¡Ojalá tuviera SIDA!

¡Ojalá tuviera SIDA!

11.2.2014
image alt

Nada condiciona la vida de las personas tanto como la salud. O mejor dicho la falta de ella. La capacidad de trabajar, de producir, de generar riqueza o de sacar adelante una familia está directamente relacionada con la salud. Es difícil, muy difícil, desarrollar una comunidad o un país con un gobierno, una educación o unas infraestructuras precarias, pero es imposible sacarlo adelante si la precariedad es la principal condición de la salud de su población. Esta realidad global es todavía mas relevante en los países pobres. A mayor enfermedad, más pobreza; a mayor pobreza, más enfermedad. Romper este círculo es lo que podría desencallar uno de los factores que genera mayor desigualdad. Y sin embargo nos está costando mucho. Sobrellevamos la salud como si fuera una tara congénita: los pobres mueren, los ricos también pero –eso sí– bastante más tarde. 

Tal vez fue esta la premisa por la que de los ocho Objetivos del Milenio,  –los que la comunidad internacional definió justo cuando acababa el siglo XX para intentar paliar la enorme desigualdad global– tres estén directamente relacionados con la salud de las poblaciones más desfavorecidas. ¿Han funcionado? Como objetivos, no. Pero aunque ninguno de ellos –con fecha de caducidad en 2015– se vaya a cumplir, haberlos tenido como horizonte arroja un balance positivo. Han funcionado como el reclamo mundial para aflorar recursos, proponer cambios, generar iniciativas y crear organizaciones más ágiles que las que existían hasta entonces para dar respuesta a epidemias que, como el SIDA, amenazaban hace solo una década con esquilmar a toda una generación en África.

Lo cierto es que no todo va mal. La malaria, que sigue matando a más de medio millón de personas, ha experimentado un descenso en su tasa de incidencia de casi un 30% y millones de pacientes con tuberculosis o SIDA han sobrevivido gracias al acceso a nuevos tratamientos, por poner algunos ejemplos. Pero esta es solo una parte de la historia ¿Qué ocurre con otras muchas enfermedades que quedaron al margen de esos objetivos? En el camino para definir el relevo de los Objetivos del Milenio ya se ha hecho famosa la frase “ojalá tuviera SIDA”. Este grito de unos activistas camboyanos, al tiempo que reconoce el éxito relativo en el tratamiento de esta enfermedad, recuerda que la vida de algunos es mejor pero el mundo sigue mal.

Aunque el avance haya sido notorio, ni es suficiente, ni ha conseguido romper la gran brecha de equidad que aun hoy sigue condenando a buena parte de la humanidad a una muerte prematura y evitable o en el mejor de los casos a una vida mermada por la enfermedad. En el momento en que los Objetivos del Milenio están llegando a su fin, la comunidad internacional habla de un nuevo compromiso para continuar el trabajo pendiente: garantizar la cobertura universal de salud. Puede que acabe siendo solo un eslogan, pero como en el SIDA, definir al detalle el compromiso marcará la distancia entre el fracaso o el camino hacia un mundo más equilibrado. Un dilema para analizar en otro artículo.

[Una versión de este texto ha sido publicada simultáneamente en la revista Planeta Futuro, del diario El País]