¿Un contrato social global para una sociedad global sana?

A Global Social Contract for a Healthy Global Society?

25.10.2013

Vivimos en una sociedad cada vez más global. Esta sociedad global, como todas, se caracteriza por tener valores, opiniones e intereses diversos y a menudo opuestos, y acuerdos sociales que pueden ser extremadamente injustos. Pero también se distingue por contar con nuevas posibilidades para la solidaridad. La globalización ha reducido la distancia social entre individuos y comunidades en todo el mundo. Para todos los sucesos citados anteriormente —e infinidad de ellos más— ha habido una respuesta social marcada por la empatía y la acción colectiva, aunque incompleta.

Sin embargo, a diferencia de a nivel nacional, esta sociedad global todavía no está respaldada por un contrato social global. Si consideramos que todos los miembros de la raza humana pertenecen a una sociedad global, ¿qué tipo de contrato social global de derechos y responsabilidades se podría crear para fomentar sus beneficios generales?

Proteger el bienestar de una población ha sido un objetivo fundamental del contrato social nacional, y la responsabilidad primaria de la salud de una población le corresponde al estado nación. No obstante, los factores que afectan a la salud están cada vez más fuera del control de cualquier gobierno individual. Los sistemas nacionales de salud están teniendo dificultades con el dinero, el personal y los medicamentos, y están luchando por regular a los actores poderosos.

No podemos pretender que funcionen cuando, globalmente, no se está formando a suficientes trabajadores sanitarios para cubrir las necesidades sociales y no se consigue detener la fuga de cerebros de personal sanitario con formación superior de los países más pobres a los más ricos. Cuando las leyes de propiedad intelectual permiten que el precio de los fármacos se fije a unos niveles inasequibles, mientras no se consigue impulsar la investigación de enfermedades que afectan principalmente a los más pobres. Cuando la amenaza global de gripe pandémica no se enfrenta con un sistema de producción de vacunas y acceso global adecuados. Cuando el rápido movimiento de capital más allá de las fronteras mina la base imponible nacional necesaria para financiar los sistemas de salud. Cuando los presupuestos sanitarios se ven reducidos por políticas de austeridad y crisis financiera. Cuando los tratados de inversión internacionales atan las manos a los gobiernos para regular la comercialización de tabaco, por ejemplo, o para prohibir sustancias químicas peligrosas. Cuando los medios de comunicación globales facilitan la evasión de leyes nacionales sobre la comercialización de alcohol u otras sustancias prohibidas a menores.

En otras palabras, en un mundo globalizado e interdependiente, los estados nación no pueden cumplir sus contratos sociales nacionales por sí solos. Pero ante la falta de un contrato social global sólido, ¿cómo se puede proteger y promover el bienestar social?

El documento que el Laboratorio de Ideas de ISGlobal presenta esta semana («Un contrato social global para una sociedad global sana: por qué, qué y cómo») sostiene que la salud es un tema urgente sobre el que podría empezar a cobrar forma un contrato social global. Dicho contrato debería abarcar cuatro elementos: compartición de recursos para la protección social, regulación, provisión de bienes públicos y procedimientos legítimos de gobernanza global. Un contrato social global no tiene por qué ser un documento escrito, sino más bien podría ser un conjunto de normas y leyes formales e informales que expongan las expectativas de los derechos y obligaciones de los miembros de una sociedad. Al no haber una serie de instituciones que, de manera razonable, puedan considerarse un contrato social global, tan solo vislumbramos la sombra de unas normas que se desarrollan conforme a unos estándares mínimos de una vida decente, derechos humanos universales y obligaciones más allá de las fronteras, y leyes que aspiran a crear un mundo mejor gobernado. Existen muchas posibilidades de conseguir un contrato social global más operativo y concreto.

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