Publicador de contenidos

Investigación

Un estudio explora cómo la variabilidad climática del Atlántico puede mejorar la predicción de brotes de leishmaniasis en el Mediterráneo y el norte de África

El trabajo, liderado por ISGlobal junto con el Instituto Pasteur de Túnez y Marruecos, revela que la memoria climática del Atlántico permite predecir a largo plazo enfermedades sensibles al clima en regiones templadas, algo que hasta ahora se consideraba inviable

19.08.2026
Biotopo de transmisión de la leishmaniasis en Tinerhir (Marruecos)
Foto: Biotopo de transmisión de la leishmaniasis en Tinerhir, Marruecos / Adrià San José (ISGlobal)

La variabilidad del clima en el océano Atlántico puede ayudar a anticipar con meses de antelación los brotes de leishmaniasis cutánea en el norte de África. Así lo revela un nuevo estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación "la Caixa", junto con investigadores del Institut Pasteur de Túnez, Marruecos y Francia. El trabajo identifica cómo determinados patrones climáticos que afectan a la lluvia en la región influyen, a distintas escalas temporales, en la transmisión de esta enfermedad y permiten desarrollar un sistema de predicción estacional con hasta un año de antelación.

La leishmaniasis cutánea es una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de flebótomos, unos pequeños insectos conocidos popularmente como “moscas de la arena”. Aunque generalmente no pone en peligro la vida, provoca lesiones y úlceras en la piel que pueden persistir durante meses o años y dejar cicatrices permanentes, con un importante impacto físico, psicológico y social. Cada año se estima alrededor de un millón de nuevos casos en el mundo, especialmente en la cuenca mediterránea, Oriente Medio, Asia Central y América.

Hasta ahora, los sistemas de alerta temprana para enfermedades sensibles al clima se habían desarrollado principalmente en regiones tropicales, donde fenómenos como ‘El Niño’ permiten realizar predicciones con meses de antelación. En las regiones templadas, en cambio, la atmósfera se consideraba mucho menos predecible, lo que dificultaba la elaboración de herramientas similares para enfermedades transmitidas por vectores.

El estudio, publicado en Science Advances, demuestra que esta limitación puede superarse incorporando dos grandes patrones de variabilidad climática del Atlántico: la Oscilación del Atlántico Norte (NAO, por sus siglas en inglés) y la Variabilidad Multidecadal del Atlántico (AMV). La NAO es un fenómeno atmosférico que modula los vientos sobre el Atlántico e influye en las precipitaciones de invierno en Europa y el norte de África, mientras que la AMV describe cambios lentos en la temperatura superficial del océano Atlántico que se desarrollan a lo largo de años o incluso décadas. Los resultados del estudio muestran que la interacción entre ambos patrones modula las precipitaciones en el norte de África y, de forma indirecta, condiciona la evolución de la leishmaniasis.

Del clima del Atlántico a la transmisión de la enfermedad

Las variaciones de la temperatura superficial del Atlántico modifican la circulación atmosférica y los vientos que transportan humedad hacia el norte de África, condicionando las precipitaciones. Estas lluvias regulan el crecimiento de la vegetación en los ecosistemas desérticos y, con ello, las poblaciones de roedores que actúan como reservorios del parásito. Como la leishmaniasis cutánea depende estrechamente de esta cadena de procesos, su aparición también puede predecirse a partir de las señales climáticas del Atlántico.

“El desierto actúa como un filtro natural que deja al descubierto la memoria climática del Atlántico. Al estar influido por menos procesos climáticos, permite aislar con mucha más claridad la señal del Atlántico en los patrones de lluvia. Gracias a ello, identificamos una región donde la lluvia es sorprendentemente predecible, los desiertos de Túnez y Marruecos, y demostramos que esa predictibilidad también se transfiere a una enfermedad infecciosa”, señala Adrià San-José, investigador de ISGlobal y primer autor del estudio.

A partir de este conocimiento sobre cómo se transmite la enfermedad, el equipo desarrolló un modelo dinámico que reproduce la transmisión del parásito entre humanos, flebótomos y roedores. El modelo integra la temperatura y la precipitación locales con información procedente de la atmósfera y del océano Atlántico. Gracias a ello, fue capaz de anticipar la aparición y la intensidad de los brotes de Leishmania major y Leishmania tropica en Marruecos y Túnez con hasta 12 meses de antelación. En Túnez, sin embargo, donde la influencia climática del Atlántico es más débil y heterogénea, la mejora en las predicciones fue más moderada.

Implicaciones para la salud pública

“Se pensaba que este tipo de predicciones solo eran posibles en los trópicos. Lo sorprendente es que hemos encontrado una fuente de predictibilidad también en una región templada y la hemos incorporado en un modelo que está preparado para ser operacional. En este sentido, nuestro estudio es claramente pionero y abre nuevas posibilidades para desarrollar sistemas de alerta temprana donde hasta ahora se consideraban inviables”, explica Xavier Rodó, investigador ICREA de ISGlobal y autor sénior del estudio.

La posibilidad de anticipar el riesgo con varios meses de antelación ofrece un margen de tiempo valioso para poner en marcha medidas de prevención, como el control de los vectores, la gestión de los reservorios animales o la preparación de los sistemas sanitarios ante posibles brotes. Más allá de la leishmaniasis, el equipo investigador considera que la metodología desarrollada también puede aplicarse a otras enfermedades moduladas por la lluvia tanto en Europa como en el norte de África.
 

Referencia

San-José, A., Aoun, K.; Lemrani, M., López, L., Idris, M., Bouratbine, A., Paul, R., Rodó, X. Coupled Atlantic Atmosphere–Ocean Variability modulates Cutaneous Leishmaniasis in North Africa, enabling long-lead seasonal forecasts. Science Advances, 2026. Doi: 10.1126/sciadv.aeb0774