La batalla contra la polio

Pedro L. Alonso y Rafael Vilasanjuan escriben un artículo de opinión sobre la erradicación de la polio

27.12.2012
Foto: RIBI Image Library

Estamos muy cerca de alcanzar algo histórico: la erradicación de la polio. Erradicar una enfermedad significa eliminar todos los casos a nivel mundial, que desaparezca totalmente del planeta, y conseguirlo es de extrema dificultad. Se consiguió en el caso de la viruela, declarada oficialmente erradicada en 1980, y hoy nos encontramos a las puertas de repetir una proeza similar.

Hace relativamente poco tiempo, en los años 50, todavía se registraban casos de polio en nuestro país pero gracias, principalmente, a la vacunación se logró controlar la enfermedad. El esfuerzo de la comunidad internacional en este sentido ha sido mayúsculo y desde 1988 los casos a nivel mundial se han reducido en más de un 99%. A fecha de hoy, la polio es endémica solo en tres países del mundo: Pakistán Afganistán y Nigeria, pero hasta que no se hayan eliminado totalmente estas últimas bolsas de prevalencia ningún país estará a salvo de un posible brote y seguirá siendo necesario vacunar contra la polio en todo el mundo. 

Por ello, los recientes asesinatos de ocho trabajadoras de salud que trabajaban en las campañas de vacunación contra la polio en Pakistán son una pésima noticia. Estas trabajadoras tienen un papel clave en la erradicación de la enfermedad y no sería equivocado decir que, con su tenacidad por llegar a las zonas más remotas y aisladas para vacunar a los niños contra la enfermedad, nos están protegiendo también a nosotros.

¿Qué hay detrás de estos asesinatos?

Lo primero que podemos descartar es que exista alguna razón científica. No hay un solo argumento que demuestre que la vacuna no es la mejor estrategia para acabar con la enfermedad y con el sufrimiento que genera. Detrás de los asesinatos se encuentran algunas facciones de los talibán pero el hecho de que la campaña de vacunación se haya llevado a cabo, sin problemas e incluso con la ayuda de líderes religiosos, en otras zonas controladas también por ellos demuestra que no es en la vacuna en lo que no creen, sino en que se esté utilizando para otros fines.

Con estos asesinatos, los talibán han buscado intimidar y obligar a la retirada de la campaña de vacunación de las agencias de Naciones Unidas debido a tres razones. La primera es una cuestión de poder y control, las campañas de vacunación permiten a la estructura del Estado llegar a lugares remotos donde su acción no alcanza de ninguna otra manera. Como consecuencia, la segunda es que estas campañas proporcionan una información real sobre la población, su estado de salud, su demografía e incluso la relación con los poderes locales, algo que en tiempos de guerra tiene un alto valor estratégico. La tercera, tal vez la razón definitiva y consecuencia de estas dos primeras, es que la agencia americana de inteligencia, la CIA, utilizó la excusa de una campaña de vacunación para obtener información y llegar hasta el escondite de Osama Bin Laden. Tanto entonces como ahora, la utilización de la medicina como instrumento de guerra es un crimen y, a día de hoy, es uno de los principales obstáculos en el camino hacia la erradicación de la polio.

La razón de estos ataques obedece únicamente a una estrategia en la lucha que enfrenta a los talibán con el poder de Kabul y sus aliados occidentales. Debido a esta estrategia, en estas zonas tribales donde la presencia de las milicias radicales es mayor seguirán produciéndose más de un centenar de casos evitables de polio cada año. Así pues, mientras se siga utilizando la salud y la medicina como un instrumento de guerra la erradicación de la polio, tan cercana, se alejará un poco más.

Por Pedro L. Alonso, director de ISGlobal, y Rafael Vilasanjuan, director del Laboratorio de Ideas de ISGlobal

Este artículo fue publicado en el Huffington Post el día 22 de diciembre de 2012.