Vacunas contra la malaria. ¿Qué hay de nuevo?

Vacunas contra la malaria. ¿Qué hay de nuevo?

23.3.2017
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Carlota Dobaño es Associate Research Professor y jefa del Grupo de Inmunología de la Malaria de ISGlobal

Seguramente has oído recientemente varias noticias sobre nuevas y prometedoras vacunas de la malaria que están consiguiendo altos niveles de protección. De hecho, hace años que escuchamos a través de la prensa que “ya casi” tenemos una vacuna lista para luchar contra la malaria. Y te preguntarás: pero esta vacuna ¿no estaba ya descubierta?

Todavía no disponemos en el mercado de una vacuna para prevenir la malaria, que cada año mata casi medio millón de personas

Pues bien, resulta que todavía no disponemos en el mercado de una vacuna para prevenir esta enfermedad que cada año mata casi medio millón de personas, sobre todo poblaciones vulnerables (niños) en países de baja renta, según los datos del Informe Mundial de la Malaria 2016 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por eso, cuando viajamos a zonas endémicas, nos recomiendan tomar medicación preventiva y evitar el contacto con los mosquitos usando insecticidas, repelentes y redes mosquiteras.

Son varias las vacunas que están en fase experimental

Aun más, no existe solo una sino que son varias las vacunas que están en fase experimental. Unas pocas han demostrado niveles aceptables de eficacia, pero ninguna ha llegado todavía a completar todas las fases de evaluación (seguridad, inmunogenicidad, eficacia) y ser comercializada. Como el parásito de la malaria -el Plasmodium- es biológicamente tan complejo, está costando mucho y se están desarrollando múltiples estrategias para combatirlo a través de diversos tipos de vacunas, que atacan diferentes estados de su ciclo vital.

Tipos de vacunas

La vacuna RTS,S/AS01E es la más avanzada, en cuyo desarrollo clínico participan desde hace años ISGlobal y el CISM

Hay un tipo de vacunas que se basan en inducir respuestas inmunes (las “defensas”) frente a una sola proteína o antígeno (vacunas sub-unitarias), administradas mediante diferentes formulaciones. Este es el caso de la vacuna RTS,S/AS01E, la más avanzada (registrada como Mosquirix), en cuyo desarrollo clínico participan desde hace años ISGlobal y el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM) en Mozambique. Dentro de este tipo de vacunas, algunas están diseñadas para prevenir la infección en el hígado previa a la sintomatología de la enfermedad (como la RTS,S), y otras para reducir la gravedad de la patología atacando la fase sanguínea del parásito. Finalmente, las más priorizadas en el contexto de eliminación de la malaria (MalERA), pretenden interrumpir la transmisión del Plasmodium del humano al mosquito.

Otras vacunas, las que han tenido más eco en la prensa recientemente (GAP3KO, PfSPZ y PfSPZ-CVac), contienen todo el parásito completo, y pretenden inducir una respuesta inmune más amplia y potente. Es remarcable como algunas variantes de estas vacunas atenuadas mediante irradiación, coadministración con fármacos o manipulación genética, han conseguido en un par de estudios con unos pocos adultos europeos o norteamericanos ser seguras y proteger el 100% de los voluntarios. A pesar de este éxito, estas vacunas tan prometedoras todavía tienen que superar una serie de barreras antes de ser validadas e implementadas. Por ejemplo, es necesario optimizar el número de dosis, la calidad y cantidad de los parásitos inoculados (actualmente muy elevada), la ruta de administración (actualmente intravenosa), y la producción, conservación y distribución (actualmente dependiente de nitrógeno liquido).

Equipo del grupo de Inmunología de la Malaria de ISGlobal 

Retos de las vacunas

Todas las vacunas tienen pros y contras. Ninguna es perfecta y, eventualmente, lo más probable es que las más eficaces se puedan combinar en programas de control y eliminación de la malaria y ser complementarias. Pero sí hay una serie de limitaciones que son comunes a todas ellas:

  1. Duración de la inmunidad: las vacunas candidatas actuales todavía tienen que demostrar niveles aceptables de longevidad para evitar revacunaciones frecuentes.
  2. Diversidad del parásito: existen múltiples fases, especies y cepas; las vacunas deberían ser multifase, multiespecie y multicepa, para maximizar la cobertura antigénica y minimizar mecanismos de evasión que llevarían al fallo de las mismas.
  3. Menor inmunogenicidad y eficacia de estas vacunas en las poblaciones diana: personas africanas y niños.
  4. Desconocimiento de las respuestas inmunes inducidas por las vacunas responsables de la protección.

Perspectivas de futuro

A pesar de haber dado pasos de gigante demostrando que experimentalmente se puede inducir una inmunidad total frente a la infección por Plasmodium, la comunidad científica todavía debemos hacer un esfuerzo titánico para cerrar las brechas en el conocimiento de las vacunas actuales. En concreto, en nuestro grupo de Inmunología de la Malaria en ISGlobal estamos priorizando el discernir el modo de acción de estas vacunas que, aunque parezca sorprendente, es… ¡desconocido!

La comunidad científica todavía debemos hacer un esfuerzo titánico para cerrar las brechas en el conocimiento de las vacunas actuales

Ni en el caso de la vacuna RTS,S ni en el de las vacunas de parásitos atenuados sabemos por qué funcionan en unos individuos y no en otros. En otras palabras, qué respuestas inmunes son inducidas en unos (protegidos) y otros (no protegidos) y cuáles son los mecanismos inmunológicos responsables de la protección frente a la malaria. Sin esta información básica no podemos mejorar de una manera racional la segunda generación de vacunas para que tengan niveles de eficacia y durabilidad más elevados. Esto es clave para que las vacunas tengan más probabilidades de funcionar en aquellos grupos en los que la eficacia disminuye notablemente, precisamente aquellos que más lo necesitan: los niños africanos.