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El sonrojo de la COVID-19

31.12.2021

[Este artículo se ha publicado originalmente en La Vanguardia]

Sonrojo. No se puede sentir otra cosa ante la falta de solidaridad generalizada y el proteccionismo de los países ricos en la gestión internacional de la pandemia. Empezamos el 2021 con el mantra “hasta que todos estén seguros, ninguno lo estará”. Era un buen eslogan, cuestionable científicamente, pero necesario moralmente. Lo terminamos con la sensación de que ninguna persona estaría segura si eso dependiera de una respuesta internacional efectiva. Una reacción falta de equidad, que ha pronunciado las diferencias y las brechas en salud global.

En vez de premiar y reconocer mundialmente los servicios de vigilancia molecular y epidemiológica sudafricanos, se castiga y aísla a una región entera de forma unilateral y caprichosa

Las medidas discriminatorias tomadas por la Unión Europea aplicables a ciudadanos de (o procedentes de) países del África Austral es la muestra más reciente. Se aisló física y comercialmente a los ciudadanos de estos países sin tener ninguna evidencia sobre la severidad o el grado de contagiosidad que la nueva variante ómicron iba a tener, sin saber si ya estaba presente en Europa en el momento en que se decretaron las medidas (todo apunta a que sí), y con la más que evidente lógica de que estas medidas no podrían evitar la expansión de una variante que se hacía predominante (como mucho, retrasaría algunos días su llegada).

En vez de premiar y reconocer mundialmente los servicios de vigilancia molecular y epidemiológica sudafricanos, se castiga y aísla a una región entera de forma unilateral y caprichosa, al mismo tiempo que se agravia y estigmatiza a las poblaciones africanas, al igual que se ha hecho, y se hace, con los ciudadanos chinos a lo largo de esta pandemia.

Es la última muestra de displicencia, cortoplacismo e hiperventilación europea ante lo que ocurre en poblaciones lejanas, especialmente si son pobres

Una vez las autoridades sanitarias dieron la voz de alerta, la variante ómicron se detectó rápidamente en muchos otros países fuera del África Austral, evidenciando transmisión local y su avance imparable. ¿Ha aislado Europa a todos estos países siguiendo criterios similares? ¿Habrían hecho lo mismo si la nueva variante se hubiera detectado en el Reino Unido? ¿O en Suiza? Permítanme dudarlo.

Hasta más allá del día de Navidad, cuando probablemente ya era mayoritaria la variante ómicron entre los casos diagnosticados en España, seguían vigentes las cuarentenas a personas vacunadas con PCR negativa procedentes del África Austral. Es decir, tenemos la soberbia -llámenle ignorancia, o desdén (a su gusto)- de no reconocer nuestros errores y de rectificar en tiempo y forma. Es la última muestra de displicencia, cortoplacismo e hiperventilación europea ante lo que ocurre en poblaciones lejanas, especialmente si son pobres. Una actitud que perpetúa un mundo a dos velocidades.


Foto: Maksim Goncharenok / Pexels

Lo seguimos viendo con la provisión de vacunas. El director de la OMS recordaba recientemente que había suficientes dosis en el mundo para tener vacunada al 40% de la población de todos los países en septiembre de 2021. Independientemente de que la proporción de población vulnerable sea distinta según el país (mayor en países ricos), no cabe duda de que ya se han fabricado suficientes vacunas para proteger a las poblaciones más vulnerables de todo el mundo.

El 20% de la producción mundial de vacunas se utiliza para poner dosis de refuerzo en países ricos, muchas de ellas a personas sin factores de riesgo o con menos de 50 años

Sin embargo, en África, la proporción de población vacunada con una dosis no llega al 10%. Tres de cada cuatro profesionales sanitarios en este continente aún no están vacunados. Pero esta falta de equidad se sigue agravando. Actualmente, el 20% de la producción mundial de vacunas se utiliza para poner dosis de refuerzo en países ricos, muchas de ellas a personas sin factores de riesgo o con menos de 50 años.


Foto: Denis Ngai / Pexels

En un contexto de crisis internacional se vacunan los niños de países ricos, en los que los casos de COVID-19 son muy infrecuentes, antes que los ancianos de muchos países pobres. Sería como si vacunásemos contra el papilomavirus a los mayores de 70 años en Europa, y no aseguramos que las adolescentes de países africanos de alta incidencia de cáncer de cuello uterino estén protegidas. Es como darnos un banquete delante del hambriento. Y lo hacemos, sin pudor. No me malinterpreten, si le ofrecen la vacuna de la COVID-19 a sus hijos, póngansela; reducirá aún más la probabilidad de que sus hijos tengan un episodio de COVID-19 severo. De lo contrario, será un error doble, no solo habrá una mala respuesta sanitaria internacional, sino que se perderán o caducarán en las neveras de turno.

Las soluciones de verdad pasan por trabajar de forma cohesionada e integralmente en los periodos prepandémicos, establecer liderazgos, mecanismos y estructuras a nivel internacional, regional y local que nos permitan estar mejor preparados

Las iniciativas como COVAX (iniciativa que promueve la distribución equitativa de vacunas de la COVID-19), si bien útiles, vitales, son aciertos insuficientes. La solución en las crisis pandémicas no ha de ceñirse en esa especie de caridad norte-sur de envío de vacunas a los países con menos recursos, donde también se carece de capacidades para el suministro local, para mantener las cadenas del frío; donde no hay personal ni recursos para poder vacunar a quien lo necesita; donde hay una baja percepción de riesgo de la que, por cierto, los países ricos son, en gran medida, responsables.

Las soluciones de verdad pasan por trabajar de forma cohesionada e integralmente en los periodos prepandémicos, establecer liderazgos, mecanismos y estructuras a nivel internacional, regional y local que nos permitan estar mejor preparados. Ejercicios formales de evaluación, como el del Panel Independiente de la OMS, identifican una serie de elementos clave para una respuesta más equitativa, más justa, menos sonrojante, ante una próxima pandemia.