Publicador de contenidos
javax.portlet.title.customblogportlet_WAR_customblogportlet (Blog Health is Global)

Quizás deberíamos dejar que la investigación nos transforme primero: lecciones de la investigación participativa con mujeres refugiadas

09.7.2026
Maybe We Should Let the Research Transform Us First Lessons from Participatory Research with Refugee Women
Foto: La imagen principal muestra a Kowthar en el campo de refugiados de Mavrovouni (Lesbos). El collage ilustra momentos del proceso de investigación participativa, desde la recopilación de datos hasta las sesiones colectivas para dar sentido a los resultados obtenidos.

Investigación participativa, salud de las mujeres refugiadas y las pequeñas formas de justicia que ocurren antes y más allá de la publicación.

 

Tiempo de lectura: 4 min

Aquel verano en el campo de refugiados de Mavrovouni, en Lesbos (Grecia), la temperatura alcanzó los 40 °C. Mavrovouni es una de las conflictivas puertas de entrada a Europa desde el mar Egeo para quienes se ven privados de la posibilidad de viajar por vías regulares. El calor ascendía desde la grava, los bebés lloraban en las tiendas de campaña sofocantes, la gente pasaba horas en las colas de la comida, la conexión wifi se perdía y alguien a quien llevábamos días intentando localizar para una entrevista resultó que había sido trasladado de repente a otro lugar.

Intentábamos hacer algo que aún no se había hecho: llevar a cabo un análisis exhaustivo de la salud sexual y reproductiva femenina en un campo de refugiados europeo. Pero no solo queríamos analizar a las personas que vivían allí, sino que queríamos hacerlo con ellas al frente. Cuando llegué a Lesbos, no tenía ni idea de que me adentraría en una comunidad de mujeres cuya fe, sentido del humor, disciplina, cuidado mutuo y negativa a rendirse transformarían mi forma de ver el mundo.

Aún recuerdo mi sorpresa cuando, cada vez que algo salía mal, Kowthar, una de las mujeres que representaba a la comunidad somalí y que más tarde se convertiría en mi hermana, decía serenamente: “No problem, we fix it” (No pasa nada, lo arreglaremos).

El conocimiento ya estaba allí

Esta actitud positiva fue la que impulsó el proyecto. Y unos años más tarde, ahora que se acaba de publicar nuestro artículo de investigación sobre la parte cuantitativa del proyecto —forma parte de un estudio participativo más amplio con métodos mixtos dirigido por Jamilah Sherally—, pienso en lo imposible que habría sido este trabajo sin las nueve coinvestigadoras refugiadas que representaban a las distintas lenguas y comunidades que vivían allí.

Pienso en lo imposible que habría sido este trabajo sin las nueve coinvestigadoras refugiadas que representaban a las lenguas y comunidades que vivían allí. No estaban allí como traductoras ni como asistentes, sino como coproductoras de conocimiento en una situación en la que ellas eran las expertas.

No estaban allí como traductoras ni como asistentes, sino como coproductoras de conocimiento en una situación en la que ellas eran las expertas. Tras tres semanas de debate, formación y desacuerdos, y siete borradores, la encuesta de hogares pasó de 232 preguntas a 119. Aun así, seguía siendo ambiciosa, ya que abarcaba la atención a la maternidad, la anticoncepción, la menstruación, el aborto, la mutilación genital femenina y mucho más.

Las largas discusiones no retrasaron innecesariamente el proyecto, sino que ese trabajo colectivo consiguió que el estudio fuera lo suficientemente riguroso y honesto como para reflejar las necesidades reales de salud sexual y reproductiva de las mujeres de Mavrovouni. Sin ese proceso, habríamos hecho preguntas más limitadas y habríamos obtenido respuestas también más limitadas. Para conocer con más detalle cómo las coinvestigadoras dieron forma al estudio desde su diseño hasta su difusión, puede consultarse (en inglés) Cómo predicar con el ejemplo: consideraciones prácticas para la investigación participativa en salud global.

En aquel contexto de precariedad, incertidumbre y violencia burocrática, nuestro equipo logró entrevistar a 247 mujeres en edad reproductiva: el primer análisis de situación realizado en un campo de refugiados europeo.

Cuando la salud se trata como una emergencia y la violencia como una política

Los resultados se hacen eco de lo que la literatura humanitaria sobre salud sexual y reproductiva lleva tiempo demostrando: se da prioridad a la atención de emergencia mientras que las necesidades preventivas, a largo plazo y basadas en los derechos quedan relegadas. Cabe destacar que nuestro estudio reveló que más de la mitad de las mujeres habían sufrido al menos una devolución en caliente (pushback) antes de llegar a Lesbos, y que dos mujeres declararon haber perdido a un hijo durante la travesía por mar. Estos hallazgos no pueden separarse del sistema fronterizo europeo en el que se produjeron: las organizaciones de derechos humanos han documentado repetidamente devoluciones forzosas violentas en Europa, mientras que los documentos de la UE muestran que se han destinado miles de millones de euros a ayudas a Grecia para la gestión de la migración y las fronteras.

La justicia no tiene por qué esperar

No habríamos podido realizar esta investigación sin Kowthar y el resto de investigadoras; es un hecho metodológico. Pero el proyecto también fue importante porque reconoció su valor en un sistema en el que los procedimientos de asilo crean lagunas en el currículum de las personas y obligan a que su futuro quede en suspenso. Contratar a mujeres refugiadas significaba decirles: vuestros conocimientos y vuestras competencias cuentan ahora mismo, y vuestro futuro no empieza cuando un gobierno decida que podéis tenerlo.


Audrey Benson y Kowthar Mohamed durante la presentación del estudio cuantitativo en el congreso ECTMIH en Hamburgo, y el momento en el que recogieron el premio al mejor póster.

Como muchas otras personas, Kowthar acabó marchándose de Grecia y solicitó asilo en Alemania. Más tarde, Jamilah nos invitó a presentar dos estudios del proyecto global en el ECTMIH de Hamburgo. Apenas unos días antes de viajar, Kowthar recibió la denegación de su solicitud de asilo, pero vino de todos modos. Se subió a un escenario académico y presentó las evidencias producidas por mujeres cuyas historias suelen ser puestas en duda o minimizadas, mientras que su propia historia acababa de ser puesta en duda por el sistema de asilo.

La Investigación-Acción Participativa me enseñó que, mientras luchamos por un cambio estructural, seguimos siendo responsables de formas de justicia más pequeñas que ya están a nuestro alcance: a quién se paga y se reconoce el mérito, quién habla y a quién se escucha, a quién se cree y a quién se le da espacio para crecer hacia un futuro más allá de la supervivencia.

Y cuando nuestra presentación en póster ganó un premio, subir al escenario a aceptarlo fue una experiencia compleja. Sabíamos que un premio no frenaba las violentas políticas fronterizas. Pero si la justicia solo se concibe a esa escala, puede volverse tan vasta que la gente se sienta paralizada ante ella. La Investigación-Acción Participativa me enseñó que, mientras luchamos por un cambio estructural, seguimos siendo responsables de formas más pequeñas de justicia que ya están a nuestro alcance: a quién se le paga y se le reconoce, quién habla y a quién se escucha, a quién se le cree y a quién se le da espacio para crecer hacia un futuro más allá de la mera supervivencia.

La herida es el lugar por donde entra la luz

Hace unas semanas, Kowthar me llamó. Tras años de denegaciones, luchas y rezos, le habían concedido el asilo. Lloramos de alivio al ver que se había hecho justicia, aunque fuera solo un poco.

Kowthar no debería haber tenido que ser valiente de la forma en que se ha visto obligada a serlo. Pero si ella es capaz de vivir bajo el peso del rechazo y, aun así, seguir estudiando el sistema, señalar su violencia y exigir algo mejor, entonces nosotros también podemos hacerlo. Podemos negarnos a esperar a que se publiquen los resultados antes de buscar justicia, reconociendo la participación como un compromiso ético y humano.

Aunque ahora todo parezca estar roto, podemos mirarnos unos a otros y decir lo que Kowthar nos enseñó a decir: “No problem, we fix it” (Lo arreglaremos).