Gender Equality in the New Development Agenda

Igualdad de género en la nueva agenda de desarrollo

11.7.2016

La conferencia Women Deliver, con cerca de 6.000 participantes, ha sido la reunión más importante sobre salud y derechos de mujeres y niñas de la última década

La conferencia Women Deliver, con cerca de 6.000 participantes, ha sido la reunión más importante sobre salud y derechos de mujeres y niñas de la última década, y una de las más relevantes desde el lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La conferencia, que tuvo lugar en Copenhague a finales de mayo, es un foro para facilitar el diálogo entre actores de muy distintos ámbitos: gobiernos, filantropía, investigación, sociedad civil, sector privado, Naciones Unidas, etc., y pretende compartir soluciones, dar visibilidad a la situación de las mujeres e insuflar ánimos en esta carrera de fondo en pro de la igualdad porque los avances son lentos, especialmente en los sitios donde la situación es peor.

Los conflictos armados y las crisis humanitarias, el cambio climático o las emergencias sanitarias solo contribuyen a acentuar más esa situación de desigualdad de base

No olvidemos que la excepción es lo que ocurre en nuestro entorno. Salvo algunos reductos en Europa y América del Norte -y con todas las salvedades que esta afirmación comporta- la situación de las mujeres y las niñas en el mundo es de crisis humanitaria permanente y silenciada. Son ciudadanas de segunda desde su nacimiento a las que se impide -o se limita- decidir sobre los principales aspectos de su vida. Ya sea aquellos relacionados con la esfera íntima de cualquier persona (con quién relacionarse, casarse o no, tener hijos,…) como aquellos que posibilitan alcanzar autonomía personal y generar cambios en su entorno (estudiar, acceder a servicios financieros, al mercado laboral, disponer o gestionar su patrimonio o tener participación política). Cuestiones como los conflictos armados y las crisis humanitarias, el cambio climático o las emergencias sanitarias solo contribuyen a acentuar más esa situación de desigualdad de base.

El mundo hoy:

  • 300.000 mujeres mueren por causas relacionadas con el embarazo o el parto, la mayoría evitables
  • La desnutrición materna se relaciona con 800.000 muertes neonatales anuales
  • 225 millones de mujeres no acceden a los métodos anticonceptivos
  • 2/3 de las nuevas infecciones por VIH/sida en adolescentes se producen entre chicas
  • 2 de cada 3 adultos analfabetos son mujeres
  • Solo 1/3 de los países han alcanzado la igualdad de género en la educación secundaria superior
  • 1 de cada 3 mujeres experimenta violencia física o sexual durante su vida
  • 37.000 niñas menores de 18 años son obligadas a casarse cada día
  • Se estima en 10 billones de dólares el valor del trabajo no remunerado realizado por las mujeres (13% del PIB)
  • 50% de las mujeres trabajan en condiciones laborales precarias
  • Solo el 22% de los parlamentarios y el 17% de los ministros son mujeres (2015)
  • Entre 1992 y 2011, las mujeres representaron menos del 10% en las negociaciones de procesos de paz
  • Mujeres y niños invierten hasta 5 horas al día buscando combustible y agua para las necesidades domésticas
  • Menos del 20% de la tierra cultivable está en manos de mujeres
  • Solo el 2% de la ayuda al desarrollo económico priorizó la igualdad de género (2012-2013)

Fuente: The Investment Case for Girls and Women (deliverforgood.org)

300.000 mujeres mueren por causas relacionadas con el embarazo o el parto, la mayoría evitables

Para situar esta cuestión -¡la situación de la mitad de la población mundial!- como prioridad de la nueva agenda de desarrollo, el manifiesto político de los próximos 15 años para el mundo, no hay soluciones mágicas, pero aquí van algunas de las principales propuestas que surgieron durante Women Deliver:

  • Más y mejores datos para cerrar la brecha de género: generar nuevos o mejores datos como una premisa para avanzar. Es algo de lo que aún carecemos en muchos ámbitos: información de calidad –y desagregada por sexo, nivel de ingreso, etc.-  sobre cuestiones como nacimientos, muertes, trabajo informal, violencia de género, etc. Datos que permitan por una parte monitorear el progreso (¿en qué punto estamos?) y poder formular políticas más adecuadas a las necesidades –los datos por sí mismos tampoco generarán avances-. En este sentido, uno de los grupos de edad más olvidados son los adolescentes más jovenes (10-14 años) de los que apenas tenemos información. Generarla es un requisito previo indispensable para situarlos realmente como una prioridad en la nueva agenda.  
  • Romper los silos o compartimentos estancos en lo que trabajamos: los problemas no pertenecen a un “sector” determinado; la misma configuración de los ODS demanda una manera diferente de funcionar  y una coordinación real entre sectores. Hay 8 ODS directamente relacionados con la igualdad de género [LA(3]  (ODS1: Fin de la pobreza, ODS2: Hambre cero, ODS3: Salud y bienestar, ODS4: Educación de calidad, ODS5: Igualdad de género, ODS8: Trabajo decente y crecimiento económico, ODS10: Reducción de las desigualdades, ODS16: Paz, justicia e instituciones sólidas). Hacen falta nuevas alianzas y mayor acción concertada entre sectores  y temas para aumentar el impacto de las iniciativas dirigidas a mujeres y niñas. Por ejemplo, el matrimonio infantil es una cuestión de educación en las comunidades para proporcionarles información y opciones pero también de salud y derechos sexuales y reproductivos, de desarrollo económico o de justicia. Tan obvio pero tan alejado aún del enfoque desde el que todavía se abordan tantas cuestiones.
  • Educación para la igualdad: una cuestión que no es innovadora pero solo se ha llevado a cabo de forma marginal hasta ahora. Acelerar los cambios pasa por educación en las comunidades, generalizar iniciativas orientadas para cambiar los comportamientos, crear nuevas nociones de masculinidad, implicando a adolescentes y hombres en los procesos. Porque son parte indispensable para generar cambios y no pueden seguir al margen o etiquetados únicamente como “perpetradores”.
  • Un nuevo estilo de liderazgo entendido como un liderazgo disruptivo, incómodo, que cuestione lo establecido, las convenciones –es fundamental en un mundo multicultural, multireligioso, multilingüistico- que están obstaculizando el progreso en las cuestiones de género, que es preciso si queremos alternativas a la resignación o a posturas más conservadoras  que generan cambio pero a un ritmo demasiado lento. Especialmente la cuestión del fundamentalismo religioso, uno de los factores que más impide las reducción de la desigualdad de género y el desarrollo y que hasta ahora no se ha afrontado.
 

Y, como punto de partida, el reconocimiento de que que a pesar de que hay cada vez más consenso alrededor del propio concepto de desigualdad de género y las consecuencias que tiene para el desarrollo, no existen aún las estrategias comunes que permitan afrontar los desafíos que plantea la nueva etapa de los ODS.

Jim Jong Kim, el actual presidente del Banco Mundial, optimista – como es esperable en el hijo de refugiados surcoreanos que alcanzó el sueño americano- cree que la evidencia a favor del retorno que tiene invertir en las mujeres es tan abrumadora, que antes o después, más allá de imperativos morales, se acabará imponiendo. Reivindicar el argumento moral, es decir, considerar que las mujeres merecen igual acceso a educación, salud, trabajo o participación en los ámbitos de decisión porque es una cuestión de justicia no ha servido hasta la fecha para promover cambios.

Por otra parte, apelando solo al argumento económico, la cuestión es de cuántas décadas más hablamoso siglos según las estimaciones- para alcanzar la igualdad con este tipo de enfoque incrementalista. Y, tal vez, la cuestión principal: si en la encrucijada actual -aumento de la desigualdad, crisis económica, inestabilidad política, cambio tecnológico, y otros retos globales como los límites que nos plantean el medio ambiente y las políticas energéticas actuales- la humanidad puede seguir siendo viable, considerando el coste de oportunidad que supone prescindir del trabajo productivo, participación política, talento, visión o valores de la mitad de la población.