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ISGlobal se suma al OFF February y limita el uso de redes sociales

02.2.2026
OFF February

En el departamento de Comunicación de ISGlobal nos sumamos a OFF February: reducimos redes sociales para proteger nuestra salud y recuperar tiempo y bienestar cognitivo.

En el departamento de Comunicación de ISGlobal hemos decidido sumarnos a la iniciativa OFF February.

¿Qué es OFF February?

Es una iniciativa global que propone poner límite a las redes sociales en favor del bienestar y con el objetivo de que las personas recuperemos el control sobre nuestro tiempo. 

¿Qué es lo que vamos a hacer?

Tal y como propone esta campaña, en el equipo de comunicación hemos a desinstalado todas las redes sociales de nuestros teléfonos corporativos y personales, ya que también hemos acordado sumarnos a título individual.

No se trata de borrar por completo las redes sociales, sino de eliminarlas de nuestros bolsillos, como medida frente a la hiperconexión y el uso compulsivo de unas herramientas que cada vez hacen uso de patrones más adictivos. 

Eso no significa que vayamos a dejar de publicar en estos canales. Tal y como propone OFF February, durante el mes de febrero accederemos a ellas únicamente a través de los navegadores web y, además, reduciremos el número y la frecuencia de publicación en todos nuestros canales sociales.

¿Por qué hacemos esto?

Porque las redes sociales son cada vez más redes y menos sociales. Porque desde que abrimos nuestra primera cuenta en el año 2011 hemos visto cómo se producía de manera cada vez más clara el fenómeno que Cory Doctorow bautizó como “mierdificación”, por el cual las herramientas y sus algoritmos se han ido degradando hasta llegar a una fase donde se prioriza por encima de todo el beneficio y la extracción de datos y se relega a las personas y a su salud al último plano.

‘One of the strongest cases for harm is that time on these platforms is time away from nourishing interactions with other people.’ Great graph from @jburnmurdoch.ft.com showing that social media has become less social on.ft.com/4gP83eW

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— Hetan Shah (@hetanshah.bsky.social) Oct 4, 2025 at 16:17

Lejos quedan los tiempos en que accedíamos a las redes sociales para estar conectados con nuestras amistades y contactos o para estar mejor informados. Atrás quedó también la diversificación de las diferentes plataformas. Ahora parece que prácticamente todas ellas sirven el mismo engrudo de contenidos superficiales, extremos y, a menudo, tóxicos elaborado por gente con la que probablemente no hayas hablado nunca y a la que probablemente tampoco te hayas propuesto seguir. 

La paradoja de ISGlobal

Las personas que integramos el equipo de Comunicación somos conscientes de vivir en una constante contradicción en la búsqueda de los objetivos de ISGlobal, que es un centro de investigación y traslación en salud global. Nosotros estamos aquí para el segundo de los pilares: trasladar a la sociedad el conocimiento generado por los aproximadamente 400 científicos y científicas que trabajan a nuestro lado. 

Esa tarea, ya complicada de por sí, es todavía más difícil de llevar a cabo en un momento en que cada vez son menos las personas que acuden a los medios de comunicación a informarse y más las que lo hacen -o al menos eso es lo que creen- en redes sociales. Dicho de otro modo: hay sectores enteros de la población a los que jamás podremos llegar si no es acudiendo a las redes sociales. 

Sin embargo, la misión de ISGlobal es “mejorar la salud global y promover la equidad en salud”. Y ahí es donde la paradoja se hace evidente. Sabemos -nosotros mejor que nadie- que la ciencia es lenta produciendo consensos y que siempre va décadas por detrás de la industria. Pero ya hay evidencias de que las redes sociales no son precisamente buenas para la salud: hay estudios que, de manera directa o indirecta, las asocian con problemas de salud mental, uso problemático o adictivo, afectación del sueño, y con sobrepeso y obseidad, entre otros. 

Además, el scroll infinito y otros patrones adictivos empleados por las grandes empresas tecnológicas que poseen las redes sociales explotan debilidades de nuestro cerebro y nos abocan al consumo compulsivo de un fast food para el intelecto que puede tener consecuencias catastróficas para nuestra capacidad de atención y nuestra capacidad de pensamiento profundo. Hay autores que ya hablan de postalfabetismo. Dejamos para otro día el debate sobre cómo puede estar afectando este peligroso cóctel a la salud de las democracias. 

Sabiendo todo eso, ¿cómo es posible que una institución que se dedica a mejorar la salud global y promover la equidad en salud haga uso de estas herramientas? Esa es la pregunta que nos hacemos nosotros mismos. Y lo cierto es que nadie nos obliga a usar esas plataformas. Como han expresado magistralmente los profesores Cristina Fernández y Santiago Giraldo en su último libro, estamos Secuestrados por las redes y, además -añadimos nosotros- tenemos síndrome de Estocolmo.

Una disyuntiva lose-lose

Con las cartas que tenemos en la mano, no parece que haya posibilidad de ganar la partida a corto plazo. Si realmente queremos llegar a la gente, tenemos que ir a donde esta se encuentre. Y, aunque nos guste cada vez menos, se estima que las redes sociales en su conjunto tienen actualmente más de 5.600 millones de usuarios, lo que equivale a casi el 70% de la población mundial. Tenemos mucho que hacer allí para hacer de ancla frente a la desinformación y tratar de erigirnos en una fuente fiable, especialmente para la población más joven y menos formada. Marcharnos ahora sería dejarlos a su suerte y, tal vez, condenarnos a nosotros mismos a la irrelevancia. 

Quedarnos implica transitar en el filo de la contradicción.

De momento y, a falta de soluciones totales, nos sumamos a OFF February y damos la bienvenida a este mes con la voluntad de seguir una dieta rica en nutrientes cognitivos y baja en scroll.