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Entrevista a Francis Mojica: “Cuando me di cuenta de lo que había descubierto, supe que aquello algún día aparecería en los libros de texto”

12.1.2026
Francis Mojica 2
Foto: Y. Moya-Angeler / ISGlobal - Francis Mojica en el Museo de la Ciencia CosmoCaixa de Barcelona.

El microbiólogo de Elche descubrió las secuencias CRISPR, lo que permitió el desarrollo de herramientas de edición genética revolucionarias.

Sorprende su trato tan llano, su sencillez. Francis Mojica tiene los pies en el suelo a pesar de haber hecho avanzar la biología con paso de gigante y de sonar desde hace años para premio Nobel. A principios de los noventa descubrió unas secuencias genéticas que se repetían a intervalos regulares —las CRISPR, acrónimo en inglés de repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente espaciadas— y una década más tarde comprendió que formaban parte de un sistema de inmunidad adaptativo de las bacterias frente a los virus: las bacterias integraban en su genoma fragmentos del ADN de sus invasores para guardar un registro de infecciones que en el futuro les permitiera reconocer esas secuencias, unirse a ellas y cortarlas y destruirlas mediante la proteína Cas.

Estos hallazgos, fruto del estudio de microorganismos de las salinas de Santa Pola, no lejos de su Elche natal, tuvieron un alcance planetario: abrieron la puerta a una tecnología revolucionaria que permite cortar y pegar secuencias de ADN de cualquier ser vivo de forma precisa, sencilla y asequible. Hoy se usa en laboratorios de todo el mundo y sus posibilidades en medicina, agricultura o biotecnología prometen cambiar la humanidad. Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna recibieron en 2020 el premio Nobel de Química por haber desarrollado las técnicas CRISPR/Cas9.

Pero a Francis Mojica no le interesan tanto los premios —que también los tiene, y muy importantes— sino llegar a entender. Se siente cómodo investigando en Alicante, alejado de cualquier ambición que no sea la del puro conocimiento y disfrutando de los placeres del Mediterráneo.

Nos concedió esta entrevista antes de la conferencia magistral que pronunció en el CosmoCaixa de Barcelona, en el marco del ciclo Grandes de la ciencia y con motivo del 2.º Congreso de Ciencia Ciudadana, coorganizado por ISGlobal, Science For Change e Ideas for Change.

 

-¿Recuerdas aquel día de agosto de 2003 en que hacía mucho calor en Santa Pola y decidiste no acompañar a tu mujer a la playa?

-Ya lo creo. Santa Pola me gusta mucho en invierno y no tanto en verano, pero uno tiene vacaciones cuando las tiene. Aproveché y me fui a la universidad a analizar datos de las secuencias genómicas de la bacteria Escherichia coli que habíamos conseguido meses atrás. Cuando me di cuenta de lo que había descubierto, corrí a la playa y le dije a mi mujer: “Geli, he encontrado algo que algún día aparecerá en los libros de texto”.

-Lo viste claramente.

-Vi que era algo grande, una contribución al conocimiento científico impresionante, porque nunca se había descrito nada parecido. Le expliqué un poquito a mi mujer el hallazgo: creía que los microorganismos tenían memoria, que eran capaces de aprender. Ella, que no es científica, me dijo: “No entiendo nada, pero debe de ser muy importante por la manera en que me lo estás diciendo”.

-Efectivamente, has pasado a la historia.

-Sí. Sin buscarlo. Pero casi que mejor.

El momento eureka

-¿Cómo llegaste hasta allí?

-Diez años antes me había tropezado con las secuencias repetidas del genoma en unas arqueas que viven en las salinas de Santa Pola. Eran unas repeticiones perfectamente ordenadas, a una distancia fija unas de otras. Inicialmente pensamos que lo importante eran esas repeticiones, pero luego nos dimos cuenta de que no, lo realmente importante eran los “espaciadores”, lo que había entre esas repeticiones, que era distinto en cada aislado, incluso en diferentes aislados de la misma especie. ¿De dónde puñetas venían esos espaciadores tan curiosos? Se nos metió entre ceja y ceja encontrarlo y fuimos a por ello. Descubrimos que se trataba de almacenes de información.

Cuando descubrimos que era el único sistema de inmunidad adquirida con memoria de los procariotas me pareció ¡bestial! Y no te digo nada todo lo que vino después. Inmediatamente vimos que aquello tenía aplicaciones en microbiología, salud, clínica, biotecnología...

-¿Cómo lo visteis?

-Uno de aquellos espaciadores de E. coli que estábamos analizando coincidía con la secuencia de un virus que infectaba a la bacteria. Y sabíamos que esa cepa en particular era resistente a la infección por ese virus en concreto. Y también sabíamos que otros aislados de E. coli que no tenían ese espaciador sí eran sensibles a la infección. Nos pusimos a analizar secuencias CRISPR de bacterias y arqueas en las bases de datos disponibles y empezamos a ver que lo que habíamos visto para E. coli se repetía en como un 2% de las 4.500 secuencias que analizamos. Suficiente para ver que aquello olía bien. Llegamos a la conclusión de que aquella cepa de bacteria en algún momento había tomado una “fotografía” de un virus que la había infectado, y la había guardado en forma de espaciador. A partir de ese momento ella y todas sus descendientes se habían vuelto resistentes a la infección por ese virus.

Democratizar la ingeniera genética

-Vuestro hallazgo ha tenido repercusiones para toda la humanidad.

-Fue absolutamente inesperado. Cuando descubrimos que era el único sistema de inmunidad adquirida con memoria de los procariotas me pareció ¡bestial! Y no te digo nada todo lo que vino después. Inmediatamente vimos que aquello tenía aplicaciones en microbiología, salud, clínica, biotecnología... Ten en cuenta que las poblaciones de bacterias y de procariotas en general las controlan los virus. La mayoría de las bacterias patógenas, como las que causan el tétanos, el botulismo o la difteria, producen toxinas porque tienen virus integrados en su genoma. Si podemos evitar que esas bacterias se vuelvan tóxicas, imagínate las posibilidades. Por ejemplo, podemos proteger a las bacterias que producen yogur de las infecciones por virus, que son muy frecuentes.

-Miles de laboratorios ya están utilizando CRISPR como una herramienta fundamental.

-No solamente para modificar microorganismos y hacerlos resistentes a virus sino para generar antimicrobianos específicos de secuencia, que matan solamente a la bacteria que se desea. Se están utilizando muchísimo en modificación genética, para mejorar la productividad y calidad de cultivos, en animales o para identificar dianas terapéuticas. Por ejemplo, si determinas que una región del genoma de un organismo es responsable de producir una enfermedad, bloqueando ese gen o su expresión acabas con la enfermedad.

Zapatero, ¿a tus zapatos?

-¿Y no estás henchido de orgullo?

-Sí.

-Pero mantienes una gran humildad.

-Ah, tengo a mi mujer detrás, que cuando levito un poquito me baja: “Francis, ¡acuérdate de quién eres!”.

-¿Y quién eres?

-Soy un hijo de una familia muy humilde de zapateros que, por desgracia, no pudieron estudiar. Yo tuve la suerte de hacerles caso: cuando pensaba que me iba a quedar en la fábrica de mis padres dando cola y forrando tacones me convencieron de que siguiera estudiando. Nunca creí que pudiera terminar una carrera. Pensaba que los científicos eran gente muy especial, con una capacidad que desde luego yo no tenía. Pero luego te das cuenta de que, si le echas horas, al final llegas.

Soy un hijo de una familia muy humilde de zapateros. Pensaba que me iba a quedar dando cola y forrando tacones, pero me convencieron de que siguiera estudiando. Nunca creí que pudiera terminar una carrera

-Sigues en la Universidad de Alicante a pesar de que eres reconocido internacionalmente y supongo que te llegan ofertas tentadoras.

-Estoy a gusto allí. La Universidad de Alicante es buena. Y no todo es trabajar: el clima es benigno, estoy cerca de la familia, se come muy bien, cobro lo suficiente para poder vivir y permitirme un par de cervezas de vez en cuando… No necesito más. En esta vida no hay que ser ambicioso. Si no, eres un desgraciado.

Un Nobel esquivo

-Pero, ¿cómo te sentiste cuando en 2020 supiste que habían dado el premio Nobel de Química a dos científicas que habían desarrollado una tecnología a partir de vuestro hallazgo?

-Encantadísimo de la vida. Estaba convencido que le tenían que dar el Nobel a alguien del campo CRISPR. Se otorgó por el desarrollo de una tecnología muy concreta, no por el descubrimiento del sistema de inmunidad adquirida de los procariotas. ¡También me habría sorprendido muchísimo que hubiera sido así! Para empezar, no hay un premio Nobel de Biología. Ahora mismo yo diría que incluso se pueden dar más premios para CRISPR, porque una cosa es la herramienta de edición genética pero luego han salido muchísimas más, para diagnóstico molecular, por ejemplo, o lo que te comentaba de su uso como antimicrobiano. Eso puede llegar a ser una revolución también.

Una cosa es la herramienta de edición genética, pero luego han salido muchísimas más, para diagnóstico molecular, por ejemplo, o como antimicrobiano

-¿A dónde nos puede llevar todo esto? ¿Podremos curar enfermedades genéticas?

-Ya se están curando enfermos de leucemia, sordera, ceguera, enfermedades cardíacas, diabetes, hipercolesterolemia… lo que quieras.

CRISPR contra CRISPR

-Y después de haber contribuido a este hallazgo y de ver cómo florece, ¿a qué te dedicas? Porque, ¿qué más se puede hacer?

-Estamos ahora metidos en lo más chulo de todo, porque una cosa es trabajar buscando algo sin saber lo que va a salir, que eso fue durante diez años. Pero ahora ya sabemos dónde estamos y somos capaces de elegir para dónde queremos tirar. Estamos trabajando con unos sistemas CRISPR muy distintos a todos los demás. Les faltan “componentes” de los típicos sistemas CRISPR. Creemos que son CRISPR traviesos, CRISPR de virus que actúan inhibiendo al sistema de defensa CRISPR de la bacteria hospedadora. Estamos superemocionados con esto: CRISPR contra CRISPR. También colaboramos con algunas empresas y otras universidades para mejorar cultivos agrícolas con herramientas CRISPR.

-¿Cuántos sois en el equipo?

- Cinco.

-¿Solamente?

-Sí. Nunca he tenido más. Es ideal.

-¿Por qué?

-Con más, la probabilidad de que haya alguna manzana podrida aumenta.

-O sea, es muy importante el buen ambiente en el equipo.

-Fundamental. Es mejor tener pocas personas pero que colaboren entre ellas y tengan buen rollo. Por desgracia, eso es difícil de conseguir con grupos grandes.

-¿Cómo te gustaría verte en el futuro?

-Ay, me gustaría seguir así mientras el cuerpo me lo permita y la cabeza siga funcionando. A veces ya no es tan rápida como antes, y no puedo estar al día en todo porque la tecnología avanza a una velocidad increíble. En el momento en que vea que ya no contribuyo al grupo, empezaré a apartarme discretamente. Pero mientras pueda, seguiré. La investigación es una gozada.