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Vacunas: es momento de apostar por la innovación

09.7.2015

El hecho de que las vacunas hayan permitido proteger a la población contra toda una serie de enfermedades puede conducir a la percepción de que el riesgo es mayor que el beneficioEl caso reciente de un niño de 6 años afectado gravemente de difteria y no vacunado contra la misma ha llenado tristemente la prensa de artículos a propósito de la vacunación, o del derecho de los padres a no aceptarla.

Aunque en situaciones como ésta se suele reconocer de forma inmediata el inmenso valor de las vacunas, lo cierto es que la necesidad de seguir vacunando sigue siendo injustamente cuestionada.

Entre las razones para ello, paradójicamente, se encuentra la propia efectividad de las vacunas, ya que el hecho de que hayan permitido proteger a la población contra toda una serie de enfermedades puede conducir, por un lado, a la percepción de que el riesgo es mayor que el beneficio —ya no se detectan casos o se detectan pocos— y por otro de que el entorno vacunado protegerá a aquellos que no lo estén.  A todo ello, por supuesto, cabe añadir los casos de rechazo a las vacunas por los que les achacan efectos nocivos no probados. 

Desgraciadamente, muchas áreas del mundo están lejos de haber alcanzado una cobertura vacunal correctaLa realidad es que para que la inmunización obtenga los resultados deseados hay que seguir vacunando y hay que hacerlo con las pautas que los expertos en salud pública establezcan y con las vacunas adecuadas, las clásicas y las que van apareciendo. El objetivo último es que se mantengan los niveles de protección comunitaria óptimos, pues de otra manera un aumento de los individuos susceptibles elevaría el riesgo de brotes de una determinada enfermedad.

Y todavía hay que ir más lejos, puesto que nuestra aproximación al problema debe ser global. Desgraciadamente, muchas áreas del mundo —y precisamente las que debido a la carga de enfermedad que experimentan  son las que más se pueden beneficiar— están lejos de haber alcanzado una cobertura vacunal correcta por diferentes razones. En consecuencia, se pierden millones de vidas que podrían ser salvadas con la vacunación. Este es sin duda uno de los objetivos inmediatos e ineludibles.

Pero en paralelo se puede hacer mucho más. Las grandes líneas de la innovación en este campo —y la lista no es exhaustiva— incluyen:

1) Desarrollar nuevas vacunas. Uno de los ejemplos más recientes del interés de disponer de una nueva vacuna y cuanto antes posible es el del virus del Ébola. El novedoso desarrollo clínico que se está siguiendo no solo nos llevará a obtener un producto, sino que ofrecerá varias lecciones posiblemente aplicables a otros.

La innovación, a veces, consiste en mejorar un producto ya existente dando lugar a otro —que si se quiere puede llamarse “nuevo”— con características similares pero con un plus2) Mejorar algunas de las vacunas existentes. La innovación, a veces, consiste en mejorar un producto ya existente dando lugar a otro —que si se quiere puede llamarse “nuevo”—  con características similares pero con un plus: por ejemplo, una de las dos compañías con productos en el mercado contra el virus del papiloma humano ha producido recientemente una versión mejorada, cuya formulación permite actuar no solo contra los dos tipos oncogénicos predominantes contenidos en la vacuna original, sino contra un espectro más amplio.

3) Facilitar la administración de las vacunas. Las vacunas se suelen administrar por la vía parenteral con un inyectable, pero si en vez de utilizar la jeringa y la aguja clásicas utilizamos un “parche de micro-agujas” no solamente puede resultar más fácil y más agradable al paciente, sino que podría ser incluso más eficiente. Este sistema está probándose para la vacuna anti-sarampionosa, entre otras.

4) Utilizar las vacunas de manera diferente y novedosa. Por ejemplo, reducir las dosis espaciándolas convenientemente en el calendario vacunal representa una manera eficiente de mejorar la cobertura, ya que se reduce el número de contactos.

5) Incrementar la accesibilidad a las vacunas a quienes más las necesitan. A través de diferentes  estrategias, como por ejemplo nuevos métodos que abaraten la producción, nuevas compañías que estén dispuestas a producirlas, formuladas de manera que se evite o simplifique la cadena del frío, etc., los sistemas sanitarios pueden ver su tarea facilitada.

Es una lástima que a día de hoy tengamos que seguir desviando recursos y energías para “defender” la importancia de las vacunasEl abanico de posibilidades en el campo de la inmunización y las vacunas es realmente amplio, pudiendo incluirse en cada nuevo desarrollo, además, aspectos ventajosos adicionales, como una mejor seguridad vacunal.

Las vacunas son una de las intervenciones de salud pública más costo-efectivas que existen. No solo son útiles en la prevención y en el control de numerosas enfermedades, a veces mortales, sino que pueden contribuir enormemente a la calidad de vida. Es una lástima que a día de hoy tengamos que seguir desviando recursos y energías para “defender” su importancia —algo que a estas alturas debería ser ya evidente—, en lugar de concentrar todos los esfuerzos en el campo de la innovación.

Por lo tanto, deberíamos ser dinámicos y al mismo tiempo que preservamos la tarea de seguir vacunando y de hacerlo correctamente, adelantarnos a las necesidades futuras con nuevas herramientas de trabajo y de intervención sanitaria.