La innovación: una apuesta a largo plazo contra la malaria

La innovación: una apuesta a largo plazo contra la malaria

09.9.2019
image alt

[Este artículo ha sido escrito por Matiana González-Silva y Regina Rabinovich, coordinadora y directora, respectivamente, de la Iniciativa para la Eliminación de la Malaria de ISGlobal]

El Grupo Estratégico Consultor sobre la Erradicación de la Malaria (SAGme) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) resaltó recientemente en sus conclusiones que, dadas las proyecciones actuales sobre la evolución de factores económicos, medioambientales y políticos, la erradicación sigue siendo un objetivo a largo plazo en la agenda global. El informe identifica las carencias que existen en este momento en términos de recursos, así como la necesidad de innovaciones y de un compromiso sostenido para luchar contra esta enfermedad en las zonas de mayor incidencia.

Llevar a la práctica las soluciones innovadoras es un elemento fundamental para acelerar el progreso hacia la erradicación de la malaria

La innovación ha sido clave para conseguir los mayores avances de la salud global durante los últimos 150 años. Sin contar la comprensión más básica de la teoría del germen de las enfermedades infecciosas, herramientas que hoy damos por sentadas –como los antibióticos, la anestesia o la terapia de rehidratación oral- son resultado de una buena investigación científica: un sistema complejo que incluye no sólo a los científicos y sus instituciones, sino también a financiadores, organismos reguladores, responsables de las políticas públicas y una sociedad que invierte en ciencia y está abierta a la innovación.

Fue la ciencia la que creó la vacuna contra la viruela –y la aguja bifurcada con la que se administró–, permitiendo la erradicación de la única enfermedad humana que ha desaparecido hasta el momento como fruto de una campaña deliberada. Y las herramientas contra la malaria con las que contamos actualmente –redes mosquiteras impregnadas con insecticidas, pruebas de diagnóstico rápido, medicamentos con artemisinina y la vacuna que está siendo probada en condiciones de la ‘vida real’ en África- son también resultado de una rigurosa generación de evidencia científica, y de la concurrencia de actores que van desde las instituciones de investigación hasta los Ministerios de Salud, organizaciones internacionales, la sociedad civil, el sector privado y las poblaciones afectadas.

Pero la historia nos advierte de los peligros de no calibrar de manera adecuada el papel de la ciencia en la salud global. El Programa Mundial para la Erradicación de la Malaria de la OMS (1955-1969) confió a tal punto en la efectividad del insecticida DDT (entonces novedoso) -combinado con el tratamiento efectivo con cloroquina-, que la investigación sobre malaria prácticamente se detuvo y dejó de formarse a nuevos malariólogos. Cuando el mosquito se volvió resistente al DDT, no había nuevos productos en desarrollo ni recursos humanos suficientes, y la malaria resurgió.

La historia nos advierte de los peligros de no calibrar de manera adecuada el papel de la ciencia en la salud global

Otras experiencias muestran también la importancia de contar con la ciencia para guiar las intervenciones de salud pública y las campañas internacionales. La Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Poliomielitis ha utilizado la evidencia provista por la ciencia para modificar sus estrategias de inmunización a través de su larga existencia, y los científicos han desarrollado e implementado herramientas novedosas para esta campaña, como la epidemiología genética. Una lección fundamental de esta iniciativa es la necesidad de que las prioridades de la investigación coincidan con los verdaderos problemas en terreno. Los científicos han sido clave, por supuesto, en el desarrollo de las vacunas que previenen la polio, pero también han contribuido a entender por qué el programa no tenía éxito en algunas regiones a pesar de todos los esfuerzos, han identificado las vías de transmisión de los diferentes virus de la polio y han desarrollado modelos matemáticos para ayudar a tomar decisiones.

Conociendo la capacidad de adaptación de los parásitos de la malaria y sus vectores, es evidente que no erradicaremos esta enfermedad sin las capacidades analíticas y de innovación de la comunidad científica. Las oportunidades van desde el desarrollo de nuevas herramientas para prevenir, tratar y diagnosticar la enfermedad, hasta la conceptualización de nuevas maneras de utilizar las herramientas con las que ya contamos, o el desarrollo de estrategias para dar mayor cobertura a las poblaciones con mayor riesgo de enfermar de malaria, que frecuentemente son también las más alejadas.

Conociendo la capacidad de adaptación de los parásitos de la malaria y sus vectores, es evidente que no erradicaremos esta enfermedad sin las capacidades analíticas y de innovación de la comunidad científica

Para los investigadores más básicos, los epidemiólogos, antropólogos, economistas y médicos, el reto es trabajar mano a mano con quienes están en la primera línea del frente con el fin de identificar los problemas, encontrar soluciones y crear una comunidad de innovadores y desarrolladores vibrante, comprometida y con financiamiento suficiente. Hay productos esperanzadores en desarrollo: reconvertir medicamentos utilizados actualmente contra otras enfermedades y utilizarlos para matar al mosquito que transmite la malaria (endectocidas), identificar dianas terapéuticas para fármacos que maten a diferentes especies del parásito en más de un estadío de sus ciclos de vida, o la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales como herramienta preventiva , entre otros. Ninguno de estos productos estaba en desarrollo hace tan sólo una década.

El motor principal para la acción no es quizás una fecha, sino los apabullantes números de casos y los niños que mueren todavía por una enfermedad que se puede prevenir y curar

Mientras que el reciente informe del SAGme concluyó que, con los recursos técnicos, humanos y financieros que tenemos ahora, resulta imposible fijar una fecha que funja de objetivo para la erradicación de la malaria, la Comisión de Malaria de The Lancet llama a establecer un lapso de tiempo para conseguirlo, con el fin de aumentar el compromiso y la priorización. La estrategia difiere, pero, tras mucho trabajo y reflexión por parte de dos grupos con atribuciones diferentes, la aspiración final coincide. El motor principal para la acción no es quizás una fecha, sino los apabullantes números de casos y los niños que mueren todavía por una enfermedad que se puede prevenir y curar. Tengamos el coraje de afrontar el reto de la innovación con la premura y el compromiso necesarios para conseguir nuestro objetivo.