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Fútbol, petróleo y salud pública: una relación que ya no podemos ignorar

22.7.2026
Fútbol, petróleo y salud pública
Foto: Canva

Este artículo no va sobre fútbol. Va sobre cómo los combustibles fósiles moldean nuestra vida cotidiana, nuestras ciudades, nuestro clima y, en última instancia, nuestra salud. El fútbol es simplemente el espejo más visible de un fenómeno mucho más amplio.

 

Tiempo de lectura: 3 min

 

[Este artículo ha sido escrito conjuntamente por Manolis Kogevinas, profesor emérito de ISGlobal, y Neil Pearce, profesor de Bioestadística y Epidemiología en la London School of Hygiene and Tropical Medicine. El texto es una adaptación de su artículo científico "Football, fossil fuels, and public health in the era of climate crisis", publicado en la revista Environmental Epidemiology]

 

En diciembre de 2022, millones de personas vieron a Lionel Messi levantar la Copa del Mundo envuelto en un bisht (vestimenta tradicional) que le colocó el emir de Catar. La imagen se convirtió en un símbolo global, no solo por su valor deportivo, sino porque revelaba algo más profundo: la creciente fusión entre el deporte más popular del planeta y los intereses económicos de los grandes productores de combustibles fósiles.

En el Mundial 2026, un de los patrocinadores era Aramco, la empresa estatal de petróleo de Arabia Saudita y, además, en 2034 el Mundial se va a celebrar precisamente en Arabia Saudita.

Pero este artículo no va sobre fútbol. Va sobre cómo los combustibles fósiles moldean nuestra vida cotidiana, nuestras ciudades, nuestro clima y, en última instancia, nuestra salud. El fútbol es simplemente el espejo más visible de un fenómeno mucho más amplio: la capacidad de ciertas industrias para influir en la cultura y en la percepción pública a través de plataformas de enorme alcance.

Un vínculo que va mucho más allá del deporte

Durante décadas, las grandes petroleras y los estados cuya riqueza depende del petróleo y el gas han invertido miles de millones en proyectos de visibilidad global. Algunas estimaciones sitúan esta inversión anual en torno a los 6.000 millones de dólares. El deporte, y especialmente el fútbol, es uno de los vehículos más eficaces para ello. No es casualidad que algunos de los clubes más exitosos de Europa estén controlados por fondos soberanos de países productores de petróleo, ni que aerolíneas estatales o empresas energéticas aparezcan en camisetas, estadios y retransmisiones. El resultado es una presencia constante, casi invisible por su normalidad, de industrias responsables de una parte sustancial de las emisiones globales.

No es casualidad que algunos de los clubes más exitosos de Europa estén controlados por fondos soberanos de países productores de petróleo, ni que aerolíneas estatales o empresas energéticas aparezcan en camisetas, estadios y retransmisiones. El resultado es una presencia constante, casi invisible por su normalidad, de industrias responsables de una parte sustancial de las emisiones globales.

Incluso los entrenadores más admirados del fútbol contemporáneo, Pep Guardiola, hasta hace poco en el Manchester City, y Luis Enrique en el Paris Saint Germain, trabajan en proyectos deportivos cuya excelencia está sostenida por capital procedente de economías basadas en combustibles fósiles, a través de los fondos soberanos de Emiratos Árabes Unidos y Catar, respectivamente. No es una crítica a ellos, sino una constatación: el talento deportivo convive hoy con estructuras financieras que tienen profundas implicaciones para el clima y la salud pública.

Pero reducir esta estrategia a una cuestión de imagen sería ingenuo. Lo que está en juego es la capacidad de estas industrias para mantener su legitimidad social en un momento en que la ciencia es inequívoca: la quema de combustibles fósiles es el principal motor del cambio climático, y el cambio climático es ya la mayor amenaza para la salud pública del siglo XXI.

La salud pública en la era del clima extremo

El cambio climático no es un fenómeno abstracto. Sus efectos sobre la salud están documentados y se intensifican cada año:

  • Olas de calor más frecuentes y mortales.
  • Contaminación atmosférica que causa millones de muertes prematuras.
  • Eventos extremos, inundaciones, incendios, sequías, que alteran ecosistemas y desplazan poblaciones.
  • Enfermedades infecciosas que se expanden a nuevas regiones.

Estos riesgos están recogidos en múltiples informes, como el del Lancet Countdown, una de las evaluaciones más completas sobre clima y salud, en la cual investigadores de ISGlobal participan activamente.

Mientras los impactos del cambio climático aumentan, las industrias responsables de la mayor parte de las emisiones siguen encontrando espacios privilegiados para proyectar una imagen de modernidad, dinamismo y progreso.

Y, sin embargo, mientras los impactos aumentan, las industrias responsables de la mayor parte de las emisiones siguen encontrando espacios privilegiados para proyectar una imagen de modernidad, dinamismo y progreso.

El poder de la normalización

Aquí es donde el vínculo con el deporte, y con otras esferas culturales, se vuelve relevante. La publicidad y el patrocinio no solo venden productos: construyen imaginarios. Asociar combustibles fósiles con éxito, emoción o excelencia deportiva contribuye a mantener la idea de que estas industrias forman parte natural e inevitable de nuestra vida.

El sportswashing no es solo un problema ético. Es un determinante comercial de la salud, porque influye indirectamente en los riesgos sanitarios al retrasar o debilitar políticas de protección ambiental

Este fenómeno tiene un nombre: sportswashing, una forma de lavado reputacional que utiliza el deporte para suavizar la percepción pública de actividades con impactos ambientales negativos. Pero el sportswashing no es solo un problema ético. Es un determinante comercial de la salud, porque influye indirectamente en los riesgos sanitarios al retrasar o debilitar políticas de protección ambiental.

Un paralelismo incómodo: el tabaco

La historia ofrece un precedente claro. Durante décadas, la industria del tabaco utilizó el deporte para asociar sus productos con vitalidad y éxito. El resultado fue un retraso significativo en la adopción de políticas de control del tabaquismo.

Hoy nadie aceptaría que una marca de cigarrillos patrocinara la camiseta de un gran club. Sin embargo, seguimos aceptando, e incluso celebrando, que industrias responsables de una crisis climática con consecuencias sanitarias masivas ocupen ese espacio.

¿Es inevitable esta dependencia?

Una idea muy extendida es que el deporte, y por extensión otras actividades culturales, necesita este tipo de financiación para sobrevivir. Pero esta narrativa ignora algo fundamental: el sistema económico del deporte se ha construido sobre una espiral de gasto creciente, donde los ingresos adicionales no estabilizan el modelo, sino que alimentan una inflación permanente de salarios, fichajes y costes operativos.

En otras palabras: no es que el deporte necesite combustibles fósiles; es que el modelo actual del deporte necesita un flujo constante de capital, venga de donde venga.

Un momento para la responsabilidad colectiva

El debate sobre el papel de los combustibles fósiles en el deporte no es un debate sobre aficiones. No se trata de dejar de ver partidos ni de renunciar a la emoción que genera el juego. Se trata de reconocer que la cultura también forma parte del sistema que determina nuestra salud.

No se trata de dejar de ver partidos ni de renunciar a la emoción que genera el juego. Se trata de reconocer que la cultura también forma parte del sistema que determina nuestra salud.

Las sociedades científicas ya han demostrado que pueden liderar cambios éticos profundos, como ocurrió con el tabaco. Hoy, el desafío es mayor y más urgente. La pregunta no es si el deporte debe desvincularse de los combustibles fósiles, sino cuándo y cómo.

Porque, igual que en el siglo XX resultó inaceptable que el deporte sirviera para promocionar productos que mataban, en el siglo XXI debería resultarnos inaceptable que contribuya a normalizar la industria que está desestabilizando el clima del planeta.