Sexta ola de COVID-19: la misma tormenta, pero no el mismo barco

Sexta ola de COVID-19: la misma tormenta, pero no el mismo barco

01.12.2021
Ships in a Storm on a Rocky Coast
Foto: Jan Porcellis, Public domain, via Wikimedia Commons

Llevamos unos días con el ojo puesto en lo que la nueva variante puede –o no- hacer, como si hubiéramos olvidado que ya estamos en una sexta ola en la que ómicron poco tiene que ver. El aumento constante en la incidencia de casos en las últimas semanas en España y en Europa debe recordarnos que seguimos enfrascados en una pandemia y encarando el primer invierno con delta, una variante altamente transmisible. Ciertamente, estamos mejor parados que el invierno pasado, cuando apenas empezaban a ponerse las primeras vacunas y la variante alfa hacía irrupción. Ahora tenemos varias vacunas altamente eficaces para prevenir la hospitalización y la muerte (aunque se ha ido perdiendo algo de eficacia frente a las infecciones), y en algunos países como España un alto porcentaje de la población está vacunada, lo cual ha permitido debilitar considerablemente el vínculo entre casos y hospitalizaciones o muertes (aún no está claro el impacto de la vacunación sobre la COVID-19 prolongada).

Llevamos unos días con el ojo puesto en lo que la nueva variante puede –o no- hacer, como si hubiéramos olvidado que ya estamos en una sexta ola en la que ómicron poco tiene que ver

Pero no es momento de complacencia, ni de echar campanas (o mascarillas) al vuelo. Estamos en un momento en que la población mayor de 60 años requiere una dosis de refuerzo para volver a quedar bien protegida contra la enfermedad. Estamos en un momento en que el personal sanitario, sobre todo en la atención primaria, está agotado tras casi dos años de pandemia, y lidiando con varios virus respiratorios al mismo tiempo. Y estamos en un momento en que la población está cansada de respetar medidas de seguridad y que tiene ganas de juntarse con amigos y familiares estas navidades. El hecho de estar vacunados disminuye la percepción de riesgo (ciertamente estamos protegidos contra enfermedad grave, pero aun así podemos infectarnos e infectar a otros). Todos estos factores combinados, junto con la posible llegada de ómicron, crean las condiciones propicias para otra gran ola.

Aún falta saber qué hará ómicron y si logrará desplazar a delta. Pero como dice el proverbio: hay que esperar lo mejor y prepararse para lo peor. Lo bueno es que ya sabemos qué medidas funcionan, independientemente de la variante: mascarillas y ventilación. También tenemos una buena parte de la población con inmunidad (por infección y/o vacunación) suficiente para proteger contra las formas más graves de la enfermedad (por el momento no hay ninguna variante que haya escapado al efecto protector de las vacunas). Y existe la opción de actualizar las vacunas en un tiempo relativamente corto, si fuera necesario.

Para evitar lo peor, necesitamos poner nuestro grano de arena a nivel individual, y nuestro costal de arena a nivel internacional para acelerar la salida de esta tormenta

Para evitar lo peor, necesitamos poner nuestro grano de arena a nivel individual, y nuestro costal de arena a nivel internacional para acelerar la salida de esta tormenta. A nivel individual, se trata de seguir respetando las precauciones mínimas durante este invierno, a pesar del hartazgo que todos sentimos: llevar mascarilla en lugares públicos cerrados, limitar las reuniones con no convivientes dentro de lo posible, ventilar bien los espacios en los que nos reunimos. Además, cada país debe reforzar la vigilancia epidemiológica y la vigilancia genómica del virus, y comunicar los datos de manera transparente y rápida (tal y como hizo Sudáfrica). A nivel internacional, los países ricos deben dejar de actuar según sus intereses políticos y tomar acciones basadas en la ciencia, empezando por reforzar controles en viajeros, pero no cerrar fronteras, o dejar de acaparar vacunas para terceras y cuartas dosis y hacer lo necesario para que lleguen, ya, en cantidad suficiente a los países de baja y media renta para cubrir por lo menos al personal sanitario y a las personas más vulnerables. De otra manera, no bastarán las letras del alfabeto griego para todas las variantes que seguirán surgiendo y propagándose en lugares con baja cobertura de vacunación.

No solo estamos en mejores barcos, sino que nuestras acciones egoístas están provocando aún más olas para los barcos más frágiles

Como dijo el poeta británico Damian Barr “estamos todos en la misma tormenta, pero no en el mismo barco”. Nada más cierto para esta pandemia. No solo estamos en mejores barcos, sino que nuestras acciones egoístas están provocando aún más olas para los barcos más frágiles. Este invierno es el momento de demostrar que podemos ser más solidarios - con la gente que nos rodea, con el personal sanitario, con las poblaciones vulnerables, con los países que tienen problemas para acceder a vacunas y tratamientos.

Se ha dicho una y otra vez: en esta crisis, o remamos juntos o nos hundimos todos. Rememos juntos para sortear esta sexta ola. Con un poco de suerte, será una de las últimas.