Publicador de contenidos
javax.portlet.title.customblogportlet_WAR_customblogportlet (Blog Health is Global)

«La tierra donde nacieron nuestros padres»: salud y territorio entre los Punan-Tubu

03.9.2026
“The Land Where Our Parents Were Born”  Health on the Move among the Punan-Tubu
Foto: Guilherme Queiroz - El poblado de Long Nyau; Dhole y Jefry remolcando una embarcación río arriba por el río Punan hacia Long Ranau; e interior de un salón en Long Titi.

Cómo el cambio climático, el desarrollo y la transformación de las formas de vida están redefiniendo la salud y el sentido de pertenencia al territorio entre los Punan-Tubu de Indonesia.

 

Llegar a Long Ranau, una aldea Punan-Tubu situada en Kalimantan del Norte (Indonesia), no es tarea fácil. Después de un día en jeep por carreteras de montaña sin asfaltar hasta Long Pada, el primer poblado de nuestro estudio, todavía nos esperaban casi cuatro horas en barco. Dos embarcaciones y cuatro barqueros nos llevaron río arriba a las cuatro personas integrantes del proyecto INDILEAD. Atravesamos rápidos y cascadas, avanzando por la orilla con las barcas y la carga impulsadas la mayor parte del tiempo por la fuerza humana o mediante un hábil manejo del motor. Esa noche, en la reunión en la que nos presentaron a la comunidad, el jefe Muliono nos dio la bienvenida y nos agradeció la visita, diciendo: «Sabemos que acceder aquí es difícil, pero permanecemos en este lugar porque es la tierra donde nacieron nuestros padres».

Dhole y Jefry arrastrando una embarcación río arriba por el río Punan hacia Long Ranau.

Movilidad y permanencia entre los Punan-Tubu

Los Punan-Tubu son un pueblo indígena —o Masyarakat Adat— que históricamente ha habitado el valle del Tubu y sus afluentes. Aunque el término Punan hace referencia en sentido amplio a comunidades cazadoras-recolectoras de todo Borneo, los Punan-Tubu tienen su propia lengua e identidad cultural. Hasta las décadas de 1960 y 1970, su forma de vida era seminómada, profundamente arraigada en el conocimiento del bosque y la recolección de alimentos silvestres, con asentamientos temporales que cambiaban en función de factores internos y externos dentro de un territorio definido.

La sedentarización de estas comunidades comenzó en la década de 1960 con la llegada de misioneros cristianos y posteriormente se consolidó con el proyecto de construcción del Estado-nación indonesio. En 1970, el Gobierno obligó a las poblaciones de esta región a trasladarse a asentamientos semiurbanos cerca de Malinau, lejos del aislamiento de las montañas y los bosques, para que pudieran integrarse plenamente como ciudadanos. Mientras que las formas de movilidad elegidas por la comunidad para habitar y gestionar el bosque eran consideradas una condición primitiva que debía superarse, el desplazamiento impuesto por el Estado se presentaba como un camino necesario hacia el progreso.

La sedentarización de estas comunidades comenzó en la década de 1960 con la llegada de misioneros cristianos y posteriormente se consolidó con el proyecto de construcción del Estado-nación indonesio.

Un año después de esta experiencia radical, varias personas rechazaron el modelo de civilización que se les había impuesto y regresaron a las montañas, formando las cinco aldeas que hoy se conocen: Long Pada, Long Ranau, Long Nyau, Long Tepu y Long Titi. Hasta hoy, la mayoría de las familias siguen pasando buena parte de su tiempo en pequeñas explotaciones agrícolas temporales dispersas por el territorio. Desde 1996, estas comunidades también participan en la gestión colaborativa comunitaria del Parque Nacional de Kayan Mentarang.

Una sala de estar en Long Titi.

De las cinco aldeas, Long Pada es la más «accesible». Las demás requieren días de caminata por el bosque, desplazamientos por caminos embarrados o trayectos por ríos llenos de rápidos. Pero, a pesar de este aislamiento, la vida cotidiana en las aldeas no parece tan alejada de la vida en la ciudad: las casas tienen una construcción similar, hay conexión a internet, cierto acceso a la electricidad e incluso algunos lugares cuentan con grandes electrodomésticos, como lavadoras. Al mismo tiempo, existe una relativa independencia de los sistemas monetarios y la vida vinculada al bosque sigue siendo parte integral de la vida cotidiana. Como describieron Levang et al., «quieren ir a cazar jabalíes por la mañana y ver la televisión por la tarde», o hoy, TikTok. Los Punan-Tubu se mueven activamente entre estas aparentes contradicciones, construyendo su propio presente autodeterminado.

El proyecto INDILEAD: prácticas cambiantes, nuevos riesgos

Visitamos estas comunidades entre febrero y marzo de 2026 como parte del equipo de campo de INDILEAD, formado por mí, Shannon O’Brien, Vissia Ardiyani y Ratnawati (enfermera Punan-Tubu), además de la traductora Abbie y el guardaparques Okto durante las visitas a las dos últimas aldeas. En Indonesia, el proyecto se lleva a cabo mediante una colaboración entre la UB/ISGlobal/UOC en Barcelona y Poltekkes Kemenkes en Palangka Raya. Este trabajo se basa en investigaciones de campo previas y en las relaciones desarrolladas por los investigadores principales del proyecto, Martí Orta-Martinez y Cristina O’Callaghan-Gordo.

Long Nyau.

Esta tensión entre sedentarización y nomadismo es fundamental para el concepto de transición epidemiológica. Hace veinte años, Dounias et al. describieron cómo la dieta de los Punan-Tubu que vivían en las montañas era, por lo general, más diversa y nutritiva que la de sus familiares reubicados en las afueras de Malinau, quienes también presentaban peores indicadores de salud. Hoy, la transición ha llegado claramente a las montañas. En general, las personas de las comunidades parecían gozar de buena salud, sin signos evidentes de malnutrición ni obesidad. Sin embargo, en las evaluaciones de salud realizadas en paralelo a nuestro estudio por Ratna, se observaron ocasionalmente anemia, presión arterial elevada e hiperglucemia.

La cría de pollos y cerdos se ha vuelto cada vez más habitual, al mismo tiempo que el sagú recolectado en el bosque está siendo sustituido por mandioca o arroz cultivados, y se consumen ocasionalmente azúcar refinado, condimentos y alimentos procesados. Al mismo tiempo, según informaciones locales, las epidemias animales y el cambio climático estaban afectando a la caza, reduciendo drásticamente, por ejemplo, la población de jabalíes, que anteriormente constituía la principal fuente de carne de las comunidades. Aunque diversificar las fuentes de carne puede ayudar a reducir la presión de la caza sobre el ecosistema, y diversificar los cultivos puede reducir las fluctuaciones estacionales y la vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos, también es importante que estas comunidades tengan acceso a la información y los recursos necesarios para afrontar estas transiciones de la forma más saludable posible.

El proyecto INDILEAD estudia cómo la transición hacia métodos de caza modernos, concretamente el uso de munición a base de plomo, puede estar provocando niveles elevados de plomo en comunidades indígenas que dependen de la carne de caza como fuente de proteínas.

Reconociendo estas fricciones entre la vida en el bosque y las nuevas tecnologías, el proyecto INDILEAD estudia cómo la transición hacia métodos de caza modernos, concretamente el uso de munición a base de plomo, puede estar provocando niveles elevados de plomo en comunidades indígenas que dependen de la carne de caza como fuente de proteínas. Dado que la exposición al plomo puede afectar al desarrollo infantil y comprometer la salud de las futuras generaciones, reducir este riesgo es también una forma de proteger su continuidad. A través de esta investigación, el proyecto busca explorar, junto con las comunidades, formas de reducir o prevenir esta exposición sin menoscabar sus formas de vida colectiva, que protegen los valiosos ecosistemas que habitan y, al mismo tiempo, ponen en práctica otras formas de vivir juntos.

Horizontes inundados

Mientras tanto, durante el trayecto en barco hacia Long Tepu, pudimos ver cómo, en medio del bosque, un enorme muro atravesaba el paisaje, anunciando la futura megapresa hidroeléctrica que abastecerá al Parque Industrial de Kalimantan Indonesia, situado a unos doscientos kilómetros de distancia. Forma parte de una red de cinco presas y es el mayor proyecto hidroeléctrico de este tipo del sudeste asiático; pronto inundará una parte significativa de la selva tropical aún conservada del interior de Borneo, incluidas 244 hectáreas de zona protegida. No obstante, el Gobierno sigue promoviendo el proyecto como parte de una estrategia de «transición verde», con la que se pretende crear la «mayor zona industrial verde del mundo».

Obras de construcción de la presa a lo largo del río Tubu.

En el plazo de un año, se espera que las aguas inunden parte del territorio Punan-Tubu, especialmente Long Tepu y Long Titi, que quedarán total o parcialmente sumergidas. Según nos contaron miembros de la comunidad, parte de la población afectada será reubicada en un nuevo asentamiento que se creará entre las dos aldeas, así como en Long Pada, donde ya se está construyendo un nuevo emplazamiento ante la previsión de un aumento de la población. Hace cincuenta años, el Estado obligó a los Punan-Tubu a acercarse al progreso, pero muchos regresaron a sus lugares de origen. Hoy, el progreso llega hasta su puerta, reduciendo su aislamiento gestionado y voluntario y obligando una vez más a trasladar las aldeas, como en la época del nomadismo. El problema nunca fue el movimiento en sí, sino quién tenía el poder de decidir cuándo, cómo y por qué debían desplazarse las personas, y dónde pertenecían.

El problema nunca fue el movimiento en sí, sino quién tenía el poder de decidir cuándo, cómo y por qué debían desplazarse las personas, y dónde pertenecían.

Un día, mientras atravesábamos un bosque más joven, Silang, uno de los miembros de nuestro equipo, explicó que aquel había sido el emplazamiento de Long Titi, y que en el pasado, durante el periodo seminómada, las comunidades se desplazaban cada vez que ocurría una tragedia. En un ecosistema donde nada es permanente, donde la materia sucumbe al calor y la humedad y el curso de los ríos cambia de un día para otro, esta forma de afrontar el cambio rechaza el fatalismo o la resignación y revelando, en cambio, una sabiduría sobre cómo encontrar un lugar propio en medio de la impermanencia. Pero ¿a dónde pertenece uno cuando la cubierta forestal se hunde bajo una superficie única y quieta?

Un territorio al que pertenecer

Al cuestionar la idea desarrollista de que las comunidades indígenas y remotas son poblaciones que esperan ser absorbidas por un único modelo de sociedad, los Punan-Tubu muestran algo diferente: un pueblo que negocia activamente el equilibrio que le ha permitido mantenerse durante tanto tiempo. Desde una perspectiva de salud global, el impacto abrupto de las grandes infraestructuras, los cambios graduales en la dieta y la exposición a metales pesados derivada de los cambios tecnológicos van más allá de lo que pueden captar por sí solos la evaluación de exposiciones o los indicadores de salud. En conjunto, esto reafirma que la salud forma parte de una relación compleja entre las decisiones individuales, las decisiones del Estado y las transformaciones globales.

Maret, Silang, Muly y Santo llegando a Long Tepu.

Y, sin embargo, nada de esto puede entenderse plenamente sin el territorio, lo que nos devuelve a las palabras de Muliono, a aquella declaración de pertenencia a una tierra vasta, viva y mutable. La dificultad de acceso, el dominio de los desplazamientos río arriba y río abajo y la adaptación de nuevos cultivos a los antiguos campos forman parte de ese lugar donde nacieron sus padres y donde todavía tiene sentido permanecer. Defender estos territorios significa proteger áreas de enorme biodiversidad y valor ecológico, pero también horizontes sociales significativos que difieren de las formas dominantes y extractivas de habitar el planeta. Como tantos otros pueblos indígenas de todo el mundo, los Punan-Tubu nos recuerdan que otro mundo posible ya existe, sostenido continuamente por quienes nunca dejaron de vivirlo.

Porque la salud es planetaria, es inseparable de los territorios, los ecosistemas y las formas colectivas de vida que la hacen posible. En este sentido, situar estas formas de vida en el centro de las agendas de salud global significa reconocerlas como mundos de los que podemos aprender y unirnos a estas comunidades en su defensa.

Niños en la casa de huéspedes, Long Ranau.