La cooperación internacional en salud y los países de renta media

La cooperación internacional en salud y los países de renta media

23.2.2016
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¿Deben los países de renta media recibir ayuda internacional para mejorar sus sistemas de salud? En la actualidad hay un debate sobre este tema y la respuesta no es sencilla. Por un lado, la salud está directamente relacionada con la equidad y la pobreza. El acceso a la salud por parte de una población depende en gran medida de factores económicos, políticos, éticos y sociales. Por otro lado, la ayuda internacional frecuentemente entra en conflicto con la soberanía de los países y sus políticas internas.

La pregunta es clara: ¿por qué los países que en las últimas décadas han aumentado su riqueza albergan a día de hoy más gente pobre?

En las últimas décadas, la carga de la pobreza global se ha ido concentrando en los países de renta media (MIC, del inglés, Middle-income countries), que actualmente albergan a las tres cuartas partes de todas las personas pobres del mundo. El otro cuarto se concentra en países de renta baja, especialmente en África subsahariana. Esto significa, por ejemplo, que China e India que están clasificados como MIC, concentren el 50% de la pobreza a nivel mundial. La pregunta es clara: ¿por qué los países que en las últimas décadas han aumentado su riqueza albergan a día de hoy más gente pobre?

Esta variación se explica por varios factores, entre ellos el mecanismo de calificación de los países utilizado para asignar recursos por parte de la comunidad internacional: la renta per cápita. Este indicador no determina la distribución de la riqueza dentro del país ni tiene en cuenta las múltiples dimensiones del concepto de desarrollo, ni la heterogeneidad territorial y social que caracteriza a este grupo de países. Por esto, se hacen necesarios otros criterios complementarios a la renta per cápita para poder determinar las brechas estructurales de cada país y reflejar su nivel de desarrollo, teniendo en cuenta también su nivel de endeudamiento. Además, no existen mecanismos fiables para valorar el impacto que tiene la ayuda internacional en el crecimiento de un país.

La falta de acceso a la salud forma parte de un problema mayor, el de la pobreza e inequidad, donde es necesario el desarrollo de políticas, la asignación de recursos y la ayuda más allá de la cooperación oficial

Queda claro que la falta de acceso a la salud forma parte de un problema mayor, el de la pobreza e inequidad, donde es necesario el desarrollo de políticas, la asignación de recursos y la ayuda más allá de la cooperación oficial.

El desarrollo y la ayuda internacional deben adoptar el compromiso con las personas pobres más que con los países pobres.

También vale la pena preguntarse si la efectividad de la ayuda debe centrarse en la calidad más que en la cantidad.

Muchos países de renta media son en principio capaces de sostener a sus poblaciones, brindar los servicios de salud necesarios, prevención y monitorización de los sistemas de salud. A pesar de esto, en muchas ocasiones unas estructuras gubernamentales débiles, la corrupción y la mala gestión de sus recursos llevan a la falta de acceso a los servicios sanitarios, aún cundo existe la capacidad de ofrecer atención sanitaria. La ayuda internacional, no puede por sí misma salvar estas brechas por el principio de soberanía de los estados.

La ayuda internacional, podría ser de gran ayuda en el apoyo de dos aspectos:

1) fomentar el desarrollo estructural de los sistemas de salud, mediante la transferencia de tecnología low-cost, transferencia de conocimientos y fortalecimiento de las capacidades institucionales,

2) incentivar organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y movimientos sociales locales para brindar a los ciudadanos el acceso a la información en materia de derechos humanos y colectivos.

El empoderamiento de las comunidades se hace imprescindible si hablamos de transparencia y rendición de cuentas por parte de los gobiernos

El empoderamiento de las comunidades se hace imprescindible si hablamos de transparencia y rendición de cuentas por parte de los gobiernos. La población debe obligar a los estados a asignar los recursos de forma racional y salvaguardar el acceso a la sanidad de toda la población sin discriminación de ningún tipo. Generando de esta forma una población capaz de monitorizar los recursos, asegurar la igualdad, reducir la brecha de la pobreza de forma duradera y sostenible, desde un movimiento interno.


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