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News & Events

“La ciencia y la práctica de los sistemas de salud centrados en las personas”. Ese fue el tema oficial del Third Global Symposium on Health Systems Research (“Tercer Simposio Global sobre Investigación en Sistemas de Salud”) que tuvo lugar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, a finales de 2014; la cuestión encontró resonancia, de varias formas muy interesantes, en los participantes en el simposio. Los “sistemas de salud centrados en las personas” son un concepto relativamente nuevo, y los participantes aportaron muchas reflexiones bien elaboradas sobre la relación entre este ámbito y su trabajo.

Que los sistemas de salud se centren en las personas es una cualidad muy deseable, pero no equivale a la implicación de la comunidadEn este sentido, uno de los aspectos en los que se hizo hincapié a lo largo de varias sesiones del simposio fue la importancia de la implicación de la comunidad. ¿Qué significado tiene en el contexto de los sistemas de salud? ¿Qué características tendría la implicación de la comunidad en un sistema de salud en particular? A continuación presento unas breves observaciones al respecto, no para simplificar en exceso el tema, sino para contribuir a avivar un debate que debe llevarse a cabo si queremos que aparezcan nuevas formas de pensar.

En primer lugar, que los sistemas de salud se centren en las personas es una cualidad muy deseable, pero no equivale a la implicación de la comunidad. Un servicio de salud puede ser planificado y aplicado teniendo siempre en mente como objetivo fundamental las necesidades y prioridades de sus usuarios potenciales, pero eso no siempre significa que dichos usuarios participen como comunidad para contribuir a lograr que el servicio sea lo que efectivamente es.

En segundo lugar, las comunidades pueden implicarse en los sistemas de salud de muchas formas posibles; de tantas, que sería útil disponer de una taxonomía que ayudara a perfilar y monitorizar los diferentes tipos de implicación comunitaria. En el Tercer Simposio Global, destacaron de forma significativa las presentaciones enfocadas al papel desempeñado por los trabajadores de salud de la comunidad y al valor de la investigación participativa basada en la comunidad. Pero otros aspectos fundamentales de la implicación de la comunidad en los sistemas de salud permanecen en gran medida inexplorados. Entre ellos se incluyen el papel de la comunidad para ayudar a maximizar los impactos de la investigación en salud y la representación comunitaria en la gestión de los sistemas de salud. También debe prestarse atención a paradigmas fundamentales de los sistemas de salud, tales como los “componentes esenciales” (“building blocks”) de un sistema de salud según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recientemente fueron el tema principal de un debate en internet acerca de la implicación de los pacientes, y de la participación de la comunidad como concepto relacionado.

Ha llegado el momento de promover que la implicación de la comunidad tenga un papel más destacado en el discurso sobre los sistemas de salud En tercer lugar, mi experiencia como co-autor del primer informe redactado por la Alianza Mundial contra la Hepatitis, el Global Community Hepatitis Policy Report (“Informe sobre Políticas Globales contra la Hepatitis en la Comunidad”) me ha convencido, y también a mis compañeros, de la necesidad de disponer de plataformas innnovadoras para poder convertir el conocimiento comunitario en mejoras reales del sistema de salud. Para la mencionada publicación de 2014, la Alianza Mundial contra la Hepatitis pidió a organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo que aportaran sus comentarios acerca de la información que sus gobiernos nacionales habían entregado a la OMS para el informe de 2013 Global policy report on the prevention and control of viral hepatitis in WHO Member States (“Informe sobre Políticas Globales para la prevención y control de la hepatitis viral en los Estados Miembros de la OMS”). Entre las 95 organizaciones que respondieron a nuestro cuestionario se hallaban gran cantidad de grupos de pacientes afectados por la hepatitis y de organizaciones basadas en la comunidad. Estos agentes demostraron una perspicaz agudeza en señalar a sus gobiernos como responsables de las deficiencias en las respuestas nacionales a la hepatitis viral, así como en expresar las prioridades de sus comunidades.

En definitiva, ha llegado el momento de promover que la implicación de la comunidad tenga un papel más destacado en el discurso sobre los sistemas de salud. Las comunidades son fundamentales para un mejor funcionamiento de los sistemas de salud y para la obtención de mejores resultados en salud. Espero que este principio sea respaldado mediante nuevas iniciativas en el ámbito de los sistemas de salud y nuevas formas de colaboración entre los diferentes agentes implicados.

[Jeffrey Victor Lazarus es Investigador sénior de la Universidad de Copenhagen y Director de la secretaría de Health Systems Global]

Sí. La respuesta es un sí rotundo. La realidad, el cómo y el cuando, es algo más confusa. Las epidemias de enfermedad por virus del Ébola se han controlado con tres medidas básicas:

1) diagnóstico, aislamiento y tratamiento de los pacientes infectados;

2) reducción del riesgo de contagio, mediante los entierros “sanitariamente seguros” de los pacientes fallecidos por ébola;

3) estudio de contactos para identificar lo antes posible casos secundarios a partir de un paciente concreto.

Las tres medidas han funcionado y están funcionando en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia. Las tres medidas han permitido que, tras los casos importados en Senegal, Nigeria y Mali, la enfermedad haya podido controlarse en estos países.

Los organismos sanitarios internacionales tienen una “regla de oro” para controlar la epidemia: 70-70-60Los organismos sanitarios internacionales tienen una “regla de oro” para controlar la epidemia: 70-70-60. Un 70% de los enfermos de ébola ingresados en centros sanitarios o en sus domicilios junto a un 70% de los entierros realizados con medidas que reduzcan el riesgo de contagio y todo ello antes de 60 días (70-70-60), conseguiría invertir la tendencia de la epidemia y facilitaría su control. La realidad es que estas cifras están lejos de alcanzarse y se sitúan alrededor del 40-50% en los tres países afectados, con algunas diferencias. Se han empleado también otras medidas puntuales y temporales de aislamiento o restricción de movilidad de la población, con relativo éxito.

La situación actual es un tanto confusa, por lo menos observada desde la distancia. En algunas zonas de los tres países afectados la epidemia parece haber entrado en fase de control mientras que en otras, no. Hay informaciones que indican que a algunos centros sanitarios, abiertos recientemente, apenas acuden pacientes o acuden menos de los esperados.

Las cifras oficiales han “ralentizado” su aumento, que alcanzó proporciones exponenciales al inicio de la epidemia (número de casos doblado cada mes). Si recordamos las predicciones iniciales, especialmente algunos de los modelos publicados, se estimaba que se alcanzarían, en el caso más favorable, los 20.000 casos a finales del año 2014 y, en el caso más desfavorable, esta cifra se multiplicaría por 50, sobrepasando el millón de casos al inicio del año 2015. La realidad es que, hoy, estamos sobre los 18.000 casos, lo que sugiere que a finales de este año la cifra estará próxima o ligeramente por encima de los mencionados 20.000 casos, lo que supone una situación de control relativo.

Lo que nadie discute es que toda la ayuda y los recursos necesarios para terminar con esta epidemia en África Occidental deben emplearse cuanto antes mejor y que el retraso en la respuesta internacional se ha pagado y se está pagando con miles de vidas humanas. Tampoco se discute que la epidemia no está aún bajo control ni mucho menos se ha acabado. Existen múltiples daños colaterales (colapso de los sistemas sanitarios, problemas de abastecimiento de alimentos, repercusiones económicas) que no se han podido aún cuantificar.

Las tres crisis del ébola

Con el objetivo de ofrecer una fotografía del estado actual de la epidemia y de examinar sus causas y consecuencias, así como el papel desempeñado por España, el área de Análisis de ISGlobal ha presentado esta semana la publicación digital Las tres crisis del ébola, que aporta numerosos datos e información gráfica al respecto. La dirección en la que se puede visitar es ebola.isglobal.org. Queda mucho trabajo por hacer, durante mucho tiempo. Es nuestra obligación hacerlo y hacerlo bien.

A diferencia de la malaria o el dengue, el mal de Chagas es una enfermedad poco conocida. Sin embargo, se trata de una enfermedad mortal y es, además, una de las principales causas que impide el desarrollo rural y económico de amplias zonas rurales en Latinoamérica. El Chagas es una enfermedad lenta y silenciosa. Lenta, porque el parásito puede estar años antes de que la persona infectada note los primeros síntomas. Silenciosa, porque hasta hace muy poco el estigma de quien la padecía era sinónimo de pobreza y la respuesta a su enfermedad era el silencio.

De todos los retos a los que el Chagas hace frente, el olvido –incluso negligencia- ha sido el principal obstáculo con el que se ha encontradoPor diferentes razones, el Trypanosoma cruzi, un parásito descubierto hace más de un siglo por el científico brasileño Carlos Chagas, que dio nombre a la enfermedad, apenas ha llamado la atención mundial. Hasta ahora, la respuesta se ha centrado en el control de la transmisión a partir de fumigaciones para interrumpir la expansión del insecto que trasmite el parásito. Esta es una estrategia necesaria, pero insuficiente. Especialmente si consideramos las cifras que, aunque ni siquiera pueden ser contrastadas, hablan de entre 10 y 20 millones de personas afectadas, principalmente en Latinoamérica, la patria de este insecto.

De todos los retos a los que el Chagas hace frente, el olvido –incluso negligencia- ha sido el principal obstáculo con el que se ha encontrado. Hasta hace poco, se consideraba que era una enfermedad autoinmune cuyo tratamiento, según se creía, era ineficaz. Como consecuencia, millones de personas afectadas por esta enfermedad, con recursos muy escasos, han tenido que asumir como fatalidad natural la ausencia de interés político y económico para poner remedio a su dolencia. ¿Para qué buscar nuevos tratamientos? ¿Para qué incluirla en los planes nacionales de salud? La lucha por sacar a la luz el sufrimiento de millones de personas y conseguir avances sustanciales está siendo titánica, pero tal vez, después de tanto tiempo, empecemos a intuir un punto de inflexión.

Hace solo unos días, una revista satírica americana publicaba que la vacuna contra el ébola está muy próxima y que solo hacen falta 50 infectados blancos más para desarrollarla. Más allá de la exageración, si aceptamos como válida la metáfora, podemos pensar que el Chagas puede estar también cerca de encontrar su camino de salida. Los movimientos de población han traído el parásito a nuestros sistemas de salud y el Chagas ha pasado a formar parte de la agenda cotidiana de salud pública de países como EE.UU., Suiza o España, donde hace solo una década las consecuencias se contemplaban desde la distancia, con la lógica de una preocupación remota. Además, la globalización ha permitido que economías emergentes donde la enfermedad ha estado siempre presente, como Brasil o Argentina, se impliquen con mayor esfuerzo en la búsqueda de nuevas soluciones y en la producción de medicamentos. Apartada hasta ahora de los sistemas de salud, la demanda de la Cobertura Universal debería ser la gran oportunidad para acabar con el silencio sobre las personas afectadas y, de paso, empezar a romper la barrera entre el silencio y el olvido que esconde todavía a la mayoría de sus víctimas.

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