La respuesta a las enfermedades emergentes transmitidas por mosquitos en el Mediterráneo

La respuesta a las enfermedades emergentes transmitidas por mosquitos en el Mediterráneo

15.9.2017
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Las enfermedades transmitidas por vectores representan un 17% del total de enfermedades infecciosas a escala mundial. Estas enfermedades son responsables de la muerte de más de 700.000 personas al año, y alrededor de 275.000 si excluimos la malaria.

Las enfermedades transmitidas por vectores representan un 17% del total de enfermedades infecciosas a escala mundial

En los últimos años hemos sido testigos de grandes epidemias de ámbito mundial de arbovirus (virus trasmitidos por artrópodos) como el dengue, el chikunguña, la fiebre amarilla o el virus del Zika. El cambio climático, la urbanización no planeada y el creciente movimiento de personas y mercancías son algunos de los factores que han ocasionado un aumento de la distribución y presencia de los vectores responsables de la trasmisión, incluyendo los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus y, por tanto, de la incidencia de dichos virus.

Las enfermedades transmitidas por mosquitos representan un alto coste directo en salud, bienestar y vidas humanas, pero también tienen un alto impacto socioeconómico indirecto

Las enfermedades transmitidas por mosquitos representan un alto coste directo en salud, bienestar y vidas humanas, pero también tienen un alto impacto socioeconómico indirecto por la pérdida de productividad o la disminución en el turismo.

Aunque las grandes epidemias de arbovirus de los últimos años hayan tenido su epicentro en otros continentes, Europa —y la región del Mediterráneo en particular— no se encuentra libre de riesgo. Una buena prueba de ello es la evidencia histórica de brotes de fiebre amarilla y dengue en la costa mediterránea incluyendo el levante peninsular. Por ejemplo, el cronista Francisco Miquel Rosell documentó la epidemia de fiebre amarilla que asoló y dejó incomunicada Barcelona del resto de la provincia en 1821. Esta epidemia también se desarrolló paralelamente en Tortosa y Palma de Mallorca.

Aunque las grandes epidemias de arbovirus de los últimos años hayan tenido su epicentro en otros continentes, Europa —y la región del Mediterráneo en particular— no se encuentra libre de riesgo

Pese a que estas enfermedades desaparecieron de la región gracias a importantes avances científicos y en salud durante el siglo xx, en las últimas décadas hemos sido testigos de la reemergencia de los arbovirus en países como Portugal (Madeira, 2012-2013, con más de 2.000 casos de dengue), Francia o Italia (Emilia-Romaña, 2007, con 217 casos de chikunguña). Estos brotes nos alertan del riesgo real de introducción en regiones donde los mosquitos responsables de la transmisión están presentes y con alto movimiento de personas provenientes de regiones donde existen estas enfermedades. Además, el Mediterráneo es una región endémica para numerosos virus transmitidos por mosquitos y flebótomos y de los cuales conocemos poco su historia natural: el virus del Nilo occidental, el virus del valle del Rift, el virus Toscana, el virus siciliano de la fiebre por flebótomos, el virus Usutu o el virus Tahyna.

En las últimas décadas hemos sido testigos de la reemergencia de los arbovirus en países como Portugal (Madeira, 2012-2013, con más de 2.000 casos de dengue)

Una de las lecciones más importantes que hemos aprendido combatiendo las enfermedades transmitidas por vectores es que la estrategia debe ser integral. Esto quiere decir, por un lado, que los distintos responsables técnicos de la prevención y el control deben tener una comunicación fluida para poder dar una respuesta eficaz: veterinarios, entomólogos, virólogos, clínicos, epidemiólogos, científicos ambientales, científicos sociales y responsables de salud pública y comunicación de riesgo. Por otro lado, debe existir una planificación estratégica que garantice la coordinación, la optimización de recursos y la sostenibilidad. Más aún, las actividades de preparación y respuesta frente a las enfermedades emergentes incluyendo los arbovirus, así como la toma de decisiones por parte de las autoridades sanitarias deben estar basadas en la evidencia científica y explicarse con gran claridad a la comunidad.

Por ello, la investigación es uno de los pilares en los que se debe sustentar la toma de decisiones. Necesitamos saber si las herramientas con las que controlamos los vectores actualmente, como por ejemplo los insecticidas, son realmente eficaces. Necesitamos tener sistemas de vigilancia integrales que nos permitan cuantificar el riesgo, detectar de forma precoz la trasmisión autóctona y responder rápidamente. Necesitamos evaluar el impacto de nuevos métodos de control, como los mosquitos transgénicos. Necesitamos tener pruebas diagnósticas accesibles, baratas y sensibles. Necesitamos tener plataformas sostenibles que nos permitan producir nuevos fármacos antivirales o vacunas eficaces con suficiente rapidez para poder responder a virus emergentes. Y, por encima de todo, necesitamos construir todas estas capacidades de forma conjunta a escala regional y global, pues es la única manera de garantizar una respuesta eficaz.

La investigación es uno de los pilares en los que se debe sustentar la toma de decisiones

Esta aproximación integral no es sencilla y requiere tiempo, esfuerzo y compromiso por parte de los responsables de la salud, así como también de los actores políticos, sociales y económicos. Sin embargo, en cierta manera nos encontramos en una posición privilegiada: podemos estar preparados. Esto quiere decir que, aunque desconozcamos cuándo y dónde puede surgir la próxima epidemia, es necesario avanzar en la preparación y en la capacidad de respuesta. Invertir tiempo y recursos en crear evidencia científica de las herramientas con las que contamos actualmente, generar ideas innovadoras que ayuden a enfrentar los retos actuales, y crear redes colaborativas nacionales, regionales y globales es la mejor manera de protegernos: la prevención es siempre la mejor estrategia

Este artículo se a publicado también en el blog CaixaCiencia, en el marco del B-Debate sobre el virus del Zika y de otras enfermedades transmitidas por mosquitos 

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