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Preparación ante pandemias: la lección urgente del MV Hondius

18.5.2026
Preparación ante pandemias la lección urgente del MV Hondius
Foto: © WHO / Hedinn Halldorsson - El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en Puerto de Granadilla de Abona (Tenerife) el 10 de mayo de 2026.

La crisis del MV Hondius revela por qué la preparación ante pandemias sigue siendo frágil: mecanismos internacionales insuficientes, desigualdades sanitarias y recortes que amenazan la respuesta global.

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[Elizabet Diago es la coordinadora del Hub de Preparación y Respuesta del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).]

 

Tiempo de lectura: 6 minutos.

 

El pasado 10 de mayo el crucero MV Hondius fondeó en el puerto de Granadilla de Abona, en Tenerife. A bordo viajaban 151 personas de 23 nacionalidades y un brote del virus Andes, la cepa de hantavirus capaz de transmitirse entre humanos. El brote ya ha causado tres muertes y 10 casos confirmados, y mantiene bajo vigilancia a decenas de personas.

Es una escena que nadie esperaba en Canarias: personal con trajes de protección, autobuses de la Unidad Militar de Emergencias (UME), evacuaciones escalonadas y protestas a las puertas del puerto.

La crisis del MV Hondius no es solo una emergencia sanitaria. Es también una lección urgente sobre por qué la preparación ante pandemias importa, por qué los mecanismos internacionales de respuesta son imprescindibles y, sobre todo, por qué la incapacidad para dotar adecuadamente estos sistemas es un error que podríamos pagar muy caro en un futuro cercano.

Por qué España tenía que responder

Ha habido debate sobre si España estaba o no obligada a acoger el crucero. La respuesta es clara: España actuó en cumplimiento de las obligaciones jurídicas derivadas del Reglamento Sanitario Internacional (RSI), creado en 2005 como respuesta a otra emergencia sanitaria internacional, el coronavirus SARS de 2002-2004. La Organización Mundial de la Salud (OMS) simplemente lo invocó al solicitar formalmente su apoyo para acoger al buque. El RSI no es una imposición externa: es un tratado que España (y otros 195 países miembros de la OMS) ha ratificado y que refleja un principio básico de la salud global: una emergencia sanitaria en cualquier lugar es una responsabilidad compartida.

Esta crisis no debe hacernos dudar sobre si hicimos bien en acoger el barco —lo hicimos—, sino por qué el sistema global, que debería haber contenido este brote mucho antes, sigue teniendo tantas grietas

El artículo 13.1 del RSI obliga a los Estados a desarrollar capacidades básicas para responder a emergencias de salud pública, como son laboratorios diagnósticos, unidades de aislamiento adecuadas, personal con formación apropiada o logística de evacuación internacional. La OMS consideró que Canarias las tiene. Cabo Verde, el primer puerto al que el barco intentó acercarse, no. Esa asimetría de capacidades entre países es exactamente el problema que el RSI pretende corregir, y seguimos sin resolverla.

La respuesta española sigue un criterio fundamental, expresado por el presidente Sánchez durante estos días: “pedir ayuda cuando se necesita y ofrecerla cuando se tiene la capacidad”. En este sentido, el operativo ha sido ejemplar. Esta crisis no debe hacernos dudar sobre si hicimos bien en acoger el barco —lo hicimos—, sino por qué el sistema global, que debería haber contenido este brote mucho antes, sigue teniendo tantas grietas. Una de las más evidentes es la relacionada con el Acuerdo de Pandemias.

Un acuerdo histórico, embarrancado en las diferencias políticas

En mayo de 2025, los Estados miembros de la OMS adoptaron por consenso el primer Acuerdo sobre Pandemias a escala mundial, fruto de más de tres años de negociaciones. El propósito era corregir las lagunas y desigualdades detectadas en la coordinación internacional durante la respuesta a la COVID-19. Fue un avance real. Pero ese acuerdo carece todavía de una pieza crítica: el artículo 12, que trata el sistema de acceso a patógenos y distribución de beneficios (PABS), sin el cual el texto no puede abrirse a la firma ni entrar en vigor. Las negociaciones se han estancado por diferencias entre los países ricos y los de ingreso medio y bajo acerca del acceso equitativo a vacunas y las contribuciones de la industria farmacéutica, lo que ha prorrogado las negociaciones hasta el próximo mayo de 2027. Una vez resueltas estas diferencias, el acuerdo aún necesitará la ratificación de 60 países para entrar en vigor.

El camino es largo y el contexto no ayuda: Argentina anunció su salida de la OMS en marzo, siguiendo los pasos de Estados Unidos. El multilateralismo sanitario no solo está inconcluso: está bajo ataque directo de algunos de los actores más relevantes, precisamente cuando más necesario es

El camino es largo y el contexto no ayuda: Argentina anunció su salida de la OMS en marzo, siguiendo los pasos de Estados Unidos. El multilateralismo sanitario no solo está inconcluso: está bajo ataque directo de algunos de los actores más relevantes, precisamente cuando más necesario es.

Los recortes de la ayuda amenazan con convertir el RSI en papel mojado

El RSI y el Acuerdo de Pandemias son tan fuertes como los sistemas de salud que los implementan. Y esos sistemas están perdiendo financiación a una velocidad alarmante.

Estados Unidos representaba aproximadamente el 40% de toda la ayuda al desarrollo mundial. El desmantelamiento de USAID está dejando un agujero que nadie ha cubierto. Por si fuera poco, su salida de la OMS ha provocado la pérdida de cerca del 15% del presupuesto total de esta organización, obligándola a recortar casi 3.000 puestos de trabajo (un 22% de su plantilla) a mediados de 2025. Los recortes afectan directamente al fortalecimiento de los sistemas de salud de los países en desarrollo: casi 24 millones de personas corren el riesgo de perder acceso a servicios sanitarios esenciales, y más de 2.600 instalaciones ya han suspendido servicios en zonas de crisis. No es solo Estados Unidos: Reino Unido, Francia, Alemania y Países Bajos también han recortado sus recursos de cooperación para la salud global.

El RSI y el Acuerdo de Pandemias son tan fuertes como los sistemas de salud que los implementan. Y esos sistemas están perdiendo financiación a una velocidad alarmante

Lo que se recorta no es ayuda abstracta. Son sistemas de vigilancia y laboratorios que detectan brotes antes de que lleguen a un crucero. Es el personal sanitario comunitario que identifica casos índice y tiene los recursos necesarios para manejarlos con seguridad y eficacia. Son los sistemas de datos que permiten coordinar una respuesta como la del MV Hondius. Sin esa infraestructura, el RSI es papel mojado.

La lección de Tenerife

La gestión del MV Hondius aún no ha concluido y es pronto para extraer lecciones definitivas. Pero el solo hecho de que España haya podido responder con laboratorios, protocolos, personal especializado y coordinación internacional evidencia la diferencia que marcan los sistemas preparados. Esa diferencia es lo que el RSI y el Acuerdo de Pandemias pretenden garantizar para todos los países, no solo para los que ya cuentan con los recursos necesarios.

Estudios recientes estiman una probabilidad cercana al 50% de que en la próxima década nos enfrentemos a otra crisis sanitaria de magnitud comparable a la COVID-19. En este caso, el hantavirus llegó desde el Atlántico Sur en un crucero. La próxima amenaza llegará de otro lugar, con otro nombre. No podemos controlar cuándo aparecerá, pero sí la inversión en los sistemas, los acuerdos y la coordinación que nos permitan prevenir, prepararnos y responder juntos. Lo que ocurrió hace diez días demuestra que un mundo mejor preparado es posible. Pero no se construye vaciándolo de recursos financieros y legales.