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La OMS: eje normativo y coordinador del sistema de salud global

Virginia Rodríguez Bartolomé

Coordinadora de Incidencia Política en ISGlobal

Marzo de 2026

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ocupa una posición singular en la arquitectura de la salud global. Como agencia especializada del sistema de Naciones Unidas, con mandato constitucional para actuar como autoridad directiva y coordinadora en asuntos de salud internacional, la OMS ha sido durante décadas el nodo normativo, técnico y político en torno al cual se ha estructurado la gobernanza sanitaria global. Sin embargo, el actual contexto de reconfiguración del orden mundial, marcado por tensiones geopolíticas crecientes, fragmentación institucional, transición hacia un mundo multipolar y presión sobre el multilateralismo, plantea interrogantes sustantivos sobre su papel, capacidad de adaptación y legitimidad futura.

Desde su creación en 1948, la OMS ha desarrollado tres funciones centrales dentro del ecosistema global de salud:

  1. Función normativa y regulatoria: elaboración de estándares técnicos, directrices clínicas y marcos regulatorios internacionales. El ejemplo paradigmático es el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), instrumento jurídicamente vinculante que estructura la notificación y gestión de emergencias de salud pública de importancia internacional.
  2. Función de coordinación en emergencias sanitarias: liderazgo técnico y operativo ante crisis sanitarias transfronterizas, como ocurrió con la declaración de pandemia por COVID-19 o con brotes de ébola y mpox.
  3. Función de apoyo técnico y fortalecimiento de sistemas de salud: asistencia a Estados Miembros para el diseño de políticas públicas, cobertura sanitaria universal, vigilancia epidemiológica y desarrollo de capacidades.

No obstante, el ecosistema de salud global se ha transformado profundamente desde los años noventa. La emergencia de actores multilaterales que han movilizado una cantidad sin precedentes de recursos para el cumplimiento de mandatos específicos (enfermedades o intervenciones sobre poblaciones más vulnerables) ha dado lugar a una arquitectura más policéntrica y financieramente fragmentada.

El impacto de la pandemia de COVID-19 a la hora de visibilizar las capacidades reales de respuesta ante emergencias puso de manifiesto importantes debilidades. Y, finalmente, un contexto geopolítico actual en el que la salud global se ha convertido en un elemento clave de la seguridad nacional y global, con la salida de Estados Unidos de la OMS situándola en una encrucijada existencial desde la que abordar su reforma.

¿Qué reflexiones deberían inspirar esta reforma? A continuación, se presentan algunas de las preguntas fundamentales.

1. ¿Cómo describe y prioriza la OMS su propio rol?

El Decimocuarto Programa General de Trabajo (GPW 14) para el periodo 2025–2028 surge como la hoja de ruta estratégica para recuperar el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en un entorno marcado por crisis climáticas y conflictos. Esta estrategia se fundamenta en una misión triple: promover, proveer y proteger la salud y el bienestar de todas las personas, sin dejar a nadie atrás.

El objetivo central de la OMS para los próximos cuatro años es salvar 40 millones de vidas mediante la ejecución de seis objetivos estratégicos que responden a las crisis contemporáneas.

  1. En primer lugar, la organización busca promover la salud abordando las causas raíz de las enfermedades, con especial énfasis en el cambio climático, identificado como la mayor amenaza sanitaria del siglo XXI.
  2. En segundo lugar, se prioriza proveer salud a través de una reorientación radical de los sistemas hacia la Atención Primaria de Salud (APS), modelo capaz de cubrir hasta el 90 % de las intervenciones esenciales.
  3. Finalmente, la OMS busca proteger la salud mediante el fortalecimiento de la preparación y respuesta ante emergencias, integrando lecciones de la pandemia de COVID-19 para salvaguardar a 7.000 millones de personas frente a riesgos sanitarios.

2. ¿Con qué recursos cuenta la OMS para desempeñar este papel?

La reforma de la arquitectura sanitaria es inseparable de una reforma financiera. Actualmente, la dependencia de contribuciones voluntarias "etiquetadas" (80 % del presupuesto) limita la agilidad estratégica de la OMS. El Caso de Inversión 2025–2028 destaca que la OMS requiere un presupuesto base de 11.100 millones de dólares, de los cuales 7.100 millones deben recaudarse mediante una ronda de inversión innovadora.

Invertir en la OMS no es solo un imperativo ético, sino una decisión económica eficiente: cada dólar invertido genera un retorno de 35 dólares en beneficios económicos y sociales. La meta es transitar hacia un modelo donde las contribuciones señaladas (cuotas obligatorias) cubran el 50 % del presupuesto base para 2030, asegurando una organización más independiente y resiliente.

3. ¿Cuáles son los desafíos a los que se debe responder desde la OMS?

La arquitectura sanitaria del siglo XXI exige nuevas herramientas de gobernanza y tecnología. La OMS lidera actualmente la puesta en marcha del acuerdo sobre pandemias y la implementación de las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional (RSI), buscando un marco jurídico que equilibre la soberanía nacional con la necesidad de una cooperación internacional robusta y equitativa.

Además de la respuesta ante emergencias de salud pública internacionales, la OMS debe liderar otros aspectos fundamentales de la agenda de la salud global, como la crisis climática o la falta de equidad en el acceso al derecho a la salud, particularmente en el caso de las mujeres en un contexto de regresión para la realización de sus derechos sexuales y reproductivos.

Finalmente, la organización se posiciona como el garante ético en la expansión de la salud digital y la inteligencia artificial, promoviendo estándares de interoperabilidad y soberanía de datos que eviten nuevas brechas de desigualdad.

4. ¿Qué alternativas se plantean en este debate?

Existe un debate crítico sobre el papel futuro de la organización dentro del ecosistema global. Algunos analistas del Center for Global Development proponen una "OMS lean" (esbelta), argumentando que la organización debería abandonar la asistencia técnica directa en los países para centrarse exclusivamente en su ventaja comparativa: el liderazgo global, la seguridad sanitaria y la producción de bienes públicos globales para la salud. Bajo esta visión de reforma, las oficinas de país se reducirían a funciones de enlace, trasladando la ejecución operativa a actores locales o regionales.

No obstante, la visión oficial de la OMS y de diversos expertos defiende que la presencia profunda en los países es esencial para la legitimidad normativa, ya que permite que los estándares globales se nutran del contexto local y se traduzcan en impacto real. La reforma de la arquitectura global que propone la OMS no busca el repliegue, sino un liderazgo sistémico que alinee a actores como Gavi, el Fondo Mundial y los bancos multilaterales de desarrollo bajo prioridades nacionales, que deberían marcar la agenda coordinada por la organización.

5. Perspectivas futuras

En síntesis, la OMS se encuentra en un punto de inflexión histórico. La transición hacia un orden internacional más fragmentado y competitivo cuestiona los fundamentos del multilateralismo clásico sobre los que se construyó su autoridad. Al mismo tiempo, la interdependencia sanitaria global es más evidente que nunca.

Su papel futuro dependerá de varios factores: reforma sostenible de su financiación, fortalecimiento del marco jurídico internacional, mejora de capacidades operativas en emergencias, articulación efectiva con nuevos actores y capacidad para defender principios de equidad y solidaridad en un entorno políticamente polarizado.

Lejos de perder relevancia, la OMS puede consolidarse como plataforma indispensable para la provisión de bienes públicos globales en salud. No obstante, ello requerirá voluntad política de los Estados Miembros para dotarla de recursos, mandato y respaldo suficientes. En un ecosistema en reestructuración, la pregunta es bajo qué condiciones institucionales y geopolíticas podrá la OMS ejercer un liderazgo efectivo y legítimo en la gobernanza sanitaria del siglo XXI.