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Virginia Rodríguez Bartolomé
Coordinadora de Incidencia Política en ISGlobal
Marzo de 2026
La salud global ya no puede entenderse como un campo eminentemente académico o de desarrollo, delimitado por indicadores epidemiológicos, consensos científicos relativamente estables o proyectos de cooperación en el sector salud. Se ha convertido en un espacio de disputa estratégica en el que confluyen intereses de seguridad, rivalidades geopolíticas, tensiones comerciales y debates normativos de alto voltaje. Lejos de inaugurar una etapa de cooperación reforzada, la salida progresiva de la crisis aguda de la COVID-19 ha coincidido con una aceleración de dinámicas centrífugas que están reconfigurando el orden internacional y, con él, el ecosistema de la gobernanza sanitaria.
Nos encontramos ante una “policrisis” en la que confluyen conflictos armados, la intensificación de la competencia entre grandes potencias, la emergencia climática, la presión migratoria, el deterioro fiscal de numerosos Estados y la erosión del consenso en torno al multilateralismo y el orden internacional de la segunda mitad del siglo XX. Mientras tanto, en los países de menores ingresos se enfrentan los efectos directos de una crisis de financiación que pone en riesgo la sostenibilidad de sistemas de salud altamente dependientes de la ayuda exterior.
En este contexto, la salud ha pasado de ser concebida predominantemente como un bien público global a ser una herramienta de influencia, elemento de seguridad nacional y variable de negociación en alianzas estratégicas. El resultado es un entorno más fragmentado, transaccional y menos previsible.
1. Erosión del multilateralismo y debilitamiento del consenso normativo
Durante décadas, el sistema de normas e instituciones multilaterales proporcionó un marco relativamente estable para la cooperación sanitaria, apoyado en principios como la equidad, los derechos humanos y la solidaridad internacional. Instrumentos como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible funcionaron como hoja de ruta compartida, integrando la salud en una visión amplia de desarrollo inclusivo.
Sin embargo, ese consenso normativo atraviesa un periodo de desgaste acelerado. La polarización ideológica ha impactado directamente en áreas sensibles como la salud sexual y reproductiva, la igualdad de género o la educación integral en salud. Los debates técnicos han adquirido una carga política creciente, dificultando acuerdos en foros multilaterales y ralentizando avances que antes parecían consolidados.
En este escenario, la Organización Mundial de la Salud (OMS) intenta sostener su autoridad regulatoria y su rol coordinador bajo una presión política constante y con un modelo de financiación estructuralmente frágil. Aunque los Estados reconocen formalmente su centralidad, en la práctica el liderazgo operativo y financiero se ha desplazado hacia fondos verticales, alianzas público-privadas y mecanismos regionales que operan con agendas y prioridades propias.
Actores como Gavi, la Alianza para las Vacunas, o el Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria han demostrado capacidad de movilización de recursos y resultados concretos que han permitido una reducción sin precedentes de la mortalidad materna e infantil, o la provocada por el VIH o la malaria. No obstante, su proliferación ha contribuido a una arquitectura fragmentada en la que la coherencia sistémica depende de mecanismos de coordinación que no siempre son robustos.(1) La consecuencia es un ecosistema en el que múltiples centros de decisión conviven sin una dirección estratégica unificada, dificultando respuestas integrales frente a desafíos interconectados como el cambio climático, las resistencias antimicrobianas o las crisis humanitarias prolongadas.
(1) Rodríguez V, Aguilar C, Corkal A, Fraga A, Mascareñas M, Fanjul G y GarcíaVaz C. ¿Cómo contribuyen las iniciativas globales de salud al fortalecimiento de los sistemas de salud? Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Documento de Análisis de ISGlobal. Junio de 2025.
2. Competencia de modelos: repliegue estadounidense y proyección estratégica china
La arquitectura sanitaria internacional refleja hoy con nitidez la rivalidad entre visiones divergentes del poder global. La política exterior estadounidense en los últimos años ha oscilado entre el compromiso multilateral y tendencias de repliegue y búsqueda de su propio interés nacional asociadas al enfoque “America First”.(2,3) La mera amenaza de desvinculación de la OMS y los recortes o incertidumbres en torno a la financiación canalizada a través de USAID enviaron señales de volatilidad que erosionaron la previsibilidad del sistema.(4)
Programas emblemáticos como PEPFAR, que durante dos décadas ha sido pilar en la lucha contra el VIH, han quedado expuestos a debates políticos domésticos que trascienden el ámbito sanitario. Esta volatilidad afecta a países altamente dependientes de financiación externa para sostener intervenciones críticas contra el VIH (5), la tuberculosis o la malaria (6), generando riesgos de retroceso en avances acumulados.
En paralelo, China ha desplegado una diplomacia sanitaria integrada en su estrategia geoeconómica más amplia. A través de la denominada Ruta de la Seda de la Salud,(7) vinculada a la Iniciativa de la Franja y la Ruta,(8) Pekín ha suministrado equipamiento médico, vacunas e infraestructura hospitalaria en múltiples regiones. Este modelo se presenta como pragmático y respetuoso de la soberanía nacional, al no incorporar condicionalidades explícitas de gobernanza.(9,10)
Sin embargo, la lógica subyacente es eminentemente transaccional. La provisión de infraestructuras y suministros puede generar dependencias financieras o tecnológicas, y no siempre se integra en estrategias nacionales de fortalecimiento de sistemas de salud a largo plazo.(11) La competencia entre estos modelos, uno con tradición normativa pero sujeto a vaivenes políticos internos, otro más instrumental y geoeconómico, introduce tensiones adicionales en la gobernanza sanitaria global.
(2) Collinson E et al. US Congress Says Yes to Foreign Aid—Now Comes the Hard Part. Center for Global Development. 16 de enero de 2026.
(3) Cullinan K. US Ties Global Health Aid to Data Sharing on Pathogens – Undermining WHO Talks. Health Policy Watch. 7 de noviembre de 2025.
(4) Jennings S, García-Vaz C, Diago-Navarro E, Innocenti L and Fanjul G. Trump’s Earthquake and its Aftershocks: How the Implosion of the Global Health System Increases Inequality, Weakens Global Governance and Threatens Us All. Barcelona Institute for Global Health (ISGlobal). Policy Paper. July 2025.
(5) Agúndez L, Rodríguez V, García-Vaz C, Marín C y Fanjul G. Décadas de progreso en una encrucijada: cómo los recortes y la inacción amenazan la lucha contra el VIH. Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Serie: Enfermedades infecciosas. Noviembre de 2025.
(6) García-Marín C, Rodríguez V, García-Vaz C y Fanjul G. Una década de estancamiento: reforzar el compromiso para no retroceder en la lucha contra la malaria. Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Serie: Enfermedades infecciosas. Noviembre de 2025.
(7) Ren M. Global health and the Belt and Road Initiative. Global Health Journal. Vol. 2, Núm. 4. 24 de septiembre de 2019.
(8) Lo C and van de Pas R. China’s Global Health Diplomacy: Possibilities and limitations for cooperation. China Knowledge Network (CKN) / Universidad de Maastricht. Julio de 2023.
(9) Rudolf M. China's global health diplomacy: revisiting Beijing's pre- and post-COVID-19 outreach efforts. Friedrich-Ebert-Stiftung. Serie: Peace and Security. Octubre de 2022.
(10) Think Global Health. China's Foreign Policy and Global Health Leadership. Council on Foreign Relations. 2024.
(11) Husain L and Sullivan R. Escaping the Kindleberger Trap: What Role for China in Reshaping Global Health for a Low-Cooperation World?. Center For Global Development. 9 de abril de 2025.
3. La Unión Europea: liderazgo normativo bajo presión estratégica
La Unión Europea ha intentado posicionarse como actor normativo en este contexto, impulsando una Estrategia Europea de Salud Global que combina seguridad sanitaria, fortalecimiento de sistemas y promoción del derecho a la salud. La construcción de la “Unión Europea de la Salud” tras la pandemia reforzó instrumentos de preparación y coordinación interna, y proyectó una imagen de compromiso con reglas multilaterales.
No obstante, esta ambición se enfrenta a limitaciones estructurales. La agenda de autonomía estratégica, impulsada por la guerra en Ucrania y la creciente rivalidad geopolítica, prioriza la resiliencia industrial, la seguridad energética y la defensa.(12,13) En ese giro, la salud global corre el riesgo de quedar subordinada a consideraciones de competitividad o control de fronteras.
Además, varios donantes europeos tradicionales han reducido su Ayuda Oficial al Desarrollo, reorientando recursos hacia defensa y respuesta interna a la crisis energética. Esta contracción no responde necesariamente a un rechazo ideológico del multilateralismo, sino a restricciones fiscales y prioridades de seguridad.(14) Sin embargo, su efecto práctico es el debilitamiento del bloque que históricamente ha defendido la salud bajo una lógica de justicia social y solidaridad organizada.
(12) Draghi M. "The future of European competitiveness: A competitiveness strategy for Europe", septiembre de 2024.
(13) Letta E. "Much more than a market: Speed, Security, Solidarity - Empowering the Single Market to deliver a sustainable future and prosperity for all EU Citizens", abril de 2024.
(14) Olivié I. ¿El fin de la ayuda al desarrollo? Real Instituto Elcano. ARI 48/2025. 27 de marzo de 2025.
4. Sur Global: hacia una agenda de agencia propia
América Latina, tras haber sido una de las regiones más golpeadas por la COVID-19, emerge hoy como laboratorio de debates sobre autonomía y soberanía sanitaria. La experiencia de la diplomacia de las vacunas evidenció tanto la vulnerabilidad estructural como la capacidad de articulación regional en momentos críticos.
La región reclama transitar desde un modelo de dependencia hacia uno de mayor capacidad normativa, productiva y tecnológica propia, reduciendo la exposición a interrupciones de cadenas de suministro y a dinámicas de acaparamiento por parte de economías avanzadas. Esta demanda es compartida por numerosos países de África y Asia, que cuestionan la lógica asistencialista y la proliferación de proyectos fragmentados impulsados por donantes externos.
En África, la discusión sobre soberanía sanitaria adquiere una dimensión particularmente estratégica.(15,16) Sistemas de salud históricamente financiados en alta proporción mediante ayuda oficial al desarrollo enfrentan hoy el impacto directo de los recortes y la reorientación de flujos de cooperación. Esta contracción no solo tensiona la sostenibilidad de programas esenciales, desde VIH y malaria hasta inmunización, sino que expone la vulnerabilidad estructural derivada de modelos excesivamente dependientes de financiación externa y de arquitecturas verticales poco integradas en los sistemas nacionales.
Al mismo tiempo, los Estados africanos, articulados a través de la Unión Africana, han intensificado su reivindicación de mayor voz y capacidad de decisión en la gobernanza sanitaria global. Iniciativas continentales orientadas a la sostenibilidad financiera de sus sistemas de salud, la producción local de vacunas, la coordinación regulatoria y la negociación conjunta con socios internacionales reflejan una estrategia de reposicionamiento geopolítico.(17,18,19) Más que receptores pasivos de asistencia, los países africanos buscan redefinir las relaciones con el Norte global y los donantes tradicionales sobre la base de corresponsabilidad, transferencia tecnológica y alineamiento con prioridades nacionales y regionales.(20,21)
El Sur Global exige que la cooperación internacional se alinee con planes nacionales de salud, fortaleciendo infraestructuras públicas y capacidades institucionales, en lugar de imponer agendas de corto plazo. La coherencia, la previsibilidad y la apropiación nacional se han convertido en condiciones centrales para una cooperación donde las relaciones tradicionales entre donantes y receptores se equilibren.
(15) Amref Health Africa. Africa’s Pathway to Health Sovereignty. CNBC Africa. 24 de septiembre de 2025.
(16) Pate M A. Building Africa’s Health Sovereignty: From Dependence to Partnership. Health Policy Watch. 11 de noviembre de 2025
(17) Africa CDC. "Africa’s Health Financing in a New Era: Safeguarding Africa’s Health", abril de 2025.
(18) Africa CDC. "Financing Africa’s Health Security and Sovereignty: A Health Financing Reform Handbook for African Union Member States", 10 de enero de 2026.
(19) Africa CDC. "The Durban Promise: Moving Toward Self-Reliance to Achieve Universal Health Coverage and Health Security in Africa", 25 de octubre de 2025.
(20) Presidencia de la República de Ghana. "STATEMENT: African Health Sovereignty in A Reimagined Global Health Governance Architecture", 3 de agosto de 2025.
(21) Cullinan K. African Countries Affirm Support for Multilateral Pandemic Agreement Amid Pressure to Make Bilateral Deals with US. Health Policy Watch. 11 de noviembre de 2025.
5. Debates y reformas en el ecosistema global: la equidad como criterio rector
La reforma de la arquitectura sanitaria internacional no es un ejercicio meramente técnico. Implica redefinir prioridades, redistribuir poder y clarificar responsabilidades en un entorno de recursos escasos y demandas crecientes. Estos son los principales debates a abordar en este proceso.
- Financiación de sistemas nacionales y complementariedad de la ayuda internacional
- Gobernanza y redistribución del poder decisorio
- De la seguridad nacional a la seguridad humana global
- Soberanía sanitaria y autonomía estratégica
- El nexo salud-clima como eje estructural
- Igualdad de género, derechos y salud en un contexto de regresión normativa
6. España ante la reconfiguración global: coherencia y valores
En un escenario internacional marcado por la contracción de aportaciones financieras, el repliegue de algunos donantes tradicionales y el cuestionamiento de los marcos multilaterales, España ha optado por asumir un papel proactivo en la defensa y renovación de la salud global. Lejos de una posición reactiva, el país ha consolidado una trayectoria de compromiso sostenido con sus socios, articulando una política exterior que sitúa la salud como vector estratégico de cooperación, estabilidad y proyección internacional. La Estrategia Española de Salud Global 2025-2030 se inscribe en esta lógica, reafirmando un enfoque basado en derechos, equidad y fortalecimiento estructural de sistemas sanitarios.
Al intensificar su implicación en la Organización Mundial de la Salud, en Gavi, la Alianza para las Vacunas y en el Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, España no solo incrementa su contribución financiera en un momento crítico, sino que envía una señal política clara de respaldo al multilateralismo sanitario. Esta apuesta se produce cuando otros actores reducen compromisos o priorizan enfoques estrictamente nacionales, lo que refuerza la posición de España como socio fiable y predecible.
Este liderazgo se construye sobre la coherencia entre discurso y práctica: defensa de la equidad en el acceso a tecnologías sanitarias, apoyo al fortalecimiento de sistemas públicos y promoción de alianzas horizontales con América Latina y África. En este marco, España actúa como nodo de articulación entre regiones, contribuyendo a reducir brechas y a sostener espacios de gobernanza inclusiva.
El liderazgo basado en valores no se contrapone a la defensa de intereses nacionales; los integra en una concepción interdependiente de la seguridad y el desarrollo. En un entorno globalizado, la resiliencia del propio sistema sanitario depende de la solidez de los sistemas más vulnerables. Apostar por la salud global es, por tanto, una inversión estratégica en estabilidad, legitimidad internacional y bienestar compartido.

