Día Mundial del Chagas: el papel clave de las mujeres en el desafío colectivo para eliminar la enfermedad
La participación activa de las mujeres en las dinámicas de cuidado familiar y comunitario, y su mayor contacto con los servicios de salud, especialmente durante el embarazo, las sitúan en el centro de las estrategias para la detección temprana y la prevención de la enfermedad
14.04.2025
[Este es un manifiesto impulsado por la Organización Panamericana de la Salud y las organizaciones que integran la Coalición Global de Chagas, entre ellas el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal)]
En la respuesta frente a la enfermedad de Chagas, las mujeres desempeñan un papel que va mucho más allá del de ser destinatarias de las intervenciones. Su participación activa en las dinámicas de cuidado familiar y comunitario, y su mayor contacto con los servicios de salud, especialmente durante el embarazo, las sitúan en el centro de las estrategias para la detección temprana, la prevención y el cuidado. El Día Mundial de la Enfermedad de Chagas de este año reconoce y pone en valor ese papel central.
Y lo hace en un momento en que la acción decidida resulta más necesaria que nunca. La enfermedad de Chagas, transmitida por chinches, pero también por vía oral, transfusional y congénita, afecta a personas a lo largo de toda su vida. Desde una fase aguda, a menudo asintomática, hasta las complicaciones cardiacas y digestivas crónicas que pueden manifestarse décadas después. En los 21 países endémicos de la América continental, 7,5 millones de personas viven con la infección y otros 100 millones se hallan en riesgo de contraerla, mientras que cada año se registran alrededor de 30.000 nuevos casos y unas 10.000 muertes asociadas.
Esta carga de enfermedad se traduce anualmente en un costo sanitario estimado de 500 millones de dólares estadounidenses y en la pérdida de aproximadamente 770.000 años de vida ajustados por discapacidad, ya sea por muerte prematura o por años productivos perdidos.
Si bien se han realizado avances significativos en comparación con décadas anteriores, estas cifras también ponen de relieve la necesidad de intensificar los esfuerzos para alcanzar la meta regional de eliminación.
Sin alterar la estrecha relación histórica entre infección y sectores poblacionales en condiciones de pobreza y vulnerabilidad, los fenómenos migratorios han aumentado la importancia relativa de las formas de transmisión independientes de vectores, como la maternoinfantil, permitiendo a la enfermedad expandirse más allá de las fronteras de su área de transmisión vectorial, con la ruptura sin precedentes de la barrera del endemismo que esto significa.
En este contexto, la transmisión materno-infantil constituye un reto creciente, ya que entre un 2% y un 8% de las mujeres embarazadas transmiten el parásito a sus bebés, lo que significa la ocurrencia de 9.000 nuevos casos anuales por esta vía.
El papel central de la mujer en la lucha contra el Chagas no puede ni debe traducirse en una carga adicional ni en una responsabilidad exclusiva de ella. Por el contrario, representa una oportunidad estratégica para fortalecer sistemas de salud más equitativos, accesibles y sensibles, que reconozcan y respeten las necesidades, decisiones y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
El desafío es claro: garantizar que todas las mujeres en edad fértil ejerzan plenamente su derecho a acceder al diagnóstico oportuno, al tratamiento adecuado y a una información de calidad. Ello exige políticas públicas sostenidas, la integración plena del tamizaje en los programas de salud materno‑infantil y el fortalecimiento de la atención primaria de salud, asegurando servicios accesibles, oportunos y libres de discriminación.
Frente a este escenario, la Organización Panamericana de la Salud, los Estados Miembros y las organizaciones de la Coalición Global de Chagas, junto a un valioso conjunto de socios estratégicos, trabajan de manera articulada para sensibilizar a la sociedad en su conjunto con el fin de promover una respuesta colectiva e intersectorial, bajo el principio de no dejar a nadie atrás. Solo a través del compromiso compartido y la acción coordinada será posible avanzar de manera sostenida hacia la eliminación del Chagas como problema de salud pública.

