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¿Por qué seguimos ignorando la principal causa de muerte en las mujeres?

07.4.2026
¿Por qué seguimos ignorando la principal causa de muerte en las mujeres
Foto: Ceci Fimia / Ayuntamiento de Barcelona

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en mujeres, pero siguen infradiagnosticadas e invisibilizadas en la investigación y la práctica clínica.

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Tiempo de lectura: 3 minutos.

 

[Este texto es una colaboración entre Women in Global Health (WGH) Spain e ISGlobal.]

 

Imagina a una mujer que llega a urgencias con fatiga, náuseas y un dolor persistente en la mandíbula o en la espalda. Ni se le ha pasado por la cabeza que pueda tratarse de un infarto, porque siempre ha oído que sentiría el clásico dolor en el pecho o en el brazo izquierdo. Es muy posible que el personal sanitario tampoco lo sospeche de entrada. Sin embargo, puede que esté sufriendo un infarto.

Con motivo de la Semana de la Salud Pública 2026, ponemos el foco en la salud cardiovascular femenina. No podemos seguir ignorando que la principal causa de muerte en mujeres siga estando infrainvestigada, infradiagnosticada y subestimada.

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en mujeres en el mundo (responsables de 8,6 millones de fallecimientos al año) y, sin embargo, siguen siendo las grandes "invisibles". La medicina moderna se construyó bajo un modelo estándar masculino y hoy, en pleno 2026, las mujeres siguen pagando el precio de esa herencia con sus propias vidas.

La brecha en investigación: mujeres ausentes en la base de la evidencia

Durante décadas, la investigación clínica se ha desarrollado bajo un sesgo androcéntrico: se estudiaba al hombre y se asumía que los resultados eran aplicables a toda la población. Al no incluir suficientes mujeres en los ensayos clínicos, gran parte de la evidencia utilizada para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades actuales procede principalmente de poblaciones masculinas. Esto ha creado un problema fundamental. Estamos aplicando una evidencia médica que no representa adecuadamente a la mitad de la población, las mujeres.

Durante décadas, la investigación clínica se ha desarrollado bajo un sesgo androcéntrico: se estudiaba al hombre y se asumía que los resultados eran aplicables a toda la población

Esta exclusión histórica ha creado lo que conocemos como la carga invisible de la enfermedad (invisible burden of disease). No es que las mujeres no padezcan enfermedades cardiovasculares; es que la ciencia no ha mirado su sistema cardiovascular bajo la misma lupa.

Cuando el síntoma se sale de lo "clásico"

La brecha en la investigación se traduce en una realidad dramática en la consulta:

  • Síntomas engañosos: las mujeres a menudo presentan síntomas cardiovasculares diferentes a los signos “clásicos” descritos en hombres. En lugar del característico dolor torácico, en las mujeres el infarto puede presentarse con fatiga, náuseas, dolor mandibular, dificultad para respirar o dolor de espalda.
  • Errores de diagnóstico: debido a estos síntomas distintos, se estima que hasta un 50% de las mujeres son mal diagnosticadas o diagnosticadas en fases demasiado avanzadas.
  • Percepción errónea: una encuesta a 8.000 personas reveló que solo el 34% identificaba las enfermedades cardiovasculares como la principal causa de muerte en las mujeres. Creían erróneamente que el cáncer de mama era más letal.

Esta falta de concienciación, tanto en la población general como en el personal sanitario, provoca que los síntomas puedan pasarse por alto, las estrategias de prevención se retrasen y los recursos se destinen a otras áreas sanitarias consideradas más prioritarias.

Tres pilares para el cambio

Para cerrar la brecha de género y acabar con la desigualdad de género en investigación hace falta transformar la estructura de la salud global, la base de la evidencia.

  1. Romper con el modelo estándar: no podemos aplicar el modelo masculino como “único” y generalizado. Necesitamos aplicar la ciencia bajo datos que estén desagregados por sexo en cada ensayo clínico.
  2. Financiación con perspectiva de género: la inversión en salud cardiovascular femenina sigue siendo insuficiente en comparación con la magnitud real del problema. Necesitamos recursos destinados específicamente a entender los factores de riesgo específicos de las mujeres, sus síntomas clínicos, cómo diagnosticarlas de forma óptima y su respuesta a los tratamientos.
  3. Liderazgo femenino: aunque las mujeres somos el 70% de la fuerza laboral sanitaria, solo ocupamos el 25% de los puestos de liderazgo. Esta falta de representación femenina en altos puestos de investigación influye en qué preguntas de investigación reciben financiación, qué estudios se priorizan y cómo se traduce la evidencia en políticas públicas.

Una llamada a la acción

Cerrar la brecha de género en la salud cardiovascular no solo se trata de una cuestión de equidad de género, sino de una necesidad urgente de salud pública y global. Pasar por alto las particularidades del sistema cardiovascular femenino es ignorar a la mitad de la población mundial. Solo transformando la forma en que investigamos, financiamos y diagnosticamos, conseguiremos que la principal causa de mortalidad femenina deje de ser, por fin, una carga invisible.