Why the New Coronavirus Does not Like Soap

Por qué al coronavirus no le gusta el jabón

14.10.2020
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Día Mundial del Lavado de Manos - 15 de octubre

Yo: "Antón, lávate las manos"

Mi hijo: "Ya está…"

Yo: "Con jabón…"

Mi hijo: "Ya está…"

Yo: "Más tiempo… que con tres segundos no basta…"

¿Os suena familiar? Estoy segura de que no soy la única madre/padre en mantener esta recurrente, y algo monótona, conversación con nuestras o nuestros vástagos cada vez que llegan a casa o se sientan a comer; la misma que seguramente mantuvieron nuestras madres y padres con nosotros hace varias décadas.

Sin embargo, esta conversación ha cobrado particular relevancia en tiempos del coronavirus –un virus que se transmite principalmente por vía aérea pero también si nos tocamos la cara (nariz, ojos, boca) con manos contaminadas. Y recordemos que la mayoría de las personas tenemos el (mal) hábito de tocarnos la cara muy frecuentemente –cada dos a tres minutos, en promedio.

Contra este nuevo virus aún no hay un tratamiento eficaz ­­–se necesitarán todavía varios meses y millones de euros para probar la eficacia de los primeros tratamientos específicos–. Pero sí que tenemos una medida preventiva increíblemente poderosa y barata: el jabón.

Contra este nuevo virus aún no hay un tratamiento eficaz. Pero sí que tenemos una medida preventiva increíblemente poderosa y barata: el jabón

Ya en una ocasión anterior escribí sobre la higiene de manos, una medida que ha salvado millones de vidas y que hoy en día no cuestionamos, aunque le costó su empleo –y su cordura– al médico austriaco que trató de convencer a sus colegas de ello en el siglo XIX.

Si bien hoy en día todos aceptamos la importancia de lavarnos las manos, quizás no muchos conocemos la explicación, a nivel molecular, de por qué el jabón funciona tan bien contra los virus y otros “bichos” microscópicos que gustosos viajan pegados a nuestras manos.

Los virus y el jabón

El jabón se obtiene combinando grasas animales o aceites vegetales con una base alcalina (lejía) disuelta en agua. Las moléculas que lo componen tienen una “cabeza” a la que le gusta el agua (hidrofílica) y una “cola” a la que no le gusta interactuar con el agua (hidrofóbica) pero sí con las grasas. Por su lado, muchas bacterias y virus, incluyendo los coronavirus, están rodeados de una capa de lípidos que los protege. De hecho, es una doble capa en la que las colas hidrofóbicas apuntan hacia el interior y la parte hidrofílica apunta hacia el exterior (algo parecido a un sándwich).

¿Qué pasa con los virus cuando lavamos las manos con agua y jabón? Las partes hidrofóbicas de las moléculas de jabón buscan esconderse del agua, y una manera de hacerlo es insertándose en la capa lipídica que rodea al virus. Esto provoca un efecto de “palanca” que desestabiliza y abre la membrana, desintegrando así al virus. Acto seguido, las moléculas de jabón rodean los fragmentos de virus, bacterias, tierra o cualquier otra partícula adherida a nuestra piel, formando pequeñas esferas (o micelas) con la parte hidrofóbica hacia el interior y la hidrofílica hacia el exterior. Un poco de agua para enjuagar todo eso, y adiós muy buenas.

 

Ahora bien, romper la capa de lípidos que cubre y protege al virus lleva su tiempo, y es por eso que los tres segundos de Antón no bastan. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lavarse las manos durante al menos 20 segundos (o, si os gusta cantar, el tiempo de cantar ‘Happy Birthday’ dos veces). En cambio, no importa el tipo de jabón que se usa –así que no vale la pena gastar más en jabones “antibacterianos”­­–, como tampoco influye la temperatura del agua ­­–no es necesario quemarnos las manos­­­.

Ahora bien, romper la capa de lípidos que cubre y protege al virus lleva su tiempo. La OMS recomienda lavarse las manos durante al menos 20 segundos (o, si os gusta cantar, el tiempo de cantar ‘Happy Birthday’ dos veces)

Ciertamente, a falta de agua y jabón1 se puede usar gel hidroalcohólico (con un contenido de alcohol igual o mayor al 60%) para inactivar al virus, aunque funciona menos bien si tenemos las manos grasosas o sucias, y es menos eficaz que el jabón para inactivar otro tipo de microorganismos.

Ayudar a limitar la transmisión de este y otros agentes infecciosos está, literalmente, en nuestras manos bien lavadas.

 

 

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1 820 millones de niñas y niños en el mundo carecen de instalaciones en sus escuelas para lavarse las manos con agua y jabón, según un informe reciente de UNICEF.