Investigación, Resistencia antimicrobiana

Existen estrategias prometedoras para combatir la resistencia antimicrobiana, pero necesitan llegar al mercado y al paciente

Esta es una de las conclusiones del B-Debate sobre resistencia antimicrobiana que se llevó a cabo en Barcelona del 12 al 14 de noviembre

18.11.2019
Foto: Jordi Cabanas

Péptidos antimicrobianos, bacteriófagos, organismos marinos, inhibidores de ARN, nuevas combinaciones de fármacos conocidos…. Estas son algunas de las nuevas estrategias que se presentaron en B-Debate “Reversing a dystopian future. New strategies to discover antibacterial agents”, co-organizado por ISGlobal, biocat y “la Caixa”. El evento reunió a unos 100 investigadores y expertos en el tema del 12 al 14 de noviembre en el CosmoCaixa de Barcelona.

“El problema de la resistencia antimicrobiana tiene dos componentes: uno es la emergencia de bacterias multirresistentes; el otro es la diseminación de dichas bacterias o de los genes que confieren resistencia”, señaló en su ponencia inaugural Jordi Vila, coordinador de la Iniciativa de Resistencia Antimicrobiana y organizador del evento, junto con las investigadoras Sara Soto y Clara Ballesté.

Varios de los ponentes recordaron que, si seguimos con la tendencia actual, se calcula que para el 2050 las bacterias multirresistentes serán responsables de 10 millones de muertes en el mundo- más que las causadas por cáncer.  Y, sin embargo, la inversión actual en investigación sobre resistencia antimicrobiana es 16 veces menor que la de investigación en cáncer.

¿Cómo revertir esta tendencia? El economista Laurence Roope, de la Universidad de Oxford, señaló los paralelismos entre el cambio climático y la resistencia antimicrobiana: el comportamiento individual afecta a los bienes públicos, hay pocos incentivos para cambiar comportamientos, tendrán un coste elevado para las futuras generaciones, y se requieren medidas económicas para ayudar a remediarlos. También señaló el reto del ‘exceso versus acceso’, es decir, reducir el uso de antibióticos pero al mismo tiempo lograr que lleguen a las poblaciones que los necesitan (cada año mueren 1 millón de niños y niñas de neumonía por falta de acceso a antibióticos).

A lo largo del segundo día, se presentaron diferentes estrategias para encontrar nuevas ‘armas’ antibacterianas, incluyendo compuestos de organismos marinos, bacteriófagos, o moléculas que inhiben los mecanismos de resistencia. Los expertos subrayaron la urgencia de desarrollar nuevas clases de antibióticos con nuevas dianas y mecanismos de acción, sobre todo contra bacterias gram-negativas. “La mayoría de las grandes compañías farmacéuticas han abandonado el desarrollo de nuevos antibióticos, porque no son rentables,” advirtió Seamus O’Brien, de la Global Antibiotic Research & Development Partnership (GARDP) basada en Ginebra. El relevo lo han tomado las pequeñas empresas que tienen productos interesantes, pero carecen de fondos suficientes para llevarlos al mercado. “Necesitamos promover la innovación con valor social a través del uso de nuevas tecnologías y los incentivos adecuados,” señaló Joan Bigorra, director de Estrategia e Innovación en ISGlobal. También se presentaron iniciativas como JPI-AMR, un organismo de financiación que no solo aborda nuevas terapias, pero también la transmisión, el medio ambiente y la vigilancia; y partenariados público-privados como GARDP, que busca identificar productos prometedores y ayudarles a pasar de la fase preclínica a la clínica.      

La tercera jornada también incluyó unas charlas rápidas o “flash-talks”, para dar la oportunidad a jóvenes investigadores de presentar su trabajo. Estas charlas, que incluyeron una variedad de estrategias desde péptidos naturales de defensa, hasta anticuerpos monoclonales o antibióticos que se inactivan con la luz del sol, sugieren un “futuro optimista” en la lucha contra la resistencia bacteriana, dice Clara Ballestér, coordinadora de la Iniciativa de Resistencias Antimicrobianas en ISGlobal.

“Aunque quedan muchos obstáculos por delante, hay razones para ser optimistas. Necesitamos seguir haciendo investigación de calidad y trabajando para cambiar comportamientos” declara Sara Soto, investigadora de ISGlobal.