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Actualidad

Las bicicletas están comenzando a ser cada vez más populares en ciudades de Europa, América, Asia y Oceanía. Ya existen más de 500 sistemas de bicicletas públicas alrededor del mundo y el número sigue creciendo. España está entre los países con más sistemas de bicicletas publicas en el mundo. Recientemente Madrid ha estrenado su sistema BiciMad, con 1.560 bicicletas eléctricas y Barcelona cuenta con uno de los sistemas más conocidos en el mundo, el Bicing, con 6.000 bicicletas en la ciudad. Pero ¿qué tan seguro es viajar en bicicleta en una ciudad? Con toda la contaminación, ¿es seguro ir en bicicleta? Estas son preguntas que a menudo nos vienen a la mente cuando nos subimos en una bicicleta.

El beneficio de la actividad física sobrepasa a los riesgos por la contaminación del aire"

Para responder estas preguntas primero tenemos que conocer a qué nos exponemos cuando nos subimos en una bicicleta. Proyectos de investigación a nivel europeo como TAPAS han definido las exposiciones más comunes a las que se somete un ciclista en un ambiente urbano, como son la contaminación del aire, los accidentes de tráfico y la actividad física. Cuando comparamos a alguien que viaja en coche con un ciclista, este último, al realizar un mayor esfuerzo físico, inhala una dosis mayor de contaminación en un mismo trayecto dentro de la ciudad. Pero al mismo tiempo, el ciclismo cotidiano ofrece un incremento en la actividad física del ciclista que se traduce en beneficios para su salud. Añadido a esto, el riesgo de sufrir un accidente de tráfico es mayor para los ciclistas que para alguien que viaja en coche. Entonces ¿qué pasa cuando consideramos estos tres factores en conjunto y ponemos en la balanza los riesgos y los beneficios? Estudios realizados en diferentes países han tratado de responder a esta pregunta y han llegando a una misma conclusión: "el beneficio de la actividad física sobrepasa a los riesgos por la contaminación del aire y de los accidentes de tráfico". Un buen ejemplo de estos estudios se ha realizado en Barcelona, donde se evaluó el impacto del sistema de bicicletas públicas Bicing en la salud. Este estudio encontró que el riesgo de mortalidad por la contaminación y los accidentes de tráfico es 70 veces menor a los beneficios que provee la actividad física en los ciclistas.

¿Qué hacer para reducir la exposición a la contaminación?

De estos hallazgos se desprende otra pregunta: ¿Hay algo que pueda hacer para disminuir mi exposición a la contaminación? Algunos ciclistas recurren a las mascarillas, ¿pero son la mejor solución? Recientes estudios han evaluado la capacidad de las mascarillas para filtrar la contaminación, principalmente las partículas suspendidas, que son las que producen mayores daños a la salud. Estos estudios han estimado que las mascarillas comerciales para ciclismo urbano logran detener a las partículas mas grandes, pero por desgracia dejan pasar las partículas más finas, como también permiten el paso de ciertos gases que componen la contaminación urbana. Entonces ¿cuál sería la recomendación para reducir nuestra exposición? Más que las mascarillas, elegir una buena ruta dentro de la ciudad puede disminuir nuestra exposición a la contaminación del aire hasta un 60%. De manera que viajar por una ruta con menos tráfico motorizado podría ser una solución a nuestro alcance para reducir no solo la exposición a la contaminación, sino también los accidentes de tráfico, ya que al viajar por rutas con menos densidad de tráfico también reducimos el riesgo de sufrir un accidente.

Elegir una buena ruta dentro de la ciudad puede disminuir nuestra exposición a la contaminación del aire hasta un 60%"

Aunque existen soluciones en nuestras manos, soluciones urbanísticas como la creación de infraestructuras ciclistas que sean seguras y segregadas del tráfico motorizado proveerán de una mayor reducción en la exposición a la contaminación y a los riegos de accidentalidad. Y más aun, las intervenciones a nivel de políticas públicas que ayuden a reducir los coches en las ciudades proveerán de grandes beneficios para la salud no solo de los ciclistas, sino de toda la población urbana. La sustitución de los viajes en coches por viajes en transporte público, caminando y en bicicleta favorecerán también la reducción de la congestión en el tráfico y de las emisiones de gases de efecto invernadero.

The PASTA project team

El equipo del estudio PASTA, en el CREAL de Barcelona.

Actualmente, el Centro de Investigación en Epidemiologia Ambiental (CREAL) en Barcelona, está llevando a cabo un estudio llamado PASTA (en Twitter, @PASTABCN), en el que busca determinar factores como la elección de la ruta, el modo de transporte (bicicleta, coche, trasporte público y caminar) y el urbanismo pueden afectar nuestra salud. Los estudios epidemiológicos ofrecen cada vez más respuestas a nuestras preguntas, pero aún quedan muchas preguntas sin resolver. Si te interesa participar como voluntario en este estudio y ayudar a resolver nuevas preguntas, puedes registrarte aquí y unirte a nosotros.

La primera vez que fui a trabajar a Sierra Leona fue en el año 1991. Esa primera experiencia superó con mucho mis expectativas como pediatra en África (la mortalidad infantil estaba cifrada en aquel momento en Sierra Leona en 257 por cada 1.000, actualmente es de 182). Desde entonces me he mantenido unida al Hospital Saint John of God de Mabesseneh, con el que en 2005 se hermanó el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, potenciando la cooperación entre ambos centros a través de proyectos asistenciales y programas de docencia, siempre con la misión común de reducir la morbi-mortalidad materna e infantil. A pesar de los más de 20 años que han transcurrido, en muchas ocasiones cuando estoy en el hospital de Saint John of God, tengo la sensación de que el tiempo se ha detenido: en las áreas rurales de Sierra Leona, la mortalidad por malaria sigue siendo muy alta; el conocimiento de la población sobre los síntomas de las enfermedades y cómo actuar delante de ellos es escaso; las redes mosquiteras, introducidas con éxito en otras poblaciones africanas, todavía no se utilizan habitualmente; los niños siguen llegando tarde al hospital y con cifras de hemoglobina con las que prácticamente es imposible mantenerse vivo. 

Sin un centro hospitalario al que acudir, ¿a dónde van las personas enfermas, a quién consultan, qué medicamentos toman? Cuando hace cinco meses se anunciaban los primeros casos de ébola confirmados en Sierra Leona, el hospital Saint John of God nos solicitó ayuda y el equipo del hermanamiento en Barcelona tuvo una rápida respuesta, en cooperación con otras organizaciones que trabajan en Mabesseneh, especialmente Globolab de Alemania, con la que nos complementamos en la ayuda. Asesorados por MSF, enviamos equipamiento para el aislamiento, material de protección y vídeos de formación, pero el esfuerzo no tuvo los resultados esperados. La epidemia se extendió y llegó en junio a Mabesseneh, población situada a unos 2 Km de la ciudad de Lunsar (distrito de Porto Loko, al norte del país). Pese a que el virus se confirmó en un paciente que había ingresado como sospechoso en el hospital, los resultados fueron contradictorios, con un último test negativo, y el ébola entretanto hizo su trabajo de amplificación. Las consecuencias: un hospital vacío, personal sanitario contagiado, miedo, pánico y, al final, ocho muertos entre nuestros trabajadores… Después, el cierre del centro, cuarentena y desinfección.

Sin un centro hospitalario al que acudir, ¿a dónde van las personas enfermas, a quién consultan, qué medicamentos toman? Ya antes de la cuarentena, la población, aterrorizada, había dejado de ir al hospital. Habitualmente en esta época, final de las lluvias, el servicio de pediatría está lleno, y en cada una de las 40 camas hay dos o tres niños. Antes del cierre, sólo había cuatro niños ingresados en el hospital. ¿Dónde están los demás? No van al hospital; algunos creen que en los hospitales te inoculan el virus, otros tienen  miedo al contagio, miedo a que los envíen al hospital de referencia para ébola en Kenema, a que los separen de sus familias o, en el peor de los casos, a morir y no tener la posibilidad de realizar los ritos mortuorios según sus creencias, la mayoría animistas.

El ébola no sólo mata por la propia infección, sino que en el contexto de la epidemia, la mortalidad por malaria, diarrea, infecciones respiratorias, etc. también aumenta. A ello se añade que cuando se pone en cuarentena a una población los suministros no llegan y los transportistas se niegan a viajar a lugares que han estado aislados, al tiempo que la población no produce, por lo que la hambruna puede también acrecentarse. Y el tejido social también se resiente. Las dos primeras enfermeras contagiadas en el Saint John of God huyeron al saber que lo estaban: una fue encontrada en su casa; la otra huyó a la capital, Freetown, y finalmente murió. Por el camino, no sabemos cuántos se contagiaron. Otra enfermera sana, que continúa trabajando en el hospital, me explicaba que fue a visitar a su hermana y esta le prohibió entrar en su casa. El miedo se transforma en pánico y deshumaniza a la población. El día que se abrió el hospital tras la cuarentena, un hombre con una obstrucción intestinal, que evidentemente no había podido ser intervenido, murió en la entrada del centro. Nadie se acercó, nadie lo cubrió, casi nadie siquiera lo miró. Podía tener ébola, una enfermedad que mata mucho más de lo que transmiten los números.

El blog Programa d’Agermanament amb Sierra Leona, del Hospital Sant Joan de Déu, ha hecho un seguimiento exhaustivo de la epidemia en Sierra Leona desde su inicio.

 

 

Victoria Fumadó es Directora técnica de la fundación África Viva, investigadora adscrita a la Iniciativa de Salud Materna, Infantil y Reproductiva de ISGlobal y responsable de la Unidad de Enfermedades Infecciosas e Importadas del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Sant Joan de Déu

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