia Valentín, Mika Kivimäki, Mark J. Nieuwenhuijsen, Jordi Alonso, Josep M. Antó, Archana Singh-Manoux, Jordi Sunyer, Payam Dadvand. Long-Term Greenspace Exposure and Progression of Arterial Stiffness: The Whitehall II Cohort Study. Environmental Health Perspectives, Junio 2020. https://doi.org/10.1289/EHP6159