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En dos ruedas hacia la salud

05.4.2022
Lourdes2
Foto: Lourdes en bici con su hija Vera por la orilla del río Llobregat, entre Sant Feliu y Molins de Rei.

Creo que empecé mi carrera hacia la salud hace cinco años, cuando dejé de fumar.

¡Conseguí dejarlo a la primera! aunque no fue nada fácil. Todo empezó porque mi dentista me dijo que tenía las encías oscuras debido a que fumaba mucho, un paquete diario. Me dio miedo y, a pesar de contar con pocas esperanzas de éxito, lo intenté y lo conseguí. ¡Sin pastillas!, porque cuando supe lo que costaban pensé que sería malgastar el dinero en algo que probablemente no iba a conseguir. Pasé las peores semanas de mi vida. Era tal el mono que tenía que mi mente ya no podía luchar más contra las ganas de fumar y a las ocho de la tarde me iba a dormir totalmente derrotada, como remedio y para olvidar el tabaco. Creo que nunca me he acostado tan pronto y que nunca he tenido tanta ansiedad.

Dejé el tabaco, pero me enganché a los caramelos. Cogí un montón de kilos. Cada vez me dolían más las rodillas, especialmente cuando subía o bajaba escaleras. Continuamente tenía dolor de espalda y, por si fuera poco, me ahogaba en cuanto empezaba a correr persiguiendo el autobús o subiendo alguna calle un poco empinada. Así que, tras conseguir el gran reto personal de dejar de fumar, me propuse hacer dieta. Intenté todas las conocidas: la hipocalórica, la keto, la de la sopa de tomate… pero ninguna me funcionó. Me podía la ansiedad, pensaba demasiado en fumar.

Fue en enero de 2020, poco antes del confinamiento por la Covid, cuando me planteé un cambio en mi vida. Quería cuidarme más. Decidí pedir a los Reyes Magos una bicicleta

Fue en enero de 2020, poco antes del confinamiento por la Covid, cuando me planteé un cambio en mi vida. Quería cuidarme más. Animada por mis compañeros y compañeras de la Iniciativa Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud, que siempre hablan de los beneficios de la bicicleta para la salud, decidí pedir a los Reyes Magos una bici. La más barata que encontré, porque hacía más de 20 años que no había montado en una y tenía mis dudas de cuánto tiempo me iba a durar el propósito para el nuevo año.

 

 

El primer día que la cogí casi me mato. Los ingenieros que tengo en casa no habían atornillado bien el manillar y la bici iba para un lado y las ruedas, para otro. Me caí y me magullé, pero no me rendí. Cada fin de semana iba en bici de Sant Feliu de Llobregat a Molins de Rei (Barcelona), parando en cada semáforo porque me cansaba muchísimo. A medida que pasaba el tiempo, fui viendo que cada vez me era más fácil y disfrutaba más. Pedaleaba con música si iba sola, o charlando con alguno de mis hijos si me acompañaban.

Cada fin de semana iba en bici de Sant Feliu de Llobregat a Molins de Rei, parando en cada semáforo porque me cansaba muchísimo. A medida que pasaba el tiempo, fui viendo que cada vez me era más fácil y disfrutaba más

Ir en bicicleta me animó a cuidar también mi alimentación y empecé una nueva dieta. Necesité la ayuda profesional que una compañera de trabajo me recomendó. A priori era casi imposible perder tantos kilos yo sola. Pero me enseñaron, mediante del diseño de una serie de menús, a comer de forma sana y con menos calorías, y me inculcaron el no picar entre horas. También me enseñaron a no culpabilizarme si un día comía algo que no estaba en los menús. Me animaban y me decían: "¡No pasa nada, al día siguiente sigues con tu dieta normal y ya está!" He pasado de tenerme que guiar con los menús impresos a tenerlos interiorizados y poderlos variar de forma ordenada. Hoy en día esa dieta sana forma parte de mí.

A día de hoy, estoy muy orgullosa de haber perdido más de veinte kilos en menos de dos años. Esto hubiese sido imposible sin la combinación perfecta de una dieta sana y la recuperación física que me ha permitido mi bicicleta

Pronto se empezaron a ver los resultados y yo cada vez me fui encontrando mejor. A nivel físico, pasé de sentirme torpe y pesada a poder caminar largas distancias e incluso correr sin ahogarme a la primera de cambio. A nivel anímico, el cambio ha sido espectacular. Me ha ayudado a poder vivir mejor ciertas situaciones complicadas que han llegado a mi vida y que son difíciles de gestionar. Podía haber elegido cualquier otro deporte, pero escogí la bici porque aparte de ayudarme a muscular tras la pérdida de peso, también me ayuda con la coordinación, que es muy importante. Por otro lado, me desplazo sin contaminar y me encanta el ritmo de la bicicleta, que lo marco yo dependiendo de mi estado físico. Y además me permite observar el entorno y disfrutarlo. Mi ruta preferida es la que bordea el río entre Sant Feliu de Llobregat y Sant Vicenç dels Horts.

 

 

A día de hoy, estoy muy orgullosa de haber perdido más de veinte kilos en menos de dos años. Esto hubiese sido imposible sin la combinación perfecta de una dieta sana y la recuperación física que me ha permitido mi bicicleta.

¡Así que mientras el cuerpo me lo permita pienso seguir disfrutando de mi bici!